Camerún: El camino de fe de un novicio jesuita
07 septiembre 2017

El novicio jesuïta Jeevan James visita a una família refugiada en el área de Batouri, cerca de la frontera con la República Centroafricana.
"La presencia humanitaria es un signo de Dios: está presente en aquellas personas que son capaces de servir a otros."

Batouri, 7 de septiembre de 2017 - "He aprendido mucho y profundizado mi fe", dice Jeevan James, novicio jesuita de la provincia de Karnataka, India, sobre su experiencia en Camerún con el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS).

Jeevan pasó un año entre la oficina regional, en Yaoundé, y los proyectos en Batouri ayudando a los refugiados procedentes de la República Centroafricana.
En esta región, la intervención del JRS se centra en la educación mediante el apoyo a cinco escuelas primarias y promoviendo una educación de calidad a través de capacitaciones de maestros.

"Al principio, las instalaciones de las escuelas estaban en muy malas condiciones, y los estudiantes tenían que sentarse en el suelo durante sus clases", dice Jeevan. El año pasado, el JRS apoyó la rehabilitación de las clases y luego proporcionó material escolar a los estudiantes refugiados. "Fue una satisfacción ver el resultado final: puertas, escritorios y bancos nuevos. A los niños les hacía más ilusión ir a la escuela", dice.

Los esfuerzos del JRS también apuntan a reforzar la cohesión social a través del apoyo de asociaciones de padres y maestros e iniciativas comunitarias, así como clases de alfabetización de adultos. "Uno de mis recuerdos favoritos fue cuando construimos la clase para el curso de alfabetización en el asentamiento informal de Bethanie", recuerda.

Esta era la primera vez de Jeevan en este lugar, y su primera experiencia de este tipo. “Era un desafío. Hay muchas dificultades a las que debes enfrentarte en tu vida cotidiana, desde la falta de electricidad al acceso al agua, pero nada de esto importa. Siempre estás centrado en los demás: los refugiados. Sentí que mi misión era acompañarlos", dice.

Como novicio que vivía en una comunidad jesuita, Jeevan nunca se encontraba solo. "Sentí la soledad, pero me di cuenta de que un jesuita tiene que llevar una comunidad con él como un caracol lleva su casa", admite.

Jeevan describe su experiencia en Camerún como un viaje de fe. "Ves tanto sufrimiento y dolor que comienzas a preguntarte si Dios existe. Entonces te das cuenta de que Dios está presente de muchas maneras indirectas, incluso en el trabajo del JRS", dice.

"La presencia humanitaria es un signo de Dios: está presente en aquellas personas que son capaces de servir a otros. Vivir con personas de diferentes culturas y mentalidades también te ayuda a crecer en tu vida personal".

- Martina Bezzini, responsable internacional de comunicaciones del JRS





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