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Siete años después, la situación en Siria es dramáticamente inestable. El pueblo sirio necesita la paz.

Beirut, 15 marzo 2018 "Basta. Es el único mensaje que compartiría", dice un voluntario sirio que trabaja con el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) en el Líbano. El conflicto sirio está entrando en su octavo año y la gente sigue sufriendo. Es casi imposible describir con palabras lo que está sucediendo y cómo se siente la gente; por ello sigue siendo más crucial que nunca hablar de ello.

Recientemente, el Papa Francisco recordaba que los últimos meses han sido de los períodos más violentos de todo el conflicto. "Todo esto es inhumano, uno no puede luchar contra el mal con otro mal", declaró.

En un momento en que el pueblo sirio necesita la paz, la situación es dramáticamente inestable.

Damasco está bajo el fuego. Las granadas de mortero caen sobre todos los barrios, y cientos de personas están muriendo. La situación sobre el terreno es muy peligrosa: "la muerte cae del cielo, al azar... y somos incapaces de detenerla", declara un miembro del personal del JRS en Siria. Recientemente, otras zonas del país se han visto arrastradas al conflicto: Afrin, un área que ya albergaba a un gran número de personas desplazadas, se ha convertido en un lugar del que miles de personas huyen y no tienen adónde ir. En Ghouta oriental, cientos de miles de personas permanecen atrapadas bajo el fuego.

Tras largos años de conflicto, las condiciones de vida son insoportables: los precios de las viviendas son exorbitantes, las tasas de desempleo altas y hay muchas limitaciones para acceder a servicios esenciales como la salud y la educación.

Las fronteras permanecen cerradas. Es muy difícil salir de Siria ahora, y muchas familias están separadas y repartidas entre diferentes países. Este es el caso de Fátima, que vive en el Líbano con sus hijas mientras sus hijos viven en el este de Ghouta. Durante 15 días, sus hijos no pudieron abandonar sus hogares debido a la violencia. Fátima solía ser muy optimista, pero ahora ya ni puede sonreír ni dejar de llorar.

El caso de Amira es similar. Vive en Bourj Hammoud, en una pequeña casa sin amueblar de una habitación que alquila por 325 €. Su esposo vive en Alemania; ella quiere unirse a él con sus hijos porque ya no puede hacer frente al alto coste de la vida en el Líbano.

Con 1,5 millones de refugiados sirios, el Líbano alberga la mayor cantidad de refugiados per cápita del mundo. El 76% de estos refugiados viven por debajo del umbral de la pobreza, y más de la mitad son niños.

Amira está tan desesperada que a veces piensa en subirse a un barco rumbo a Europa, pero no quiere arriesgar la vida de sus hijos. Hace más de un año recibió una respuesta del ACNUR confirmando que se había aprobado su solicitud de reasentamiento; sin embargo, todavía sigue esperando un lugar adonde ir. Estos procedimientos están muy extendidos. Además, solo los refugiados registrados son elegibles para el reasentamiento; lamentablemente, un 70% de los refugiados sirios que viven en el Líbano no están registrados.

El gobierno libanés hace grandes esfuerzos, pero sus capacidades son limitadas. Después de siete años de conflicto, el creciente número de refugiados plantea muchos desafíos a las infraestructuras y economía del país. El Líbano no puede soportar esta carga solo. La comunidad internacional no debe dar la espalda a una situación que requiere un enfoque global.

El conflicto sirio no es ni una revolución ni una guerra civil, ya que hay ciudadanos de docenas de países que se matan entre sí en Siria. Es el caos. Pero las víctimas son sirios inocentes, las personas que mueren son sirios, y las personas que huyen son sirios. Debemos escuchar sus voces.

La única solución a esta situación es dejar de mirar a Siria con indiferencia y exigir la paz. Es nuestro deber.

El JRS pide:

• A las partes involucradas que pongan fin a la guerra y la muerte de civiles inocentes.
• A la comunidad internacional que comparta la responsabilidad de apoyar a los refugiados sirios que viven en los países de acogida. Los refugiados sirios en los países vecinos deben disfrutar de condiciones de vida seguras y dignas.
• Que se garantice el acceso a una educación de calidad a todos los niños sirios (especialmente el acceso a la educación secundaria).
• A la UE y otros países occidentales que aumenten sus cuotas de reasentamiento y aceleren sus procedimientos como parte del reparto de responsabilidades.
• A la UE y otros países occidentales que proporcionen vías adicionales seguras y legales para las personas que huyen de la persecución y el conflicto, como visados humanitarios, visados de reunificación familiar y visados de estudiantes y de formación.

Si está interesado en apoyar el trabajo del JRS en Siria, haga clic aquí.