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Cuando Mahmud vino al Centro por primera vez, su comportamiento era más bien agresivo, insociable y reservado. La vida cambió gradualmente para este muchacho gracias al ambiente propicio que ofrece el Centro (JRS Siria)

Jaramana, 20 de marzo de 2017 – Mahmoud parece haberlo visto todo en sus apenas trece años de vida sobre la tierra: la guerra y la violencia, el desplazamiento y la huida, el rechazo y la soledad, el trabajo duro y el desamparo.

Mientras hablaba de sus experiencias, las lágrimas discurrían una tras otra por sus mejillas. Sus ojos todavía muestran señales de cansancio tras una larga jornada nocturna como un chico de los recados: "No me gusta este trabajo, es realmente difícil aguantar hasta las 4 de la madrugada todos los días; pero gano 1.500 libras sirias [unos 6,6 euros] por día”. Se detiene un momento y después, dudando, continúa: “No sé si continuaré en este trabajo o no".

Mahmoud nació en Alepo. Su padre se separó de su esposa kurda Samya, cuando Mahmoud solo tenía un año de edad. "No sé por qué mi padre nos dejó", suspira. La tragedia se agrava porque el nacimiento de Mahmoud nunca fue inscrito en los registros del gobierno. No tiene acta de nacimiento. En Siria, oficialmente no existe.

Más tarde, su madre lo llevó a Al-Kabbas en la región Damasco Rural. Con el estallido del conflicto, huyeron a Jaramana. Samya se casó con Ammar que sirve en el ejército. La vida en casa es extremadamente difícil para Mahmoud; no le gusta hablar de ello. Ni siquiera come con su madre y su padrastro en casa; su única comida diaria completa es la que recibe en el Centro Alberto Hurtado del JRS en la zona Damasco Rural.

Cuando Mahmud vino al Centro por primera vez, su comportamiento era más bien agresivo, insociable y reservado. La vida cambió gradualmente para este muchacho gracias al ambiente propicio que ofrece el Centro – el de pertenencia y aceptación - a través de la protección de la infancia, los programas educativos y el asesoramiento individual.

Bilal Al-Abdallah, uno de los monitores del JRS, en el Centro Alberto Hurtado, ha jugado un papel crucial en el crecimiento personal de Mahmoud. El punto fuerte de Bilal es acompañar a los niños. Persona cálida y cariñosa, Bilal ayudó a Mahmoud a superar las negatividades de su vida.

Sin embargo, su vida no es una balsa de aceite. Mientras habla, Mahmud muestra cuánto ha sufrido en la vida; sin embargo, lo que ha logrado en el pasado reciente es alentador y digno de elogio.