Acoger, proteger, promover, integrar: La Eucaristía y el refugiado
20 junio 2017

El Papa Francisco durante una misa en la isla de Lampedusa, Italia, a la que miles de refugiados han llegado huyendo de la violencia y la inestabilidad en el Norte de África y Oriente Medio. (© ANSA / C. Fusco)
Vaticano, 20 de junio de 2017 - El Papa Francisco eligió la fiesta de Corpus Christi, el domingo pasado, para hablar de nuevo sobre su preocupación por los refugiados, con motivo del 20 de junio, Día Mundial del Refugiado de las Naciones Unidas. Después de rezar el Ángelus, pidió al mundo que escuchara las historias de dolor y esperanza de los refugiados: estos encuentros personales conjuran las ideologías del miedo y la manipulación a la vez que construyen puentes.

El Papa Francisco sugirió a principios de este año que nuestra respuesta a los refugiados debería articularse en cuatro verbos: acoger, proteger, promover, integrar. Mientras escuchaba su sermón del Ángelus, de repente me llamó la atención cómo estos verbos expresan una profunda teología eucarística y cómo tienen sus raíces en ella.

El Papa Francisco inició su catequesis del Ángelus destacando que la Iglesia se reúne alrededor de la Eucaristía, y más tarde nos dice que Jesús viene a nosotros en la Eucaristía de la misma manera en que se acercó a los dos apesadumbrados discípulos de Emaús que acababan de ver todas sus esperanzas y sueños destruidos. A menudo cometemos el error de pensar que somos nosotros los que hacemos algo en la Eucaristía: "asistimos" a la Misa, "preparamos" la liturgia, “hacemos” una buena celebración. De hecho, no es que nos reunamos, o que iniciemos la celebración de la Eucaristía: es el Señor quien toma la iniciativa. Jesús nos reúne y se hace presente en nuestro aislamiento, temor y egocentrismo. Es el Jesús presente y vivo de la Eucaristía, quien nos hace algo. Él nos acoge, y en esa amorosa hospitalidad  nos damos cuenta de que no estamos solos.

El Papa nos recordó entonces que la Eucaristía es un alimento real que "nos sostiene en el camino hacia la Tierra Prometida". Jesús nos da su carne para "hacer vivir al mundo", y el Papa Francisco describe aquí a Jesús como la "presencia que apoya" que nos alimenta y que nos consuela. En un mundo donde la esperanza puede parecer escurridiza, y donde la violencia y el miedo pueden amenazar con abrumar a nuestra humanidad, Jesús nos protege en nuestro camino de peregrinación.

La Eucaristía es y seguirá siendo un evento dinámico de encuentro y envío: la Iglesia es acogida y sostenida para poder ser enviada en misión. Como expresó el Papa Francisco en el Ángelus, "en la Eucaristía, Jesús se ofrece a sí mismo como fuerza espiritual para ayudarnos a poner en práctica su mandamiento". Somos levadura para el mundo, enviados a amarnos unos a otros tal como Jesús nos ha amado. No somos meros receptores de la Eucaristía: al alimentarnos, Jesús nos prepara para convertirnos en actores del gran plan que Dios tiene para su creación. Jesús promueve nuestro crecimiento y nuestra participación en el activo deseo de Dios de un mundo próspero.

Al final de su charla del Ángelus, el Papa Francisco oró para que pudiéramos redescubrir la belleza de la Eucaristía, que nos nutre para vivir en comunión con Dios y con nuestros hermanos. Puede ser tentador para los cristianos considerar sencillamente la Eucaristía como algo que nos imprime una identidad, o una recompensa para los virtuosos. Olvidamos que cuando Jesús miró a los hombres reunidos a su alrededor la noche antes de morir, sabía que eran débiles y temerosos, y que todos lo abandonarían. Su respuesta a la traición de estos fue ofrecerles la comunión y el perdón: tomar, comer, recordar, actuar. Les comparte el pan, les escancia el vino; el Papa Francisco sugiere que de lo que se trata es de construir "comunidades hospitalarias abiertas a las necesidades de todos, especialmente a las de las personas más frágiles, pobres y necesitadas". En la Eucaristía, Jesús nos integra en comunidad y en comunión: nadie queda excluido del amor de Dios.

En la celebración de la Eucaristía, Jesús nos acoge, nos protege, nos promueve y nos integra en su cuerpo: alimentados por el cuerpo de Cristo, nos convertimos en el cuerpo de Cristo. Por nuestra parte, nos convertimos en pan partido para el mundo: somos enviados a acoger, proteger, promover e integrar a todos los hijos de Dios a los que nos encontramos, particularmente a aquellos que el Papa Francisco describe como "los más frágiles, pobres y necesitados". Responder a las necesidades y al clamor del refugiado es vivir la Eucaristía.

- P. Aloysious Mowe SJ, director internacional de incidencia pública y comunicación del JRS






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