Sudáfrica: Trabajadores sociales acompañan a los refugiados de principio a fin
05 junio 2017

Annette frente a su tienda en el barrio Yeoville de Johannesburgo. (Sarah Morsheimer / Servicio Jesuita a Refugiados).

Johannesburgo, 5 de junio de 2017 - Marcelline, trabajadora de salud del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) en Johannesburgo, me regaló una cálida y reconfortante sonrisa antes de salir a visitar a algunos de sus pacientes.

"Acompañamos a aquellos que no tienen a nadie más y les ayudamos en todo lo que podemos: la pobreza, la enfermedad terminal, e incluso la muerte", explicó.

En Johannesburgo y Pretoria, el JRS visita a los refugiados más vulnerables en sus hogares dos o tres veces por semana. Ella visita un promedio de diez usuarios semanalmente para controlar su salud, ofrecerles provisiones, y brindarles apoyo psicosocial y esperanza.

Mientras recorríamos la avenida principal de Yeoville, un suburbio de Johannesburgo donde viven muchos refugiados, se podía ver y escuchar la diversidad de cocinas e idiomas en las tiendas y en la gente a lo largo de la carretera. Nos detuvimos frente a una pequeña tienda de abastos para visitar a Annette, una de las más antiguas pacientes de Marcelline.

Annette se puso de pie lentamente, con los pies gravemente hinchados por una diabetes no tratada. En sus ojos se reflejaba una profunda tristeza que se disipó cuando nos vio llegar a Marcelline y a mí. Una suave sonrisa se dibujó en su cara mientras nos abrazábamos y sentábamos para hablar.

Annette huyó de la República Democrática del Congo en 2007 después de que ella y su familia fueran amenazadas, golpeadas y violadas.

Perdió a su marido y a su bebé y no ha visto a dos de sus hijos desde esa noche. Con múltiples heridas y desangrada, llevaron a Annette al hospital de MSF en un campamento de refugiados donde la operaron y le salvaron la vida.

"Después de mi operación intentamos regresar a casa, pero las cosas empeoraron. Ni siquiera puedo empezar a explicar las cosas que vi".

Annette decidió huir del país con sus dos hijas. Ellas tuvieron que luchar cada día por su supervivencia en su viaje a través de Tanzania, Zambia, y, finalmente, Sudáfrica.

Marcelline estaba paseando por Yoeville cuando escuchó a una mujer que hablaba swahili durmiendo en la calle con sus hijas. Era Annette.

"Bendito sea el día que conocí a esta mujer. Ella es mi ángel", dice Annette con lágrimas en sus ojos. "Ella inmediatamente nos trajo comida y nos dijo que viniéramos al JRS. Nos ayudaron a pagar los gastos del hospital, la comida y la vivienda".

Marcelline, también refugiada de la República Democrática del Congo, y Annette han creado un vínculo especial a través de años de visitas domiciliarias y compartiendo sus traumas para ayudarse mutuamente.

Annette padece múltiples complicaciones de salud: problemas de tiroides, hipertensión e insuficiencia orgánica general. El año pasado, los médicos le dijeron que estaba enferma terminal. Ella todavía sufre y experimenta el dolor de sus enfermedades pero no está terminal.

En sus visitas, Marcelline le lleva comida, vigila su salud, la ayuda con dinero para los uniformes escolares de sus nietos y le transmite una conexión humana.

"No tienes idea de cuántos traumas ha vivido. Por eso sufre de Trastorno de Estrés Post Traumático y depresión. Para mí es importante estar aquí con ella siempre que puedo", explica Marcelline.

Marcelline suele ir de aquí para allá a atender a sus pacientes. En diciembre pasado, pidió a su iglesia ayuda para facilitar comida a Annette y a su familia durante el mes.

"Fue una fiesta que no te puedes ni imaginar", dijo Annette, "nunca olvidaré el amor que ella nos ha mostrado a mí y a mi familia".

Marcelline está plenamente dedicada a atender a todos sus pacientes. Mostrándoles la dignidad y ofreciéndoles apoyo y compañerismo, ella está marcando una diferencia en sus vidas al brindarles esperanza y oportunidades.







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