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Una mujer desplazada en Masisi, Kivu del Norte. (Sergi Camara/Entreculturas)

Goma, 26 febrero 2018 – Vivo en Goma, capital de la provincia de Kivu Norte en la República Democrática del Congo (RDC). El contexto de esta región es bastante complejo, ya que ha sufrido la influencia de trágicos eventos como el Genocidio de Ruanda, o la Primera (1996-1997) y Segunda (1998-2003) Guerras del Congo. Todos estos conflictos dejaron profundas heridas a nivel político, social y racial, de las cuales este lugar aún no se ha recuperado.

A parte de todos estos conflictos, si hay algo que en la actualidad caracteriza a la región de Kivu es sin duda el Coltan. Seguro que la mayoría de vosotros habéis oído hablar de este raro y valioso mineral; Se trata de una aleación metálica con unas propiedades eléctricas particulares que en la actualidad se utilizan para la producción de prácticamente todos los nuevos gadgets tecnológicos (Smartphones, tablets, televisores…). Kivu tiene la suerte (o más bien la desgracia) de albergar, según algunos estudios, el 80% de las reservas mundiales de este mineral. Es por esto que en las ultimas décadas esta región se ha convertido en uno de los puntos con mayor valor geoestratégico de todo el continente africano.

La extracción de mineral, en la actualidad, se ha convertido en una de las principales razones de desplazamiento de personas y de incidentes violentos en la región. Muchos grupos armados (entre Kivu Norte y Kivu Sur hay más de 70 grupos diferentes) utilizan la explotación de las minas de Coltan como fuente de ingresos para ganar poder, armamento, y cumplir con sus propias agendas políticas. La población que vive en estos lugares se ve forzada a huir de sus tierras, ya sea porque les expulsan, por la violencia que generan los grupos armados, o por la contaminación que provoca la extracción de estos minerales. Todo esto supone que solo en la región de Kivu Norte haya más de 1,7 millones de personas desplazadas internas.

Ahora llega la gran pregunta: ¿Qué podemos hacer nosotros desde casa?

Bueno, pues lo primero que diría es que, aquellos que lean esto y les pique el gusanillo de la cooperación o la ayuda humanitaria, pues a formarse y a venir a terreno, es sin duda la forma más directa de aportar nuestro granito de arena a cambiar la realidad. Pero que les puedo decir a ese otro 99% de la población? pues que aquí todos tenemos un papel. Volviendo a mi entrada anterior, comentaba que todos nosotros llevamos un pedacito de este lugar en nuestros bolsillos, y cada vez que compramos el último modelo del “aifon”, en muchas ocasiones estamos comprando la muerte, o la vida en condiciones de semiexclavitud de las personas que extraen el mineral, así como provocando todos esos daños colaterales de los que ya hemos hablado.

¿Qué podemos hacer todos y cada uno de nosotros? Pues cambiar este modelo de consumo sinsentido en el que estamos metidos. Si cada uno de nosotros se parara a pensar unos minutos sobre la necesidad real de comprarse un móvil nuevo, cuando aún nos marcha el antiguo bastante bien, o si nos uniéramos para exigir a las empresas que sus productos tengan materiales que provengan de lugares libres de conflicto, esta realidad, poco a poco, podría cambiar. Todo esto suena muy utópico, lo sé, pero solo nosotros tenemos el poder para cambiar el mundo y convertirlo en un lugar un poquito más justo.

- Jorge Maldonado Estada, JRS RDC

*Jorge trabaja para el JRS a través de la beca de prácticas remuneradas ofrecida por la Cátedra de Refugiados y Migrantes Forzosos y el Instituto Universitario de Estudios sobre Migraciones (IUEM) de la Universidad Comillas con el apoyo de INDITEX para Entreculturas.


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