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Belgrado, 21 de septiembre de 2017 - A mediados del año pasado, a mitad de junio, conocí a Amira*. Era una joven vulnerable con cuatro hijos, un millón de preocupaciones y tristezas sobre sus hombros, y tanta energía que podría salvar y alimentar al mundo.

Su historia comienza así.

El marido de Amira vive en Alemania. En Turquía, en la embajada alemana, comenzó los trámites para la reunificación familiar. Por motivos de seguridad de sus hijos y de ella misma, tuvo que abandonar Turquía, lo que provocó la interrupción del proceso de reunificación.

Ella llegó a Serbia el 16 de junio de 2016. Según su testimonio, trató de ponerse en contacto con varias organizaciones que, pensaba, podrían ayudarla a continuar el proceso que inició en Turquía; sin embargo, estos intentos fueron en vano.

Entonces me la presentaron y escuché su historia, y viendo que lo único que realmente quería era ofrecer a sus hijos una vida feliz y segura, sabía que el JRS podría ayudarla, de modo que juntas dimos un primer paso para hacer real este deseo.

Fuimos juntas a la Embajada de Alemania y presentamos una solicitud para la reanudación del proceso de reunificación familiar. Después de esto, la Embajada dio las órdenes necesarias para obtener los documentos de Turquía, y, en seis meses, todo estaba listo. En noviembre, fuimos a buscar su visa ya aprobada.

Amira no hablaba inglés, solo árabe, y en ese momento yo no disponía de un intérprete que nos ayudara a comunicarnos. Resultó que no lo necesitábamos. Nunca olvidaré el momento en que ella cogió los pasaportes y comenzó a comprobar si estaba el visado. Me miró como si no creyera lo que estaba sucediendo, con sus ojos llenos de lágrimas... La abracé mientras ella lloraba, sabía que eran lágrimas de alegría. Antes de salir de la Embajada, lo único que me preocupaba era cómo hablar con ella, cómo felicitarla por, finalmente, poder viajar; sin embargo, en ese momento, me di cuenta de que a veces un abrazo puede decir mucho más que cualquier palabra.

En todo este proceso, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) desempeñó un importante papel, ya que realiza un esfuerzo extraordinario para garantizar que cada emigrante en Serbia tenga unas condiciones mejores. El ACNUR es un valioso colaborador del JRS al que agradecemos su cooperación y ayuda.

El mismo día, después de recibir los pasaportes, juntas terminamos de preparar su partida y compramos los billetes. El 6 de noviembre de 2016 Amira, con sus cuatro hijos, subió al autobús para Alemania.

Un gran privilegio - ¡Qué gran placer ver cómo la felicidad y la alegría regresaban a los ojos de Amira! Los refugiados son personas que en su mochila solo llevan recuerdos. Dejan una gran impresión en la vida de todos aquellos que hemos tenido el privilegio de ayudarles de alguna manera. Esa es la mejor parte de este trabajo, saber que ayudaste a alguien cuyo mundo quedó destruido y haber contribuido con nuestro granito de arena a mejorar su situación.

Nos mantuvimos en contacto y mientras me preparaba para escribir esta historia, también le pedí a Amira que me describiera cómo vivió su estancia en Serbia y la ayuda que recibió del JRS.

Esto es lo que dijo: "Cuando llegué a Serbia e inicié los trámites en la embajada todo iba bien, pero entonces, un día, los problemas comenzaron: tenía miedo de que todo se hubiera terminado y no volver a ver a mi marido, y que los niños nunca más vieran a su padre. Lloré durante días, no tenía nada, ¡perdí tantas cosas!

Pero luego hablé con Violet, le pedí que me ayudara y ella aceptó. Fui con ella a la embajada y ella hito todo lo que estaba en su mano para ayudarnos. Solucionó muchas cosas: cosas que yo pensaba que no tenían solución, de repente se resolvían, y al final, ¡tuvimos éxito!

Tengo un visado para mí y para mis hijos, y el mismo día fuimos juntos a comprar cosas para el viaje y los billetes para Alemania. Y en dos días ya era hora de partir. Ella estuvo con nosotros hasta el último momento en Serbia y no puedo encontrar palabras para describir lo mucho que significó para mí. Me siento más que feliz de haberla conocido y le agradezco al cielo por todo lo que hizo por nosotros. Gracias a Dios que nos la envió".

- Violeta Markovic, trabajadora social del JRS

* Nombre cambiado para proteger la identidad