Irak: Acompañando a los yazidíes
11 mayo 2017

Los yazidíes, unos 700.000 en todo el mundo, son un minoritario grupo étnico y religioso concentrado principalmente en el norte de Mesopotamia. (Kristof Hölvényi / JRS Oriente Medio y Norte de África)
"Quiero que esta persecución se detenga inmediatamente. Necesitamos ser tratados como seres humanos. Tenemos derecho a vivir nuestras vidas".

Erbil, 11 de mayo de 2017 – El 19 de abril fue el Día de Año Nuevo para los yazidíes. Fue una alegría reunirse con algunos de ellos en Sarsink, distrito de Dohuk, Irak, ese día, para saludarlos con un "Jajna ta Piroz". Cada familia carga una bandeja con ensaladeras llenas de galletas, huevos duros con su cáscara pintada de colores, caramelos, frutas, y por si acaso, ¡también un paquete de cigarrillos! Lo comparten con mucha alegría, a la vez que ofrecen un refresco a las visitas. Las celebraciones continuaron al día siguiente en Sharya-Khadima.

El Día de Año Nuevo es para la mayoría de la gente una jornada de celebración. Por desgracia, ya no es así para los yazidíes, que han sido desplazados de una tierra que antaño consideraron su hogar. Muchos de ellos tuvieron que huir en agosto de 2014 de aldeas como Sinjar (también conocida como Shingal) en la provincia de Nínive, Irak, escapando de la violencia y la persecución perpetradas por el Estado Islámico (EI).

Se calcula que más de 5.000 hombres yazidíes fueron masacrados en esa persecución. Y muchos más fueron asesinados en los meses siguientes y más de 500.000 tuvieron que buscar refugio en otros lugares. Hoy, se calcula que al menos 3.000 mujeres y niñas yazidíes permanecen en cautiverio en manos del EI, siendo utilizadas como esclavas sexuales. Lo que está sucediendo hoy con los yazidíes es lo que universalmente se considera un genocidio.

Incluso cuando uno comparte las golosinas que nos están ofreciendo, escucha el dolor y el sufrimiento por el que han pasado. Un anciano yazidí nos cuenta cómo él y varios miembros de su familia tuvieron que esconderse en las montañas durante  días, sin comer, teniendo que enfrentarse tanto al hambre como a la deshidratación. Su viaje a zonas más seguras fue un cúmulo de dificultades. Desde hace más de dos años, han tenido que vivir en tiendas provisionales o en apartamentos a medio construir sin apenas servicios.

El Día de Año Nuevo para los yazidíes es conocido como 'Chwarshama Soori', (que literalmente significa 'Miércoles Rojo' en kurdo). Marca el día que 'Tawuse Melek', el Ángel Pavo Real, que es el representante de Dios en la tierra, se posó en el sitio sagrado de Lalish para bendecir la tierra con la fertilidad y la renovación.

En este día de este año, miles de yazidíes se reunieron en el Templo de Lalish, de más de 4.000 años de antigüedad, cerca de Mosul, en el norte de Irak, para celebrar su Año Nuevo y conmemorar la llegada de la luz al mundo. Desde que el EI fuera expulsado recientemente de algunas partes de sus tierras tradicionales, en este Año Nuevo tuvieron el primer encuentro importante en Lalish desde 2014.

Los yazidíes, unos 700.000 en todo el mundo, son un minoritario grupo étnico y religioso concentrado principalmente en el norte de Mesopotamia. Practican una antigua religión llamada 'Yazidismo' que, según ellos, es la más antigua del mundo. Su fe está ligada a las religiones mesopotámicas de antaño y combina aspectos del judaísmo, el zoroastrismo, el cristianismo y el islam; también hay algunas similitudes entre los símbolos yazidíes y los hindúes. Los yazidíes han sido perseguidos durante siglos por su fe.

Una comisión de investigación de la ONU, en junio de 2016, declaró que "el EI está cometiendo un acto de genocidio contra los yazidíes", denunciando que "el EI trató - y sigue tratando – de destruir a los yazidíes de múltiples maneras, como lo recoge la Convención sobre el Genocidio de 1948. El EI ha tratado de eliminar a los yazidíes mediante asesinatos, esclavitud sexual, esclavitud laboral, tortura, tratos inhumanos y degradantes, deportaciones forzosas causantes de graves daños corporales y mentales, imposición de condiciones de vida que provocan una muerte lenta, imposición de medidas para impedir que nazcan niños yazidíes, conversión forzosa de adultos, separación de hombres y mujeres yazidíes y traumas psicológicos, separación de los niños yazidíes de sus propias familias y puestos bajo la tutela de combatientes del EI, alejándolos así de las creencias y prácticas de su propia comunidad religiosa".

En un mensaje de Año Nuevo a la comunidad yazidí, Masoud Barzani, presidente del Gobierno Regional del Kurdistán, dijo que ello son una parte "inseparable" de la nación kurda y que debe cesar la persecución.

"Los kurdos yazidíes son una parte querida e inseparable de la nación del Kurdistán. Sus alegrías y sus tristezas son las de la nación kurda. A lo largo de la historia, nuestros hermanos y hermanas yazidíes se han enfrentado a tragedias por su identidad”. Esto es un consuelo para ellos; sin embargo, algunos todavía recuerdan que las fuerzas militares Peshmerga kurdas les abandonaron ante el avance del EI en 2014.

Nadia Murad, una joven yazidí, es hoy la visible portavoz de la lucha contra el EI y habla en nombre de su pueblo. Cuando tenía unos veinte años, el EI la secuestró junto a su madre y sus hermanos. Nadia fue separada de su familia, golpeada y abusada sexualmente.

Ella logró escapar de las garras del EI y finalmente consiguió llegar a Alemania. Durante los últimos años, a pesar de su propio trauma, emprendió una campaña mundial para llamar la atención sobre la difícil situación de las yazidíes víctimas de la esclavitud sexual a manos del Estado Islámico o que siguen desplazadas en Irak.

El pasado mes de octubre, el Consejo de Europa concedió el Premio Vaclav Havel a Nadia. Al aceptar el premio, Nadia dijo que estaba agotada de tener que hablar repetidamente sobre todo aquello a lo que ha sobrevivido. Sin embargo, también dijo que sabía que otras mujeres yazidíes estaban siendo violadas en su país, incluso en esos mismos instantes en que estaba hablando: "Volveré a mi vida cuando las mujeres en cautiverio recuperen sus vidas, cuando mi comunidad tenga un lugar donde vivir, cuando vea a esa gente respondiendo por sus crímenes".

La dolorosa historia de Nadia ha capturado una atención generalizada. Entre las personas que se han presentado para defender su causa están el ex Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, y Amal Clooney, la célebre abogada y activista de derechos humanos, que ahora la representa, desinteresadamente.

El Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) en Irak acompaña a miles de yazidíes desplazados en el norte del país. Entre los servicios que les ofrecen están las clases inglés, educación informática y costura. Los equipos del JRS visitan a los yazidíes desplazados en varias áreas y les escuchan pacientemente para ver cómo pueden responder mejor a sus necesidades y ayudarles a mejorar su situación. Estas visitas familiares ayudan a crear un vínculo acorde con el valor del acompañamiento del JRS. El apoyo psicosocial también juega un papel importante para ayudar a las personas a curar sus heridas psicológicas, que, al fin y al cabo, pueden ayudar a reconstruir las estructuras sociales. Por otro lado, se proporcionan alimentos y otros insumos básicos a los necesitados.

Algunos miembros del personal del JRS como Salwa son yazidíes. Salwa pertenece al equipo de visitas domiciliarias del JRS en Sharya. Se educó en Sharya (una pequeña ciudad con un alto porcentaje de yazidíes) y terminó sus estudios de educación básica. Salwa visita a familias yazidíes desplazadas, de una manera muy particular. La conexión es rápida. El lenguaje es el del corazón.

Salwa dice: "El JRS ha marcado una gran diferencia en las vidas de los desplazados yazidíes. Ha ayudado a las comunidades de acogida a acercarse a ellas".

Hablando de la tragedia por la que ha pasado su gente, Salwa lo deja claro: "Quiero que esta persecución se detenga inmediatamente. Necesitamos ser tratados como seres humanos. Tenemos derecho a vivir nuestras vidas".

En el próximo año, el JRS seguirá caminando junto a la comunidad yazidí mientras esperamos el fin de la persecución.

- P. Cedric Prakash SJ, responsable de incidencia pública y comunicación del JRS en Oriente Medio y Norte de África.






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