Kenia: es necesario aumentar la protección ante la afluencia de refugiados
14 enero 2015

Un niño estudia en el Espacio Seguro de Kakuma, donde un grupo de 50 niñas y niños fueron rescatados en agosto antes de caer en manos de los traficantes. (Christian Fuchs / Servicio Jesuita a Refugiados)
La trata de niños de Sudán del Sur, algunos apenas con diez años, es un fenómeno creciente. Los traficantes los encuentran separados de sus familias cuando van hacia un campamento, o dentro del mismo, y los llevan al sur de África, a menudo a Malawi, donde los usan o venden como esclavos (tanto para el trabajo forzoso como para la explotación sexual).
Kakuma, 14 de enero de 2015 -Sin la oportunidad de integrarse en la sociedad keniana debido a una estricta política de campamentos y sin apenas posibilidades de reasentamiento, la mayoría de los refugiados en Kenia pasan años viviendo en campos de refugiados. Si bien se les proporciona un espacio físico sin guerra, los campamentos no están necesariamente exentos de abusos contra los derechos humanos ni de la violencia sexual y de género (VSG).

El campamento de refugiados de Kakuma tiene una gran diversidad cultural que enriquece la vida del campo, pero por desgracia "algunas de las prácticas y creencias culturales degradan a las mujeres. Entre los sursudaneses, especialmente los dinka y los nuer, las mujeres son vistas como valiosos objetos de comercio por las que pueden sacar elevadas dotes en ganado. Muchas familias dependen de esto para su supervivencia", dice Jeremías Orongo Otieno, asistente del coordinador del Espacio Seguro del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) en Kakuma.

Esto crea situaciones en las que las mujeres y los niños no cuentan con el tipo de agencia que necesitarían.

Dos Espacios Seguros del JRS - uno para adolescentes varones y otro para niñas, mujeres solas y madres con hijos – proporcionan protección física y emocional y áreas donde estar a salvo dentro del campo a aquellas personas atrapadas en un ciclo de violencia.

Los adolescentes que residen en esta zona segura asisten a una escuela cercana al campamento, reciben alimentos, tienen cubiertas sus necesidades básicas, y se les ofrece acceso a los programas de terapia infantil y tutorías.

Las niñas, las mujeres y sus hijos participan en cursos de alfabetización y clases de costura a la vez que reciben asesoramiento, alimentos y tienen cubiertas otras necesidades básicas. Los niños menores de diez años asisten a un centro especial dentro del refugio. Las instalaciones también ofrecen diversos talleres a mujeres y niñas sobre salud reproductiva, salud maternal e infantil, incluyendo campañas de sensibilización sobre el VIH / SIDA.

"Dotar de estas habilidades a los que viven en el espacio seguro mejora su proceso de curación, y permite que se sientan seguros, a salvo y tranquilos con ellos mismos".

El nuevo fenómeno de la trata. Según el Fondo de la ONU para la Población (UNFPA), solo en 2014, más de 43.000 refugiados sursudaneses han llegado al ya sobresaturado campamento de Kakuma. El setenta por ciento de los recién llegados son mujeres y niños.

Dada la gravedad del conflicto en Sudán del Sur, es inevitable que muchos de los niños que huyen se pierdan de sus padres o tutores en el camino, quedando a merced de la trata, los secuestros y la violencia sexual y de género.

"La trata de niños de Sudán del Sur, algunos apenas con diez años, es un fenómeno creciente. Los traficantes los encuentran separados de sus familias cuando van hacia un campamento, o dentro del mismo, y los llevan al sur de África, a menudo a Malawi, donde los usan o venden como esclavos (tanto para el trabajo forzoso como para la explotación sexual)".

Los funcionarios del campamento se preocupan de identificar a las víctimas de la trata y las derivan al refugio del JRS.

"Un grupo de unos 50 niños fue rescatados en agosto en Kakuma antes de que caer en manos de los traficantes".

Respuesta coordinada. Además de los funcionarios del campamento, organizaciones como la Federación Luterana Mundial, responsable de la gestión de la escuela, así como el Consorcio para los Refugiados de Kenia y el International Rescue Committee, responsable de la asistencia sanitaria, identifican a las mujeres y a los niños que necesitan protección y los remiten al Espacio Seguro del JRS.

Estas organizaciones, luego, tratan de encontrar una solución duradera para su protección. Lo ideal es que sea en un máximo de seis meses, con propuestas de reintegración en la comunidad, reubicación en el campamento de refugiados de Dadaab o en otra comunidad en Kakuma, o, en casos excepcionales, el reasentamiento en el extranjero.

Sin embargo, cumplir con el plazo de seis meses pocas veces es posible. Así como el campamento está superpoblado, también lo están los espacios seguros. El refugio de mujeres debería albergar a 40 refugiadas, pero en la actualidad acoge a 72 y algunas de sus beneficiarias tienen que dormir en el suelo. La lista de espera para las admisiones sigue creciendo.

Afortunadamente, el JRS no está solo en su respuesta a la violencia sexual y de género. Muchas organizaciones trabajan para concienciar a las comunidades y prevenir futuros incidentes. FilmAid, por ejemplo, conciencia a los líderes comunitarios, a los líderes locales y a los grupos comunitarios sobre cómo identificar y denunciar casos de VSG. Otras organizaciones hacen lo mismo en las escuelas con formaciones dirigidas específicamente a niños. El UNFPA en Kenia también impulsa iniciativas de extensión comunitaria, de apoyo psicosocial y de espacios de protección.

Angela Wells, responsable de comunicaciones del JRS en África Oriental





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