Siria
Una cultura de encuentro y de diálogo: la única manera de avanzar en Siria
"Debemos buscar y construir la paz juntos a través de las pequeñas acciones de cada día".

Con estas palabras el Papa Francisco sintetizó tanto la tragedia de la guerra en Siria como el profundo anhelo de paz de los sirios, haciéndose eco del claro mensaje que el personal del Servicio Jesuita a Refugiados, sus familias y comunidades locales sirias desean enviar a la comunidad internacional.

La experiencia diaria de los equipos del JRS en Siria, en su prestación de ayuda, educación y servicios psicosociales a las comunidades afectadas por el conflicto, encarna una cultura de encuentro y de fomento del diálogo. También importante es que siembra las semillas de la reconciliación entre las comunidades.

"Vemos a padres y madres de procedencias diversas trabajando hombro con hombro en nuestros centros. Sus hijos juegan juntos, han cimentado una confianza mutua dejando atrás los fantasmas de la guerra y de la violencia. Animados por las acciones de sus hijos, superando dudas y suspicacias, los padres buscan diálogos renovados entre ellos", dice el director del JRS en Oriente Medio y Norte de África, Nawras Sammour.

En apoyo a la reiterada petición del Papa Francisco en favor de la solidaridad internacional en la búsqueda de la paz en Siria, el Servicio Jesuita a Refugiados insta a la comunidad internacional a:
  • priorizar los esfuerzos diplomáticos y ejercer presión sobre el gobierno sirio y las fuerzas armadas de oposición para que alcancen un acuerdo sobre un alto el fuego inmediato y cooperen en pro de una solución negociada al conflicto. Deben fomentarse oportunidades de consulta para una participación significativa de los representantes de todas las comunidades sirias que prestan asistencia humanitaria sea cual sea su filiación social, étnica o religiosas;
  • presionar sobre las partes beligerantes para que se abstengan, en la medida de lo posible, de interrumpir las operaciones humanitarias y / o dañar a su personal y que permitan el acceso sin trabas a los sirios que necesitan asistencia;
  • aumentar sustancialmente el apoyo financiero y técnico a las iniciativas humanitarias de base dirigidas a los sirios más vulnerables de plena conformidad con los principios humanitarios;
  • garantizar que los donantes internacionales de ayuda al desarrollo proporcionen un mayor apoyo técnico y financiero para aliviar la presión en los países de acogida y ayudar a los refugiados y a los hogares vulnerables locales por igual. Este apoyo debe ayudar a contrarrestar el aumento de la discriminación y la xenofobia contra los sirios.
  • garantizar una mayor protección internacional de los sirios obligados a buscar refugio fuera de la región. Los hogares de los refugiados que viven en las condiciones más vulnerables deben tener acceso a los programas de reasentamiento u ofrecer visados de protección temporal en Europa, Estados Unidos y otros países que estén dispuestos a compartir la carga con los vecinos inmediatos de Siria.
El violento conflicto actual ha obligado a más de 2,7 millones de sirios a buscar refugio en los países vecinos, ha provocado más de 150.000 muertes y ha desplazado a más de nueve millones de sirios. A pesar de los riesgos para sus vidas, decenas de miles de sirios de todos los grupos religiosos, étnicos y económicos han promovido continuamente la armonía, llegando a construir "una cultura de encuentro y de diálogo". Esta es la mayoría silenciosa de los sirios que rechazan la violencia.

Los niveles de desplazamiento han llegado a casi triplicar la población de la ciudad de París, en tan sólo tres años. Más de una cuarta parte de la población siria necesita ayuda: refugiados, desplazados dentro del país y otras personas que viven en condiciones extremas.

Aproximadamente, 242.000 sirios viven en zonas sitiadas por fuerzas del gobierno o de la oposición. A los civiles de estas zonas se les niega el acceso a los alimentos, suministros médicos o servicios básicos. Las tasas de desnutrición están aumentando y el riesgo de morir de hambre es real; algunas personas viven solo de aceitunas y lentejas. Hay que permitir el inmediato acceso humanitario a estas áreas; y, a su vez, autorizar a los civiles que deseen abandonarlas a hacerlo en condiciones de seguridad.

Los proyectos del JRS en Siria ayudan a la comunidad a resistir y sobrevivir a la lógica de la guerra que amenaza con superarles y destruirles. Las familias han sido desplazadas en reiteradas ocasiones, ya sea por la violencia generalizada o la específica. El conflicto también ha causado el colapso de la economía, la fuga de cerebros y el éxodo masivo de muchas familias de clase media.

Dentro del país ha habido una reducción dramática en la prestación de los servicios esenciales y un aumento exponencial de los índices de pobreza. Esta pobreza es transversal a las diferentes comunidades culturales, religiosas y étnicas de Siria. Por ello, el JRS atiende a todos los grupos marginados, sean suníes, chiíes (incluyendo alauitas), drusos y cristianos. De esta forma, el diálogo interreligioso sigue siendo una parte esencial de las actividades diarias del JRS.

Si bien la coordinación entre el JRS, redes jesuitas, cristianas, musulmanas y organizaciones seculares ayuda a los civiles a recibir un apoyo muy necesario, esta no es suficiente para cubrir las necesidades crecientes. En general, la comunidad internacional no ha apoyado como debiera a los grupos sirios que participan en iniciativas humanitarias, y ese es un proceso que hay que revertir.

En Siria, los equipos del JRS proporcionan asistencia humanitaria de emergencia a las personas más vulnerables. Estos servicios incluyen:
  • actividades educativas y psicosociales
  • alimentos, artículos no alimentarios y apoyo al alquiler
  • servicios sanitarios básicos (clínica y derivaciones)
En total, más de 300.000 personas reciben ayuda del JRS en Damasco, Homs y Alepo.

Además de forjar relaciones sólidas basadas en la confianza y la equidad, el JRS tiene una manera distinta de trabajar con las familias. El acompañamiento, uno de los pilares del trabajo del JRS, se encarna en las visitas domiciliarias periódicas, que forman parte del alma de todos los proyectos del JRS en la región. Mediante las visitas, los equipos del JRS identifican y abordan las necesidades más urgentes de las familias.

Los equipos del JRS también trabajan en el Líbano, Jordania y Turquía brindando ayuda urgente y apoyo educativo y psicosocial a las diferentes comunidades de refugiados.
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El Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) es una organización católica internacional cuya misión es acompañar, servir y defender los intereses de los refugiados y otras personas desplazadas por la fuerza. Los programas del JRS se llevan a cabo en 50 países, apoyando a los refugiados en campamentos y ciudades, a los desplazados dentro de sus propios países, a los solicitantes de asilo en las ciudades, y a las personas recluidas en centros de detención. Las principales áreas de trabajo son la educación, la ayuda de emergencia, la atención médica, las actividades de subsistencia y los servicios sociales. A finales de 2012, más de 600.000 personas se beneficiaban directamente de los proyectos del JRS.