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via todas las campanas


Kifaya masajea los brazos de su hija que asiste a la Centro de Día del JRS en Maban, donde las madres de niñas y niños discapacitados vienen a aprender cómo cuidar a sus hijos e interactuar con otras madres con niños en la misma situación. (Rashidah McCoy / Servicio Jesuita a Refugiados)
Maban, 10 septiembre de 2018 - Joy es madre de un hijo que tiene las rodillas extremadamente débiles y  que no ha podido caminar durante dos años. Antes de asistir a la guardería del JRS en Maban, Sudán del Sur, se arrastraba por el suelo para ir de un lugar a otro. La hija de Kifaya tiene parálisis cerebral y no podía sostener objetos en sus manos o comer sola. Estas madres no sabían cómo atender las necesidades de sus hijos y se sentían culpables por la disfuncionalidad de estos que les impedía caminar o interactuar con los demás. Ambas mujeres asumieron que su falta de conocimientos era el obstáculo.

El Servicio Jesuita a Refugiados en Maban, Sudán del Sur, trabaja con Joy, Kifaya y familias como las suyas que crían niñas y niños con discapacidades en un entorno que, per se, ya es problemático. El JRS les enseña cómo cuidarlos adecuadamente, les da las herramientas para ayudarlos a salir adelante y les proporciona el apoyo psicosocial para que no se culpen de la condición de sus hijos.

Antes de la ayuda del JRS, Joy usaba solo agua tibia para calmar las piernas de su hijo y Kifaya se limitaba a cubrir las necesidades básicas de su hija alimentándola y vistiéndola. Ahora entienden la importancia de masajear las extremidades de sus hijos y hacer ejercicios de fisioterapia para mejorar la circulación sanguínea y la movilidad. Con el paso del tiempo, el hijo de Joy aprendió a caminar con poca o ninguna asistencia y la hija de Kifaya ya puede alimentarse por sí misma.

Estas orgullosas y sonrientes madres compartieron las historias de los avances de sus hijos y lo que han aprendido. El hecho de saber cómo atender adecuadamente sus discapacidades para que sean autosuficientes es importante para ellas, como también de liberarse del sentimiento de culpa tuvo un papel fundamental en su crecimiento personal.

La capacitación que recibieron del JRS estas mujeres las ha animado a difundir sus conocimientos sobre las discapacidades a la comunidad. La guardería del JRS ha sido un espacio de liberación para Joy y Kifaya, y sus familias continúan amando y aceptando a los niños con sus diferencias.