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via todas las campanas

Cisarua, 19 enero 2018 – La natación es una habilidad que muchos de nosotros damos por sentada: acaso por estar acostumbrados a unas vacaciones en la playa, o por vivir junto al mar, o por haber crecido yendo a escuelas con programas de natación.



Sin embargo, para un refugiado de un país árido y sin litoral como Afganistán, no está tan claro que la gente sepa nadar; y la falta de estas habilidades puede llegar a ser una sentencia de muerte. Esto es especialmente así cuando se ven obligados a huir a otro país en frágiles embarcaciones a través de mares agitados, como muchos afganos han tenido que hacer.

Najib es un hazara que huyó de Afganistán para ir a Indonesia, y por delante tiene una larga espera para el reasentamiento. Antes de llegar a Indonesia, no sabía nadar. Ahora está aprendiendo con la ayuda de unos entrenadores: unos niños locales que frecuentan la piscina del vecindario.

"Cuando nado, me olvido de todos mis problemas como refugiado. Nadar me hace sentir bien".

A menudo, pensamos que el apoyo psicosocial está limitado al trabajo de profesionales bien preparados. Pero, tal y como Najib nos muestra, la clave para un estado mental y físico más sano puede provenir de personas inesperadas que ni siquiera son conscientes de su propia capacidad para cambiar vidas.

De hecho, los niños que pasan tiempo enseñando a nadar a Najib probablemente no tengan ni idea de lo que contribuyen a su bienestar. Ellos simplemente #Do1Thing y eso ha marcado una gran diferencia.

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