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via todas las campanas


Junghee, voluntaria, enseña inglés en el Centro Comunitario Arrupe del JRS en Parramatta. (JRS)

Parramatta, 2 marzo 2018 – "No debemos subestimar el poder de ofrecer a nadie una taza de té, preparada para dicha persona tal y como le gusta", dice Joanna, una miembro del equipo de Participación Comunitaria del JRS Australia, hablándonos del impacto que acciones aparentemente menores pueden tener en la vida de un refugiado o solicitante de asilo.

En el Centro Comunitario Arrupe del JRS en Parramatta, un suburbio en las afueras de Sydney, los voluntarios marcan el camino con grandes y pequeños gestos. De hecho, todos los programas del centro basados en la comunidad están a cargo de un grupo de más de 50 voluntarios.

Estos programas van desde abordar problemas en la adaptación a largo plazo, como el aislamiento social y el bienestar, hasta preocupaciones a más corto plazo, como la seguridad alimentaria.

Una de las funciones clave de los voluntarios del JRS en Parramatta es administrar el banco de alimentos de la oficina, un lugar donde los solicitantes de asilo y los refugiados pueden encontrar productos no perecederos, artículos de higiene y otros insumos. Los voluntarios ayudan a las personas a moverse por la tienda y seleccionar artículos. Muchos también usan esto como un momento para enseñar productos típicos australianos y estilos de cocina a los recién llegados: es una oportunidad para compartir parte de su cultura.

Para los refugiados de todo el mundo, aprender el idioma del país de acogida es esencial para integrarse en la comunidad local. La situación no es diferente para las personas desplazadas que viven en los alrededores de Sídney, razón por la que los cursos de inglés siguen siendo un punto clave de intervención en el centro.

En Parramatta, existen numerosos factores que pueden impedir que los refugiados puedan ir a clases de inglés en el área. Por ejemplo, muchas personas desplazadas que necesitan aprender el idioma son padres y madres que no pueden asistir a cursos con sus hijos pequeños.

En respuesta a esta necesidad, el JRS desarrolló un programa en el que los adultos pueden venir a clases de inglés de una hora y dejar a sus hijas e hijos en una guardería en el mismo lugar.

Pero el trabajo de los voluntarios en el centro va más allá de la programación formal: "El papel más importante para un voluntario... es, en realidad, estar allí con los usuarios... y mantener interacciones empáticas humanas con ellos", explica Joanna.

Para los voluntarios, esto significa pasar tiempo con los refugiados y los solicitantes de asilo fuera de los proyectos en los que participan, como el banco de alimentos o las clases de inglés. Son estas interacciones básicas pero fundamentales las que hacen que en el Arrupe Community Center se sientan como en casa.

Para formar parte de la familia de voluntarios del JRS, no se necesita ser un superhéroe o tener un doctorado: basta con el deseo de ayudar a las personas y tener un corazón para los demás.


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