India: los que abandonaron prematuramente la escuela tienen una segunda oportunidad
21 septiembre 2012

Premila y Beham, 20 y 17 años de edad respectivamente, realizan una danza popular de Sri Lanka para iniciar la ceremonia de graduación del vigésimo tercer grupo de mujeres de la Escuela de Confección de Saint Joseph en Trichy, Tamil Nadu. Las 19 jóvenes completaron este curso de seis meses en corte y confección, bordado, jardinería, cocina, inglés e informática. (Molly Mullen / JRS)
Les enseño diseño y costura, pero lo más importante es que aprendan a creer en si mismas y a confiar en los demás.
Trichy, 21 de septiembre de 2012 - Cuando las luces se apagaron en el auditorio de la Escuela de Confección de Saint Joseph el ambiente del edificio se llenó de energía cuando 19 jóvenes refugiadas de Sri Lanka aparecieron al levantarse el telón frente a una audiencia entre la que se encontraban familiares y profesores dando comienzo a su ceremonia de graduación. Aquella noche de mediados de septiembre fue un momento especial para estas mujeres, todas ellas hijas de familias pobres nacidas en uno de los 114 campamentos de refugiados de Tamil Nadu.

Cuando iban creciendo se les negaba los derechos reconocidos a los indios y tuvieron que luchar para ganarse la vida después de abandonar la escuela a temprana edad. Sin embargo, hace unos años, les dieron otra oportunidad cuando se pudieron inscribir en la Escuela de Confección de Saint Joseph. 

Antes de comenzar la ceremonia, las recién graduadas se llenaron de orgullo cuando se realizaron bailes tradicionales y otros espectáculos ante amigos y familiares utilizando ropas diseñadas y hechas a mano por ellas mismas.

Aprender el liderazgo.  Brindha, una maestra de 23 años de edad, del Saint Joseph, es una de las refugiadas que tuvo la suerte de tener permiso oficial para vivir fuera del campamento. Se graduó en una escuela pública de la India y ahora está estudiando para obtener su título de maestría en tecnología de la moda mientras sueña con abrir su propia boutique.

Consciente de que las mujeres en los campamentos de refugiados luchan por alcanzar el mismo nivel de educación que ella ha recibido, Brindha quiso ofrecer a estas mujeres las habilidades que podrían utilizar para mantenerse a sí mismas y a sus familias. Brindha hizo hincapié en la importancia no sólo de enseñar habilidades como costureras, sino también darles la confianza necesaria para entender que son personas valiosas y dignas de respeto.

"Les enseño diseño y costura, pero lo más importante es que aprendan a creer en si mismas y a confiar en los demás", explicó.

A medida subían al escenario, todas y cada una de estas jóvenes emanaban confianza en sí mismas, lo que provocaba un estallido de aplausos entre la audiencia. Era difícil creer que apenas seis meses atrás eran tímidas y reacias a expresarse en público. Sin embargo, tras varias excursiones para hablar de temas como la ecología, los derechos legales de las mujeres, el liderazgo, clases de alfabetización, estudios de informática y teatro de calle estas jóvenes desarrollaron la confianza necesaria para darse cuenta de sus derechos y del deber de expresar sus ideas.

"En una sociedad donde tradicionalmente las mujeres no son educadas y donde no se les permite aparecer en público, estas escuelas ofrecen la conciencia social y habilidades para llevar pequeñas empresas en un espacio idóneo para las mujeres", dijo el P. Martin Lenk, SJ, que impartió inglés en la centro durante un breve tiempo.

La madre y el hermano de Premila le brindaron su apoyo en este día tan especial. Su hermano tenía cicatrices de una bomba de racimo que le explotó cerca en Sri Lanka en 2009, cuando sólo tenía 17 años. El JRS pagó su cirugía para eliminar la metralla de la mano, el brazo y la pierna. Tras la fisioterapia, ahora ha podido volver a trabajar como pintor.

"Hace apenas unos meses no teníamos futuro. Yo era una persona con muy poca confianza en mí misma y en los demás. Ahora mi hermano ha sido intervenido para sanarle la mano y tengo un trabajo. Esta escuela me enseñaron que puedo confiar en mí misma y creer en el futuro ", dijo Premila.

Un camino difícil por delante.  El futuro de muchos refugiados que viven en los campamentos sigue siendo incierto. Con una población de 68.000 personas, éstas se agrupan en pequeñas chozas y viven las dificultades propias de las comunidades pobres: el alcoholismo, el matrimonio precoz, el divorcio, el suicidio, el desempleo y la violencia de género.

"Cuando un hombre bebe, no trabaja. Esto le lleva a la depresión, a beber más y a ser violento contra las mujeres de su familia", dijo Lilly Pushpam, responsable de programas del JRS en Tamil Nadu.

El JRS también lleva a cabo programas de rehabilitación contra el alcohol y de paliación de la pobreza, aunque los progresos son lentos. En cualquier caso, para las chicas refugiadas de Tamil Nadu, aquella noche fue su noche. Y a pesar de las dificultades que siguen existiendo, por primera vez, están jugando un papel positivo en la determinación de su futuro.

Molly Mullen, asesora de comunicación del JRS Internacional




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