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via todas las campanas


Danh durante su clase de informática en Bangkok (Stephane Larue)

Bangkok, 22 de agosto de 2018 - Danh, un refugiado vietnamita de 21 años, caminó lentamente hacia el centro del escenario cuando le llamaron por su nombre. Sus pasos eran inseguros pero orgullosos. Le entregaron un certificado que reconocía el éxito de su gran esfuerzo. Sonrió a la cámara mientras sus compañeros y profesores le ovacionaban con una gran tanda de aplausos. Danh tiene unas capacidades diferentes a las de los demás, pero eso no ha sido un obstáculo para él.

Danh recibió su certificado tras completar los cursos de lengua y formación profesional del Proyecto Urbano de Educación (PUE) del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) de Tailandia. El proyecto, que se ofrece a refugiados urbanos y solicitantes de asilo en Bangkok, ofrece un curso de 6 meses de tailandés e inglés, así como formación profesional en informática, costura y peluquería. La promoción de 2018 contó con 27 refugiados de diferentes nacionalidades. Los 27 terminaron su formación en junio. El PUE organizó una ceremonia de graduación para celebrar su éxito.

Danh apoyará a la escuela tan pronto como se gradúe.

"Prepararé el aula y me aseguraré de que los materiales y aparatos de la clase estén listos. Me siento realmente dichoso de haber tenido la oportunidad de participar en este programa y ahora les quiero corresponder apoyando a la escuela".

Danh es un buen ejemplo de que cuando hay voluntad, se encuentra el camino. Él ha vivido con una dificultad física durante toda su vida. Ha demostrado cómo tener éxito. La historia de Danh no va de lo que la sociedad puede hacer para ayudar a las personas que tienen capacidades diferentes, sino más bien, de lo que las personas con capacidades diferentes pueden hacer y dar a la sociedad.

El JRS desarrolló el PEU porque las oportunidades educativas para los refugiados son escasas en Tailandia. La mayoría de los refugiados y solicitantes de asilo que viven en ese país no tiene papeles, lo que les dificulta el acceso a las escuelas.

No obstante, hay una puerta a la educación en Tailandia que permanece abierta a los refugiados. En 2005, la Resolución del Consejo de Ministros sobre Educación para las Personas No Inscritas decretó el derecho a la educación para todos los niños y niñas en Tailandia, independientemente de su raza, sexo, nacionalidad y estatuto legal. La resolución les otorgó el derecho a 15 años de educación básica gratuita.

Lamentablemente, siguen habiendo obstáculos que limitan las oportunidades educativas de los refugiados en Bangkok. La seguridad es el primero y más importante. Tailandia no es firmante de la Convención de 1951 para los Refugiados y no les proporciona un estatuto legal. Esto significa que la ley no protege a los refugiados. A menudo no salen de sus hogares porque tienen miedo a ser detenidos. Los padres no quieren mandar a sus hijos solos a la escuela, ni siquiera se atreven a llevarlos.

Además, las clases que ofrecen las organizaciones sin fines de lucro no son formales. Esto significa que los cursos que los refugiados toman en programas no formales no son reconocidos oficialmente. No sirven en la educación formal - institutos técnicos superiores y universidades - para obtener diplomas o títulos en Tailandia o en sus países de reasentamiento.

 "A pesar de que hay una legislación para la educación en Tailandia, todavía hay lagunas y necesidades en cuanto a la educación para refugiados y solicitantes de asilo en el contexto urbano", dice Khun Kornkaew Phimoei, Director de Proyectos del PEU.

* El nombre ha sido cambiado para proteger la identidad.