via todas las campanas

Desde septiembre de 2016, la República Centroafricana está sufriendo un nuevo deterioro de su situación de seguridad: los enfrentamientos violentos entre grupos armados son frecuentes y la violencia entre comunidades ha sido azuzada por los llamados grupos de autodefensa, autores de numerosos abusos contra la población civil. Entre septiembre de 2016 y febrero de 2017, más de 100.000 personas se han visto obligadas a huir de sus hogares en estas regiones aumentando la cifra de desplazados internos. A continuación se presenta el testimonio de un refugiado de la República Centroafricana. 

Teddy 

Me llamo Teddy. Tengo 14 años. Mi sueño es terminar los estudios y prepararme para ser juez. Ser juez me permitirá hacer que la injusticia no prevalezca y que la gente respete la ley. Si la gente es culpable debe ser castigada. 

He vivido la guerra. Nuestra casa, junto con las de nuestros vecinos, fue incendiada por la [milicia] Seleka. Pero tuvimos suerte, nadie de nuestra familia murió durante estos disturbios; sin embargo, sigo sin poder hablar de las atrocidades que he visto y de todos los cuerpos que yacen en el suelo. Es muy duro porque cada vez que lo recuerdo me siento enfermo. 

Me gusta la escuela porque sé que me dará conocimientos y comprensión y me ayudará a conseguir un trabajo que me permita tener un futuro más seguro. Sin embargo, aquí nada será posible sin una paz duradera, y eso hace que tema que no pueda alcanzar mi sueño. También quisiera que mis amigos Peul musulmanes pudieran venir a la escuela. Me gustaría que todos creciéramos juntos. 

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Stéphanie 

Mi nombre es Stephanie. Tengo 15 años. Actualmente estoy en el primer año de educación secundaria. Estoy muy contenta de poder participar en las actividades organizadas por el Servicio Jesuita a Refugiados en su grupo "Fleur de l'Est". Hacemos charlas informales, un poco de teatro y participamos en algunas actividades deportivas. Me gusta mucho el voleibol. 

También me gusta la escuela y estoy realmente dispuesta a trabajar duro para tener éxito. Si tuviera la suerte de seguir en la escuela mucho tiempo, evitaría casarme demasiado pronto como algunas de mis amigas. Y sé que una buena educación puede ayudarme a ser partera. 


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Alex 

Me llamo Alex. Tengo 15 años. Soy de la República Centroafricana, donde la vida es realmente difícil. Vivimos bajo lonas de plástico, cuando llueve, el agua entra por todas partes y nuestra ropa queda empapada. Realmente me gustaría estar en una casa de verdad. 

Mi sueño es estudiar medicina cuando termine el bachillerato y convertirme en médico. Sé que una buena educación me brindará muchas oportunidades, me permitirá desarrollar mi talento y me enseñará a respetar a los demás. 

Si hoy me encontrara al Papa Francisco, le pediría que rezara por los musulmanes y los cristianos aquí en Bambari para que el amor y la amistad pudieran florecer entre las dos comunidades. 

Doy gracias al Servicio Jesuita a Refugiados, y les pido que su superior nos ayude a estar de nuevo juntos para poder vivir en paz y armonía. 

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Albert 

Me llamo Albert. Tengo 16 años y estoy en secundaria. Participo en las actividades organizadas por el Servicio Jesuita a Refugiados en su grupo "Etoile de l'Est". 

Recuerdo el día en que la [milicia] Seleka mató a mi hermano mayor. Unos hombres irrumpieron en la casa y le dispararon. Tenía apenas 31 años y estaba casado. El resto de nosotros huimos, y nuestra casa fue incendiada. 

(Es cierto que los que mataron a mi hermano son musulmanes Peul, pero yo no tengo problemas con los musulmanes. Cuando sea mayor no quiero vengarme. Si coincido en un lugar donde haya musulmanes, sé que podré vivir con ellos en paz). 

Si hoy me encontrara con el Papa Francisco, le diría que la vida aquí es realmente difícil. Algunos días vamos a la escuela, pero otros es imposible por la guerra. Pediría al Papa que orara por la estabilidad en mi país porque realmente quiero terminar la escuela, pero esto será imposible sin una paz duradera. 

Cuando haya terminado los estudios, me gustaría seguir un curso de formación y convertirme en conductor-mecánico. 

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Julien 

Me llamo Julien. Tengo 19 años y estoy en el segundo año de secundaria. Cuando estalló la guerra en 2014, me refugié con mi abuelo en la catedral junto con muchas otras personas. Por desgracia, cuando asaltaron la catedral, mi abuelo fue asesinado. Él lo era todo para mí y me resulta difícil de soportar el recuerdo de aquel día. Él me crió y con él viví mucho tiempo. 

Desde 2014, vivo solo. La gente de [la milicia] anti-balaka ha venido a verme varias veces pidiéndome que me una ellos y empuñe las armas. Pero no quiero hacerlo, lo que quiero es estudiar y ser biólogo. 

Estaré eternamente agradecido al Servicio Jesuita a Refugiados por haber sufragado mi escolarización, por haber organizado actividades recreativas y educativas, lectura, etc. aquí en la escuela. Me gustaría mucho que el Servicio Jesuita a Refugiados y otras personas que desean ayudar me brinden su apoyo para seguir adelante con mis estudios.

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-  Joseph Thera, JRS West Africa