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Zozan mira hacia atrás recordando los días en Al-Hasakah. Ella era una alumna que seguía sus estudios de ingeniería cuando estalló la guerra. (P. Cedric Prakash/JRS Mena)

Erbil, 02 de mayo 2017 – Zozan tiene una determinación de acero. Mientras escuchas a esta mujer de 25 años, sabes que llegará lejos. Nos comparte lo que más le gustaría hacer en la vida: aprender nuevos idiomas y viajar a tierras lejanas.

En cierta manera, Zozan ya ha empezado a hacer ambas cosas. Ha cruzado fronteras internacionales, pero como refugiada.

Cuando la guerra en Siria se volvió demasiado terrible en febrero de 2013, junto con sus padres, su hermano y su hermana, Zozan tuvo que huir de su ciudad natal, Al-Hasakah, en el noreste de Siria. No fue un viaje fácil. El conductor que los llevaba tenía buenos contactos, lo que les permitió pasar los puestos de control. Finalmente, llegaron a la zona del Kurdistán iraquí. Cargando sus escasas pertenencias, caminaron por terrenos montañosos hasta Dohuk. No fue fácil, pero al menos estaban más seguros.

Zozan mira hacia atrás recordando los días en Al-Hasakah. Ella era una alumna que seguía sus estudios de ingeniería cuando estalló la guerra. La vida había sido cómoda hasta entonces. Al-Hasakah, una ciudad con un pasado histórico, fue el hogar de una población étnicamente diversa de kurdos, árabes, asirios y armenios. Se sume en la nostalgia cuando recuerda la casa de su niñez y adolescencia. Una oleada de tristeza la abruma al pensar en la violencia que ha devastado Siria.

"Hay demasiadas muertes; la paz tardará mucho tiempo en regresar a Siria", dice con los ojos llorosos.

Su familia finalmente se estableció en Ankawa, en Erbil. Adaptarse a una nueva ciudad, cultura y entorno no fue fácil. Sin embargo, Zozan decidió coger las riendas de la situación. 

Su hermana mayor, casada y establecida en Ozal, a unos 25 kilómetros de Ankawa, llamó a Zozan un día para informarle que un equipo del Centro del JRS en Ozal había venido a visitar a su familia. El equipo del JRS también le informó que estaban llevando a cabo varios programas para refugiados y desplazados internos. En ese momento, Zozan, que estaba buscando oportunidades para hacer algo con su vida, se puso en contacto con el Centro del JRS en Ankawa y, desde entonces, comenzó un nuevo capítulo.

Se matriculó, no en uno, sino en tres cursos: inglés, kurdo y educación informática.

"¿Tres cursos al mismo tiempo?" Rupina Khachik, la directora del proyecto del JRS, se justifica: "¡Le permitimos hacer los tres cursos porque vimos que estaba decidida a hacerlos! Zozan salió airosa de todos ellos. ¡Estamos orgullosos de ella!”

Zozan dice que le gustaba hacer los cursos. El Centro del JRS pronto se convirtió en un segundo hogar para ella. Le dio un sentido de pertenencia y aceptación.

"Nunca fui tratada como alguien diferente: como una siria o una refugiada. ¡Me hicieron sentir que pertenecía aquí!" Y agrega: "Viniendo al JRS, he hecho muchos nuevos amigos de diferentes religiones, nacionalidades y etnias".

Zozan habla con entusiasmo de los cursos. "Fueron realmente muy buenos y también los maestros".

El JRS también le ayudó con cursos puntuales tales como "Cómo escribir un CV" o "Cómo preparar una entrevista de trabajo". Zozan siente que JRS le dio las herramientas que le permitieron obtener un buen trabajo como auxiliar administrativa en una empresa.

Hace un par de meses su padre murió debido a una dolorosa enfermedad. Lo añora. Sin embargo, para Zozan la vida continúa.

Zozan sueña en regresar a Siria algún día; impartir las habilidades que ha aprendido del JRS a otras personas en su país, que han sido menos afortunadas. Mientras comparte sus sueños, una afable sonrisa ilumina su cara. Teniendo en cuenta su determinación, Zozan terminará yendo a otros lugares; sus esperanzas seguramente se harán realidad algún día.

- P. Cedric Prakash SJ