Entrevista al P. Mark Raper, SJ: Lecciones del acompañamiento a los refugiados
01 febrero 2017

P. Mark Raper, SJ (El Servicio Jesuita a Refugiados)
"Comenzamos con algo que parecía imposible, aprendimos de ello y trabajamos a partir de allí."

Durante la XXXVI Congregación General de la Compañía de Jesús, el JRS tuvo la oportunidad de encontrarse con jesuitas que, previamente, habían trabajado con nosotros. Este es el segundo de una serie de artículos en los que se recogen sus experiencias sobre el terreno.

1 de febrero de 2017 - El P. Mark Raper SJ trabajó para el JRS durante casi dos décadas: fue el primer Director Regional para Asia Pacífico, de 1982 a 1989, y luego Director Internacional del JRS entre 1990 y 2000. El P. Mark tuvo la oportunidad de viajar y visitar muchos de los proyectos del JRS por todo el mundo en múltiples ocasiones. Sus viajes le permitieron comprender la naturaleza de los conflictos de aquel tiempo y forjar relaciones con aquellas personas a las que el JRS sirve. Aquí presentamos tres lecciones de las experiencias del P. Mark en su acompañamiento a los desplazados forzosos.

Indonesia: Perdón en tiempos de conflicto / para lo imperdonable 

En un campamento de refugiados de una de las islas de Indonesia, el P. Mark se encontró con una mujer vietnamita y sus dos hijos. Cuando la familia se sintió amenazada por la violencia, esta decidió emprender el peligroso viaje en barco a Malasia. Al estar encinta, ella decidió quedarse hasta dar a luz, mientras que su esposo y su hijo mayor huyeron a Malasia.

Poco después de haber tenido a su bebé, pagó a unos contrabandistas para que las llevaran a ella, a su hermana y a dos niños hasta donde estaba su esposo y su otro hijo. Por desgracia, apenas unas horas después de zarpar, el motor del barco murió. Quedaron a la deriva sin tierra a la vista. Solo el capitán del barco tenía algo de comida y agua, que se negó a compartir con los otros pasajeros. Las horas se convirtieron en días y con apenas comida y agua, la gente empezó a morir.

Los supervivientes fueron trasladados a un campamento de refugiados donde les facilitaron algunas provisiones. Al vivir en el mismo campamento en el que se encontraba el capitán responsable de la muerte de su hermana e hijas, la mujer solo pensaba en la venganza. Ella busco el consejo de un jesuita italiano para que la ayudase a superar el trauma y su rabia. Cada día, le contaba cómo pensaba matar al capitán.

Le llevó meses estar en paz. A solicitud de ella misma, durante una misa vino el capitán y ella le perdonó frente a toda la multitud.

Ella misma le contó al P. Mark cómo este único acto cambió su vida. El peso de su rabia y su culpa despareció. En vez de pasar el tiempo pensando en el dolor y la venganza, lo pasó viviendo.

"Cada refugiado se siente culpable por lo que o por a quién ha dejado atrás, culpable por aquello a lo que han sobrevivido", dijo.

Este acto de perdón transmitió a toda la comunidad una sensación de consuelo, alivio y reconciliación.

"El suyo fue un acto de valentía increíble. Supuso mucha fortaleza, y al final ayudó a sanar a su comunidad. Nunca olvidaré esta fortaleza".

Sudán: una vida en busca de seguridad

El P. Mark conoció a Gabriel, un refugiado de Sudán que vivía en Bangkok. Gabriel era un hombre dinka muy alto y delgado que siempre hablaba con entusiasmo. Tenía la costumbre de andar y gesticular con las manos mientras paseaba entre las bulliciosas callejuelas, aterrorizando a los vendedores ambulantes. 

Pasó por increíbles dificultades en su viaje a Tailandia desde que huyó del conflicto en Sudán, pasando a través de Egipto, quedando atrapado en la guerra Irán-Irak, y siendo deportado desde Singapur.

Ya en Tailandia, Gabriel se encontró con que no podía optar al reasentamiento. El ACNUR le dio tres opciones: volver a Sudán, regresar a Kenia o ir a Liberia. Volver a Sudán o Kenia habría supuesto su sentencia de muerte, así que Gabriel optó por viajar a Liberia. Antes de abandonar Tailandia, el JRS le envió a clases de inglés y le preparó para que pudiera trabajar como mecánico en Liberia.

Con el levantamiento de Charles Taylor a finales de 1989, estalló la violencia y la guerra civil en Liberia.

Poco después de que el conflicto quedase bajo control, el P. Mark, como director internacional, viajó allí para supervisar el inicio de un proyecto del JRS en Gbargna. Lo primero que hizo a su llegada fue ir a la recién reestablecida oficina del ACNUR para saber cómo estaba Gabriel, pero no había ninguna información de él. Entonces, el P. Mark se encontró con un padre salesiano escocés que era quien le enviaba las cartas en las que le ponía al día de Gabriel. Allí se enteró de la muerte de Gabriel.

El hombre le contó que, a causa de su alta estatura, confundieron a Gabriel con un miembro de un determinado grupo étnico durante el conflicto, y que, cuando trataba de mostrar su tarjeta de refugiado del ACNUR, le dispararon y lo mataron. 

El P. Mark expresó su profundo pesar.

"Si bien la historia de Gabriel es muy trágica, no es única. Muchos refugiados pasan años en busca de un lugar seguro, y algunos no lo llegan a encontrar. Pero, nunca olvidaré a Gabriel y la manera en que se aferraba a la vida con entusiasmo y calidez a pesar de todo".

Tailandia: comenzar con lo que parece imposible  

Al haber servido como director regional de Asia Pacífico, el P. Mark conocía particularmente bien la región, su personal y sus beneficiarios. Reflexionó sobre el apego a la vida y el trabajo del P. Pierre Ceyrac SJ, uno de los primeros jesuitas en responder al llamamiento del P. Pedro Arrupe, que llegó a Tailandia en 1981 para servir a los refugiados camboyanos y vietnamitas. Describió al P. Pierre como "todo corazón".

Siguiendo el ejemplo del P. Pierre, el P. Mark forjó una estrecha relación con los refugiados entendiendo tanto los retos que enfrentaban los refugiados como los desafíos que suponía servirlos.

"Mirando el detalle de la fotografía ves al individuo y no te desanimas al ver la fotografía en general", dijo.

Cuando el P. Mark vivió en Tailandia, recibió el informe sobre una joven vietnamita que había abandonado su país en barco como tantos otros millones de "boat people" en aquel tiempo; sin embargo, fue capturada por piratas tailandeses, llevada a tierra y vendida para la esclavitud sexual. La tuvieron encerrada en un burdel de una ciudad en el interior de Tailandia. El equipo del JRS no sabía cómo actuar.

A pesar de una inicial sensación de impotencia, una de las trabajadoras del JRS tailandés acordó ir a aquella ciudad para, discretamente, recabar información. Ella confirmó la veracidad del informe. El equipo del P. Mark se puso a trabajar con la policía tailandesa, el ACNUR y un funcionario del departamento de inmigración australiano. Juntos pudieron liberarla y llevarla sana y salva a Australia. Tras esta exitosa intervención, el equipo del JRS tuvo los contactos y la valentía de intervenir en otros muchos casos complejos.

"Empezando con un caso, pudimos seguir ayudando a muchas otras personas. Comenzamos con algo que parecía imposible, aprendimos de ello y trabajamos a partir de allí".

Pocos años después, en un viaje de regreso a Australia después de abandonar Tailandia y mientras se preparaba para su nuevo destino en Roma, aquella mujer vietnamita que había sido rescatada fue, junto con su esposo y su hijo, a visitar al P. Mark.

"Verla feliz, con salud y con su familia hizo que todo valiera la pena", dijo.

Hoy, el P. Mark sirve como Presidente de la Conferencia Jesuita de Asia Pacífico promoviendo la misión de la Compañía de Jesús en Australia, Camboya, China, Corea, Filipinas, Hong Kong, Indonesia, Japón, Laos, Macao, Malasia, Myanmar, Nueva Zelanda, Singapur, Tailandia, Taiwán, Timor Oriental y Vietnam.

- Sarah Morsheimer, asistente de comunicaciones internacionales del JRS   







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