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via todas las campanas

Yambio, 19 de agosto de 2018 - Una niña de 5 años llegó al Centro de Protección del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) del campamento de refugiados de Kakuma, en el norte de Kenia, tras ser rescatada de horribles abusos sexuales.

"Todos pensaban que estaba loca porque era muy violenta", recuerda Félix Omollo, que en ese momento era el coordinador del centro. "Cada vez que veía a un hombre, agarraba una piedra y comenzaba a golpearlo con ella. Yo mismo fui víctima de su violencia", recuerda.

El programa del Espacio de Protección del JRS ofrece un lugar seguro para mujeres y niñas que han sobrevivido a la violencia sexual y de género. Allí, en cinco meses, el estado de ánimo de la niña había mejorado drásticamente. Esta fue una experiencia decisiva para Félix: "Me enseñó que la situación del beneficiario puede cambiar de peor a mejor. Es por eso que todavía sigo con este trabajo".

Omollo es ahora el director del proyecto del JRS en Yambio, Sudán del Sur. Por invitación de la diócesis católica local, el proyecto apoya la educación a través de la rehabilitación de la infraestructura escolar, la capacitación de docentes y un programa de becas para niñas. El JRS también organiza actividades de divulgación destinadas a promover la paz y la reconciliación.

Después de tres años trabajando para el JRS, Omollo dice que ha aprendido que la labor humanitaria no es un empleo como cualquier otro: es una pasión. “Una fuente de aliento, dice, es escuchar a antiguos beneficiarios del JRS que han sido reasentados y están rehaciendo sus vidas”. Él está dispuesto a seguir porque siente que está marcando la diferencia.

Sin embargo, el trabajo tiene sus dificultades. En Yambio, la principal causa de preocupación es que la creciente inseguridad pueda desembocar en ansiedad. La parte difícil es “estar allí sin saber si volverás a casa”, dice. Y agrega que “el sector humanitario se reduce cuando las vidas de los trabajadores humanitarios se ven amenazadas. Puede llegar a ser muy frustrante y estresante no poder salir y brindar servicios a personas necesitadas por falta de seguridad”.

El 23 de julio de 2018, las agencias humanitarias que trabajan en Maban, en el estado del Alto Nilo, se vieron obligadas a suspender sus actividades y a evacuar a su personal del área tras los ataques contra los recintos de las ONG por parte de jóvenes locales. Los ataques tuvieron como resultado la destrucción de propiedades, incendios y el saqueo de los suministros destinados a la población desplazada. En respuesta a los ataques, el P. Pau Vidal SJ, director del JRS en Sudán del Sur, apremió al gobierno a llevar a los responsables ante la justicia, aduciendo que “el JRS tiene que asegurarse de que los trabajadores humanitarios no vuelvan a ser un objetivo de ataques y que el imperio de la ley prevalezca y los miembros de nuestro equipo puedan vivir y servir en un ambiente sano y adecuado”.    

Pero al final del día, Omollo no lo habría hecho de otra manera. "Lo que me motiva – dice - es... saber que he ayudado a alguien".