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Saad en el Centro JRS Kafroun en Siria. (JRS)

Kafroun, 19 marzo 2018 – La vida de Saad* ha sido dura desde el principio. Fue testigo de cómo su madre les abandonaba al comienzo de la guerra siria y ha vivido la mayor parte de sus 13 años de vida sumido en la devastación del conflicto.

Poco después de que su madre se fuera, su padre, víctima de la precariedad económica, les llevó a él y a su hermano a un orfanato en el que permanecieron siete meses. Estos meses dejaron recuerdos muy dolorosos en Saad.

Cuando su padre se volvió a casar, sacó a Saad y a su hermano del orfanato para huir del área rural de Hama, en el centro oeste de Siria, hacia Tartus, una ciudad en la costa mediterránea, donde les esperaba una inhabitable y pequeña habitación.

En octubre de 2017, Saad entró en el Centro Kafroun del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS). Cuando llegó por primera vez, Saad era un chico inexpresivo que no hablaba con nadie y no participaba en actividades.

Después de múltiples sesiones de apoyo psicosocial, el personal del JRS en Kafroun descubrió que Saad se enfrentaba a la violencia y la crueldad, no solo fuera de su hogar, sino también en el interior, a manos de su padre.

"En mi vida jamás ha habido un día hermoso. Mi madre nos abandonó y mi padre nos metió en un orfanato porque no podía permitirse cuidar de nosotros... durante ese tiempo perdí toda emoción y me volví incapaz de expresar el dolor que llevo dentro de mí. He llorado durante días y meses", explicó Saad en una sesión.

Después de tres meses de apoyo psicosocial y educativo en el Centro Kafroun del JRS, la perspectiva de vida de Saad mejoró enormemente. Comenzó a sonreír nuevamente e incluso empezó a participar en las actividades educativas del centro. También ha hecho algunos amigos.

"Aquí encontré el amor y la atención que he estado buscando, y estoy contento porque ahora me interesan todas mis asignaturas escolares... cuando crezca, me gustaría construir algo así como este centro para poder ayudar a otros niños".

Saad es uno de los muchos niños sirios a quienes el JRS acompaña mientras pasan por dificultades que ningún niño debería tener que soportar. Ver como la sonrisa vuelve a los rostros de los niños que, como Saad, han sufrido tanto basta para devolvernos la esperanza en la humanidad.

* Todos los nombres y detalles identificativos han sido cambiados para proteger la privacidad de las personas

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