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via todas las campanas


Ammar después de su primera cirugía ocular. (JRS Damasco)

Damasco, 22 de marzo de 2018 - "Mira, ahora soy como tú", sonríe Ammar*, orgulloso mientras se quita las gafas para demostrar que ya puede abrir completamente los ojos.

A sus 12 años, Ammar sufre un trastorno genético que hace que sus párpados se caigan. Esto, a su vez, le provoca problemas visuales y le ha dañado completamente sus retinas.

Su estado empeoró cuando Ammar y su familia se vieron obligados a desplazarse del este de Guta, Siria, hace seis años. Poco después de su desplazamiento, su padre desapareció y, al no poder hacer frente a los gastos cotidianos, su familia fue desahuciada de su hogar.

Recientemente, el Servicio Jesuita a Refugiados acompañó a Ammar  gestionándole una intervención quirúrgica para levantarle los párpados, lo que le servirá a su vez para otra operación que necesitará cuando sea mayor.

El procedimiento no solo le permitió volver a abrir los ojos sino que también le ensanchó el espíritu; pasó de estar solo todos los días en el Centro del JRS en Damasco a participar en actividades con las que nunca antes se había atrevido, como cantar.

"Ahora, tengo un grupo de amigos en la escuela. Nos reímos mucho y hacemos actividades juntos, e incluso algunas veces voy solo a la escuela", explica Ammar sobre cómo cambió su estilo de vida tras la cirugía.

Aunque todavía necesita algo de ayuda para ir a la escuela o para moverse por el vecindario, su situación ha mejorado de forma notoria.

Ammar continuará sus estudios en el Centro del JRS en Damasco, donde supervisores educativos le apoyarán en sus tareas y con la escritura para que pueda comenzar a ponerse al nivel de sus compañeros de clase.

"Quiero ser actor y hacer todos los bailes que pueda, y puedo hacer muchos".

Solo el tiempo lo sabe, pero por ahora, la alegría en los ojos de Ammar dice mucho acerca de su esperanza en el futuro.

* Todos los nombres y detalles de identificación han sido cambiados para proteger la privacidad de las personas.

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