via todas las campanas


(Kristóf Hölvényi/El Servicio Jesuita a Refugiados)

Bourj Hammoud, 22 de marzo de 2017 - Mi nombre es Mariyam y soy de Siria. Nací el 11 de julio de 2000 en Idlib, Jisr El Shughour. Estudié hasta el primer grado en Idlib. Yo era muy pequeña cuando tuve que dejar las clases y mis parientes y mudarme a Damasco, Duma, porque el trabajo de mi padre estaba allí. Nos sorprendió lo que encontramos. Yo estaba en un nuevo ambiente, pero tras días, meses y años me fui acostumbrando a todo aquello, a las personas, al lugar, a las costumbres y tradiciones. Solíamos volver a Idlib solo de visita por unos pocos días para visitar a la familia de mi padre.

Nunca esperé, en mi vida, salir de Sham, pero durante ese tiempo comenzó algo llamado guerra y destrucción. Nos vimos obligados a irnos, y los tiempos eran difíciles. Con la ayuda de la gente de Damasco, pudimos salir y regresar a Idlib. Allí, de nuevo, tuve que adaptarme a la escuela, las costumbres y la gente. Estaba empezando una nueva vida otra vez.

Durante ese tiempo, mi vida cambió. Estaba cansada de cambiar de escuela y de hacer nuevas amistades con gente nueva. Afortunadamente, lo aprobé todo y pude estudiar al séptimo grado en Jisr El Shughour. Poco después, el ambiente de ruina, destrucción y guerra llegó a Idlib. Pasamos por tiempos de un miedo inenarrable, de disturbios y asedio. Mi familia empezó a desmoronarse poco a poco, y todos empezaron a trasladarse a lugares remotos y lejos unos de otros. Cuando teníamos que separarnos, sentía que un pedazo de mi alma se distanciaba de mi cuerpo, porque sentía que estaba a punto de perder a esa persona y de no volverla a ver más. Pasaron días y meses sin hablarnos, obligada a vivir sin la gente a la que quiero, siempre confiando en que nos volveríamos a ver.

¿Cuánto tiempo podremos aguantar? Se suponía que íbamos a Turquía, pero de repente hubo un cambio y decidimos venir al Líbano. Lo dejamos todo: nuestra casa, nuestro país, nuestros amigos y nuestros parientes. Mi padre y mi madre vivieron aquí, en el Líbano, en Achkout, durante quince años. Llegamos al Líbano pensando que mi primo Ahmad se haría cargo de todo, pero de repente perdimos el contacto con Líbano durante un mes. Después de un día, decidimos venir aquí, y agradezco a Dios que llegamos sanos y salvos. Nos sorprendió descubrir que Ahmad dejó su trabajo y que no podía ayudarnos en nada. Fuimos adonde mi tío que estaba en Tanourine. Los primeros días que nos acogió fueron maravillosos, pero finalmente tuvimos que buscarnos un lugar donde vivir porque no queríamos ser una carga para nadie. Tuvimos que quedarnos en una casa, hasta que pudimos establecernos. La casa estaba llena de insectos y ratas. Entonces nos trasladamos a otra de madera que apenas tenía ventanas. Ahora, estamos en un apartamento, en un sexto piso, sin ascensor.

A pesar de todas las dificultades por las que estamos pasando, en cada etapa, damos gracias a Dios por todo. Solo estamos esperando algo de ayuda.

Conocí a nuevos amigos, una vez más, cuando vine por primera vez al Líbano, y todos seguimos juntos. Me matriculé en una escuela con currículo en francés para el octavo grado. Fue muy difícil para mí, sobre todo porque no estudié en francés cuando era niña. Pero aún así es mejor que otros institutos, donde no te dan un certificado para pasar a un grado superior.

Es cierto que estudiar aquí me resulta bastante difícil, pero en la escuela del JRS son muy amables conmigo, me apoyan en las cosas difíciles, y esto me ayuda a mejorar. Ahora tengo muchos certificados: certificado de la Cruz Roja, certificado de formación, primeros auxilios, pintura e inglés. Quiero ser una enfermera psiquiátrica porque me encanta escuchar los problemas y ayudar. Quiero tener una habitación donde la gente pueda descansar y se sienta mejor. Por supuesto, estoy practicando esto con mis amigos y sueño que se haga realidad.

Tengo una personalidad tímida, y no soy muy atrevida, pero me encanta ayudar a todos los que necesitan una mano y apoyo. Tengo un buen corazón y he pasado por momentos muy difíciles en mi vida, pero doy gracias a Dios por la paciencia, por irlo superando todo, y por todas las cosas.