Angola: las víctimas de la violencia sexual recuperan sus derechos
28 octubre 2015

La líder del grupo de refugiadas activistas, María José Mamble, sostiene un documento que describe las diferentes formas de violencia sexual y de género que sufren las mujeres, frente al resto del grupo en una reunión. (Gushwell Brooks / Servicio Jesuita a Refugiados)
Lamentablemente, esta es una difícil batalla para estas mujeres ya que la aplicación de la ley y la xenofobia institucionalizada las hace víctimas de la policía y otras autoridades del Estado.
Lunda Norte, Angola, 28 de octubre de 2015 - María José Mambole, refugiado de la República Democrática del Congo (RDC), está frente a un grupo de 30 mujeres sentadas a la sombra de un árbol en la Angola rural. Muestra un documento con una lista de las diferentes formas de abuso que sufren las mujeres: físico, psicológico, económico, verbal, abandono y sexual. "Pero el mayor problema es el sexual", explica. A la pobreza y la xenofobia a la que estas mujeres se enfrentan como refugiadas, se le suma su falta de poder por razones de género. Sin embargo, juntas, ellas mismas se han comprometido a ser activistas del cambio.

"El Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) impulsó un programa para las mujeres de la comunidad que consiste en seminarios, sesiones informativas y puestas en común. El programa quiere detener la violencia, facilitar el diálogo con los hombres e intervenir legalmente, cuando sea necesario", explica María. El programa no se limita a las mujeres refugiadas, sino que también se dirige a las mujeres angoleñas locales.

Una historia única. Mónica Muzinga, refugiada de la RDC desde 1997, cuenta que ella, su marido y su hija vivían una vida semipastoral lejos de su tierra como refugiados en Angola. Una noche lluviosa, su sencilla aunque difícil vida cambió por completo. Cuatro hombres, que Mónica describe como miembros de las fuerzas de seguridad, irrumpieron en su humilde casa, ataron a su marido y a su hija y les exigieron dinero. Les suplicaron a estos hombres diciéndoles que no tenían dinero, y, en respuesta, apuntaron con un rifle a su esposo, amenazándole con dispararle.

Al no tener dinero, estos hombres violaron a Mónica varias veces. Ella les imploró que dejaran ir a su hija de siete años, que pudo salvarse de ese terrible trance. A la mañana siguiente, con el dolor de sus heridas físicas y de la tortura emocional que tuvo que soportar, denunció el asalto al jefe local - también conocido como "soba" - que fríamente le respondió que no era un asunto que le incumbiera a él.

El marido de Mónica se divorció poco después de eso, alegando que no podía ya estar con ella después de verse obligado a ver el incidente. Ahora ella es una madre sola con una hija, que no puede trabajar debido a las lesiones a largo plazo y a los problemas de salud crónicos que le provocó el asalto. Hoy, un año después de la terrible violación que sufrió Mónica, esta mujer lucha para sostener a su hija y a sí misma, sin otro apoyo emocional que el del grupo de refugiadas activistas que lidera María.

Una ardua batalla. Lamentablemente, esta es una difícil batalla para estas mujeres ya que la aplicación de la ley y la xenofobia institucionalizada las hace víctimas de la policía y otras autoridades del Estado.

En 2009, se llevó a cabo una operación conjunta de policía y ejército para detener a inmigrantes indocumentados. Todas las mujeres hablan de las violaciones horribles y abusos que tuvieron que soportar, como en el caso de Anni Mwamba, violada por seis policías. Hoy, tiene dificultades para caminar y desde hace seis años padece dolores continuos. Al hablar de aquellos tiempos todas coinciden en una cosa: "2009 fue un mal año"

Recientemente, Anni quiso abrir un pequeño restaurante, pero, sin el respaldo del "soba", varios vecinos a los que no les gustaba la idea le impidieron abrirlo. Después de recibir varias amenazas de muerte y denuncias, Anni fue expulsada de la casa que con mucho esfuerzo había construido y lo perdió todo.

El JRS ha asumido legalmente el caso de Anni, para defender y proteger sus derechos. Con la ayuda del JRS, María trabaja incansablemente con estas mujeres, siempre dispuestas a escuchar, en sus campañas de sensibilización.

El camino por delante. A María también la ayuda la secretaria del grupo de mujeres, Joyce Ntumba Anitho. Refugiada de la RDC, la de Joyce es realmente la historia de un éxito que repercute en su comunidad. Tiene una farmacia y es distribuidora de todo tipo de productos, y eso le permite ayudar a algunas mujeres con medicamentos para el dolor y ofrecerles otros servicios médicos y sanitarios. María y Joyce no solo proporcionan asesoramiento emocional a las mujeres, son un ejemplo de que también para las mujeres el éxito es posible.

Sus trágicas historias dejan de manifiesto la brutalidad que enfrentan y por qué sus derechos y su dignidad necesitan un enfoque concertado y protección. El JRS Angola trabaja para proteger a las mujeres, pero lo más importante, el JRS, a través de estos programas, les da las herramientas para hacer valer sus propios derechos.

--Gushwell Brooks,responsable de comunicación del JRS África Austral





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