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Global: Vivir en comunión con los refugiados esta Semana Santa
27 marzo 2018

Acompañar significa ser compañero. Somos compañeros de Jesús, así que también lo queremos ser de aquellos con los que él prefirió que le relacionarán: los pobres y los marginados. (Mauricio Burbano A. SJ/JRS)

Roma, 27 marzo 2018 – La Semana Santa es el tiempo en que las comunidades cristianas conmemoran los Campos de la Muerte dentro y fuera de Jerusalén hace 2000 años, cuando la connivencia entre las autoridades religiosas y el poder militar ocupante condujo a la tortura y asesinato de un hombre inocente. El evangelio de Mateo nos dice que el niño Jesús y sus padres se convirtieron en refugiados en Egipto porque el rey Herodes trató de matarlo. La muerte lo acechó al comienzo de su vida, lo llevó al exilio, y al final, lo persiguió de la manera más terrible.

Los cristianos tratan en la Semana Santa de profundizar su conocimiento de Jesús. A través de la palabra y el ritual, en oración y ayuno, tratamos de conocer a Jesús, así como el significado de su vida y de su muerte, más íntimamente. Hacemos esto para que podamos decir, en palabras del gran himno de Isaac Watts: "Cuando contemplo la Maravillosa Cruz", "el amor tan asombroso, tan divino, pide mi alma, mi vida, mi todo".

Hay hombres, mujeres y niños en el mundo para quienes la experiencia del exilio y de ser perseguidos por la muerte nada tienen que ver con el ritual y el recuerdo, sino con la cruel y sangrienta realidad cotidiana. Cada minuto en algún lugar del mundo 20 personas son expulsadas de sus hogares como resultado de un conflicto o persecución. Desde Siria hasta Sudán del Sur, desde Birmania hasta la isla de Manus en Papúa - Nueva Guinea, las personas son consideradas simplemente como daños colaterales de las guerras, o tratadas como peones en juegos de conveniencia política.

Durante la Semana Santa, tratamos de conocer a Jesús más profundamente, y deseamos responder a su amor y sacrificio dándolo todo de nuestra parte; sin embargo, ¿qué hacemos con aquellos que a menudo no conocemos, los anónimos millones que tienen hambre y sed, que están encarcelados y enfermos, y que buscan la justicia y la paz? Sin duda, tenemos que recordar las palabras de Jesús en el evangelio: "Así como lo hiciste a uno de los más pequeños de estos que son miembros de mi familia, me lo hiciste a mí".

El filósofo Pascal escribió, "Cristo está en agonía hasta el final de los tiempos; y ¿cómo vamos a dormir?". Es una imagen dramática, que nos conmueve al recordar esa noción fundamental de la creencia y práctica cristianas: estamos llamados a vivir en comunión y a actuar por solidaridad. Cada minuto 20 personas son expulsadas de sus hogares; ¿cómo vamos a dormir?

En el corazón de la misión del JRS está ese estilo de trabajar y de ser que llamamos "acompañamiento". Reconocemos que los mecanismos legales y la política internacional nunca darán plena justicia a los refugiados. Solo si amamos a los refugiados como a nuestros hermanos y hermanas lograremos esa comunión perfecta que no rechaza a nadie, que no bloquea a nadie, que no rehúsa la vida de nadie. El sorprendente amor de Jesús debe extraer de nosotros un sorprendente amor por nuestros hermanos y hermanas. Es aquí donde comienza una verdadera justicia para los refugiados; es aquí donde comienzan los susurros de la resurrección.

- P. Aloysious Mowe SJ, director de advocacy y comunicación del JRS Internacional






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Martina Bezzini
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