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Un hombre en el campamento de Doro, en Maban, Sudán del Sur, un cruce de caminos para refugiados, retornados y desplazados internos. (Angela Wells / Servicio Jesuita a Refugiados)
Maban, 20 de mayo de 2015 – Caminando por el bullicioso mercado de Bunj, en el condado de Maban, estado del Alto Nilo, vemos una abundancia de puestos de fruta y carne, mientras telas de todos los colores están a la venta junto a los quioscos donde se comercia con productos tan esenciales como el azúcar, el té y la harina. Resulta difícil imaginar que aquí, durante la guerra civil entre el norte y el sur de Sudán, los habitantes de Maban se vieran obligados a huir una y otra vez.

"En la década de los noventa este lugar quedó completamente desierto, todo el mundo huyó de la guerra. Nuestro país se convirtió en un campo de batalla", cuenta David, oriundo de Bunj, que regresó en 2008 tras haber vivido en el exilio en Jartum, la capital de Sudán. Al igual que David, la mayoría de los residentes del condado han regresado a sus hogares recientemente después de vivir exiliados en el actual Sudán y en Etiopía.

Por otra parte, durante este tiempo de relativa paz, muchos sudaneses recorrieron hasta 100 kilómetros para buscar refugio en Maban. Más de 130.000 refugiados huyeron del estado de Nilo Azul, en Sudán, hacia Maban, ya en Sudán del Sur, entre 2011 y 2012, antes del estallido del actual conflicto en Sudán del Sur. No tienen más elección que quedarse en Maban mientras siga la agresiva campaña de bombardeos del gobierno sudanés en Nilo Azul.

De acuerdo a Nuba Reports, "en el primer semestre de 2014, se lanzaron 300 bombas sobre Nilo Azul, muchas sobre civiles... Esto es más del doble del número de bombas lanzadas durante los últimos seis meses... Estos ataques continúan durante horas sobre toda la región".

La pequeña ciudad de Bunj se transformó en un lugar relativamente seguro en medio del caos – un cruce de caminos tanto para refugiados, retornados o desplazados.

Sin embargo, si bien Bunj sigue siendo seguro, la violencia en otras partes del condado de Maban está desplazando y afectando a miles de personas. En agosto pasado, cinco trabajadores humanitarios murieron y el personal de las ONG fue evacuado de cuatro campamentos del condado. De enero a marzo de 2015, se estima que 10.000 de los 60.000 residentes de Maban huyeron de sus hogares para ponerse a salvo en otras partes del condado y ahora viven en asentamientos informales, que en su mayoría, no cuentan con la atención de las agencias humanitarias.

"La situación en Maban es muy frágil. La gente espera que se produzca un ataque en cualquier momento", dijo David.

Compartiendo el reto de la supervivencia. Aparte del temor a un rebrote de la violencia, los residentes de Maban tienen que luchar por su supervivencia básica. Es particularmente difícil asegurar la alimentación ya que la siembra y la cosecha han quedado interrumpidas por los combates. Cada vez hay mayor demanda de tierras para el pastoreo del ganado.

"Una de las mayores diferencias entre nuestras vidas ahora y cuando estábamos en Nilo Azul es la pérdida de libertad. Solíamos tener la libertad de cultivar la tierra, de movernos, pero ahora estamos aquí sin derecho a movernos, con apenas acceso a la educación, sin poder trabajar", dijo Baluela, un refugiado que asiste al programa de formación de maestros del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) en Maban.

Los sistemas de educación y de salud del gobierno apenas funcionan. Las organizaciones no gubernamentales tratan de llenar ese vacío, mientras que miembros de la comunidad se esfuerzan para, entre todos, reconstruir sus vidas.

Para Awad Worugu, un umda, o líder religioso islámico de Maban, la vida de los refugiados no le es ajena. Regresó a su hogar tras haber vivido en el exilio durante 17 años.

"Como refugiados, la vida era terrible. No había trabajo y teníamos que ir al bosque a por leña para sobrevivir, lo cual era muy peligroso", recuerda.

La mayoría de los refugiados de Maban regresaron a sus hogares tras la firma del Acuerdo General de Paz de 2005, pero Awad permaneció en el exilio como líder de la comunidad hasta que todos los refugiados regresaron.

"La comunidad de acogida quería que me quedase; dijeron que, sin mí, podrían surgir problemas entre las comunidades, ya que yo fui el que pudo poner de acuerdo a todos. No hemos tenido problemas con otras tribus".

Awad se trajo la experiencia adquirida como líder comunitario trabajando con comunidades diversas en el exilio a su hogar en Maban. Él centra gran parte de su energía como líder religioso en la promoción de la tolerancia dentro de la comunidad.

"Hoy en Maban muchos grupos étnicos diferentes trabajan juntos, conviven juntos, comen juntos y juntos participan para desarrollar nuestra comunidad. Mis propios hijos visitan el campamento de refugiados de Doro... Acojo a los refugiados en mi casa. Somos una nación, un mismo pueblo, así que vamos a estar juntos", dijo.

Para los niños del mañana. El JRS apoya tanto a las comunidades de refugiados como a las locales para promover una convivencia pacífica y atender las necesidades de los que recibieron un apoyo limitado de otras agencias.

En la comunidad de acogida, el JRS apoya una escuela infantil que educa a 95 niños, donde profesores voluntarios de la comunidad local enseñan por las mañanas percibiendo un estipendio mensual. El JRS apoya a la comunidad local en la construcción de aulas para la escuela infantil y ofrece capacitación docente a 40 maestras y maestros que trabajan en las pocas escuelas de primaria operativas.

"En Maban, las actividades educativas y psicosociales del JRS atienden tanto a cristianos como a musulmanes, sin discriminación. Cuando visito la escuela infantil del JRS o las clases de inglés o de formación de docentes, y veo a cristianos y musulmanes sentados unos junto a los otros, aprendiendo juntos, me invade la esperanza. Un futuro mejor es posible.

"En el pasado, Maban estuvo muy afectado por el conflicto, presentado omo una guerra religiosa de un régimen opresor musulmán contra la población cristiana. Hoy los miembros de ambos grupos están sentando las bases de un futuro unido", dijo el director del proyecto del JRS en Maban, Pau Vidal SJ.

Awad reiteró que la educación es la única vía para sentar las bases de la paz.

"Los líderes de Sudán del Sur están luchando por un trono. Mientras matan a civiles y a los más pobres de entre los pobres, nos están dividiendo. Nosotros, como civiles no queremos la guerra, solo queremos educación, pero a ellos no les importan nuestros deseos ni ven el valor de educar a nuestro pueblo.

Unámonos como una sola nación. Si eres cristiano, ven a la escuela; si eres musulmán, ven a la escuela. Esto es para los niños del mañana", dijo Awad.

Si los líderes nacionales en Sudán y Sudán del Sur emularan a los líderes locales como Awad - líderes que dan prioridad a la educación y a promover la unidad entre las comunidades étnicas y religiosas - se podrían haber evitado años de conflicto.

Afortunadamente, los miembros de la sociedad civil en todo Sudán del Sur están tomando la iniciativa para asegurar que sus hijos no repitan los errores de sus líderes.

Angela Wells, responsable de comunicación del JRS en África Oriental