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Sudáfrica: xenofobia – un crimen contra la humanidad
05 junio 2015

La xenofobia asoma, de nuevo, su feo rostro en Sudáfrica. Estos ataques son un asunto que las autoridades civiles, políticas y religiosas deben tomar muy en serio.
Las iglesias tienen un papel crucial que jugar al ver la humanidad como algo que trasciende a lo nacional o étnico. Deben resistir cualquier impulso de definir las comunidades como tales.
Johannesburgo, 5 de junio de 2015 – La xenofobia asoma, de nuevo, su feo rostro en nuestro país. Al menos cinco personas han muerto, tres de ellas sudafricanas, como consecuencia de los saqueos violentos de tiendas de propiedad extranjera en los alrededores de Johannesburgo. Más de 80 han sido destruidas.

Medios sensacionalistas, dirigentes políticos y policía presentan estos ataques como crímenes comunes y no de xenofobia. Algo difícil de sostener cuando solo se saquearon tiendas de extranjeros. Pero la verdad es que un ataque contra extranjeros en Sudáfrica es un ataque a los sudafricanos, y a todo lo que representan, y esto es un crimen. Los ataques son una cuestión de liderazgo civil, político y religioso que debemos tomarnos en serio.

Los recientes acontecimientos recuerdan a los de 2008, cuando más de 100.000 personas fueron desplazadas y 63 murieron en ataques xenófobos. Lo que los medios no dicen es que cada año, desde entonces, a excepción de 2009, muchos más han muerto en ataques xenófobos. Solo en 2013, 240 refugiados fueron asesinados en este país, algunos de forma terrible. Mientras tanto los municipios aprueban leyes locales para excluir a los extranjeros de la economía y aislarlos de la comunidad.

Dado que la xenofobia parece arraigada en el paisaje sudafricano, es importante desmontar sus mitos más comunes:

Mito 1: Sudáfrica está invadida por inmigrantes y refugiados. Sudáfrica alberga una de las poblaciones más altas solicitantes de asilo en el mundo (estimada en 315.000). En general, sin embargo, tiene poca inmigración: apenas el 4% de su población nació en el extranjero, unos dos millones de personas.

Mito 2:
Los inmigrantes y, en especial, los refugiados se quedan con los trabajos locales. Cada vez son más las investigaciones, realizadas en países tan diversos como Uganda, Tanzania, Dinamarca y Australia, y también en Sudáfrica, que muestran que los refugiados y los inmigrantes aportan nuevos y exitosos modelos empresariales de servicios, crean empleos y generan ingresos para los sudafricanos, su presencia beneficia a la economía. Después de los recientes ataques, los sudafricanos pobres lo corroboraron lamentándose por la pérdida de los spaza-shop somalíes, que ofrecen buenos servicios, pequeños créditos para cuando los tiempos son difíciles, y víveres a buen precio.

Mito 3: Al aceptar inmigrantes, Sudáfrica corre el peligro de perder sus culturas. Aquí la experiencia de Australia es ilustrativa. Las sucesivas olas de inmigrantes han cambiado la estructura de la sociedad australiana de una manera que nadie podría haber soñado o prever. Ha habido tensiones, pero este genuino experimento multicultural ha forjado un país receptivo a un mayor comercio con más socios que antes.

Mito 4: La inmigración alienta el terrorismo. Los atacantes de Charlie Hebdo "se sentían franceses, pero fueron considerados (por muchos franceses) como extranjeros". Si no incluimos a los inmigrantes en el desarrollo de nuestra sociedad es probable que aumente la desafección. La inmigración sobre lo que  trabajar constantemente.

Mito 5: los sudafricanos son poco acogedores. En mi experiencia, los sudafricanos son tan hospitalarios como cualquier raza de la tierra: la xenofobia tiene sus raíces en otro lugar.

El camino a seguir

El primer paso es llamar a estos ataques violentos contra extranjeros por su nombre: xenófobos y, por tanto, criminales. Los autores deben ser procesados para que todos aprendan que la violencia no es un lenguaje legítimo para expresar quejas.

En segundo lugar, es vital reunir a la comunidad, políticos y líderes religiosos para hablar de las causas de los ataques. Estos radican en la falta de esperanzas y de futuro de una sociedad en la que muchos jóvenes entran en la edad adulta con una educación deficiente, pocas perspectivas y sin voz política. Tampoco sienten que los dirigentes se preocupen por ellos o les escuchen.

Las raíces de la xenofobia se encuentran en una maraña de razones: la gran disparidad de la riqueza y la exclusión social y económica de muchos sudafricanos. Gran parte de la comunidad no percibe el contrato social que hace que una sociedad sea algo significativo para todos sus componentes. La falta de rendición de cuentas a una circunscripción local es una característica particular de Sudáfrica que debe ser corregida.

Las iglesias tienen un papel crucial que jugar al ver la humanidad como algo que trasciende a lo nacional o étnico. Deben resistir cualquier impulso de definir las comunidades como tales.

Nos consuela que el propio Jesús luchó con las fuerzas de un racismo que buscaba chivos expiatorios, y que fue una extranjera quien le impulsó a repensar por completo su misión. Somos beneficiarios directos de la intercesión de la mujer sirofenicia y debemos ver al extranjero como una oportunidad para reflexionar y reconfigurar nuestros valores y vidas.

Reflections for Prayer



Suggested Reading for Prayer
In one episode in the gospel of Mark (7:24-30), Jesus leaves Jewish land to go to the pagan territory of Tyre. A native of that region, a Syrophoenician (a Greek with a different religion and culture), asks Jesus to heal her daughter who is possessed by an evil spirit. Jesus replies: "Let the children be fed first, for it is not fair to take the children's food and throw it to the dogs." Jesus' words surprise us. It seems he shares the views of his people who look down on non-Jews as dogs because they do not belong to the chosen people. Also, the more developed Syrophoenicia exploits Galilee, Jesus' home region. But she says, "Sir, even the dogs under the table eat the children's crumbs." Then he answers, "For saying that, you may go – the demon has left your daughter". Jesus' reaction can be ours: he is in foreign territory, met by a stranger who wants help. And he answers 'no'. But the woman comes back with humility, intelligence and courage. Perhaps in her words, Jesus hears his father's voice telling him to break down the barrier of his prejudices and to accept the intrusion of the other in need. Gender, origin, culture and religion separated Jesus from the woman. She teaches him to bridge those differences.

Pablo Alonso SJ, taken from 'God in Exile', a book published by JRS in 2005