Irak: el Servicio Jesuita a Refugiados en el Kurdistán iraquí advierte de la amenaza del invierno para los desplazados
11 noviembre 2014

Un padre iraquí pasa un rato con sus hijos fuera de su "hogar". (Elias Sader / Servicio Jesuita a Refugiados)
Nos amontonamos en la parte trasera del camión que solía utilizar para el transporte de animales enfermos. Fue humillante poner mis hijos, sobrinas, sobrinos y a mi madre en la parte trasera de este camión, pero ¿qué podía hacer? Teníamos que salir de inmediato.
Erbil, 11 de noviembre de 2014 - El Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) ha puesto en marcha un proyecto en Erbil, la capital del Kurdistan iraquí, para ayudar a las personas recientemente desplazadas. Una cifra sin precedentes de familias y personas se ha visto desplazada en todo Irak y Siria ante la expansión del Estado Islámico en los últimos meses.

Actualmente, el JRS está trabajando en una evaluación de necesidades y en una provisión inicial de ayuda psicosocial a los iraquíes y sirios desplazados que residen en Ankawa, un barrio de Erbil. Las visitas domiciliarias ya están en marcha, y esto nos permite entender mejor las necesidades de cada familia y establecer relaciones con la comunidad. Gracias al acompañamiento, el JRS está en condiciones tanto de conocer las necesidades exactas de las familias a las que ayudamos, como de fomentar un espíritu de comunidad.

Muchas familias viven en asentamientos informales formados por tiendas de campaña, en centros comerciales y edificios de apartamentos inacabados. Se han levantado casas prefabricadas para, en unos casos, proporcionarles mejor refugio durante los meses de invierno y, en otros, utilizarlas como aulas o centros de atención psicosocial. Estos asentamientos están apoyados o cuentan con la asistencia de ONG internacionales, mezquitas, iglesias, organizaciones y comunidades locales; quien más quien menos, todo el mundo ha aportado algo para brindar apoyo.

"Cruzar la frontera fue inolvidable. Había miles de coches en un gran atasco; ibamos hacia el norte por la autopista; recuerdo el destello de las luces traseras brillando en la noche. Estaba oscuro, y soplaba un aire caliente. Hubo una tormenta de arena durante toda la noche. Era como si el mundo nos estuviera castigando. Nos vimos obligados a abandonar nuestros vehículos en la frontera con el Kurdistán.

Nos amontonamos en la parte trasera del camión que solía utilizar para el transporte de animales enfermos. Fue humillante poner mis hijos, sobrinas, sobrinos y a mi madre en la parte trasera de este camión, pero ¿qué podía hacer? Teníamos que salir de inmediato".

Riyad* y su familia huyeron de su pequeña ciudad natal en el noreste de Irak ante el avance de las milicias del Estado Islámico en agosto de 2014. Riyad era veterinario, y su padre, farmacéutico.

Hoy Riyad vive en una tienda de campaña con su familia en Erbil; su hogar, el jardín y la cirugía veterinaria ya son solo recuerdos dejados atrás en un camino de traumas que se ha extendido por todo Oriente Medio en los últimos tres años.

La de Riyad es solo una de los millones de esas historias de pérdidas, miedo e incertidumbre que persiguen los pensamientos de los iraquíes y sirios desplazados. Obligados a huir durante el verano, muchas personas salen con apenas unas pocas horas de aviso; los considerados afortunados son quienes lo han sabido con un par de días de anticipación.

Con la llegada del invierno, las temperaturas caen por debajo de los cero grados, y fuertes lluvias y nevadas son más que probables; sin embargo, muchas personas no tienen ropa o una vivienda adecuada para los meses de invierno.

Las agencias de ayuda han hecho llamamientos pidiendo fondos para proveer asistencia durante los fríos meses de invierno. Si la ayuda no llega hasta diciembre o enero será demasiado tarde para los muchos que viven en campamentos informales o en pequeñas ciudades de las zonas rurales del Kurdistán. Muchas de estas aldeas remotas de las montañas quedaran aisladas de Erbil y las carreteras de acceso estarán cortadas por las fuertes lluvias y la nieve.

"La realidad es que muchos niños podrían morir este invierno, porque el alojamiento ofrecido sencillamente no es el más adecuado. Se estima que el 60 por ciento de la población desplazada en Kurdistán son menores de 15 años", dice un miembro del personal de Cordaid, una ONG holandesa de cooperación internacional y miembro de la red Caritas.

Usted puede apoyar nuestro trabajo aquí.

* El nombre ha sido cambiado por razones de seguridad





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