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via todas las campanas

Bogor, 17 enero 2018 – Cuando nos imaginamos a un médico entre refugiados, se nos puede perdonar por suponer que el doctor esté allí para proporcionar un tratamiento médico de emergencia. Sin embargo, cuando vimos por primera vez a la Dra. Tine Quendangen, la encontramos estirada sobre el suelo junto a una persona refugiada,  tratando ambas de reprimir su risa.

Tine se retiró de la práctica médica a tiempo completo hace un año, y no quería pasar el tiempo yendo de compras, ni buscando otras formas de ganar más dinero. Se dio cuenta de que tenía una cosa en la que era realmente rica: "Ahora tengo tiempo para dar".

Cuando decidió ser voluntaria del Servicio Jesuita a Refugiados en Indonesia, Tine vio que una queja común entre los refugiados era el dolor de espalda crónico. Ahora enseña a los refugiados ejercicios para estirar y fortalecer articulaciones y otros músculos para aliviar y prevenir el dolor de espalda.

El entrenamiento a veces implica contacto físico, y esto puede llevar a la incomodidad y luego a la risa. "La risa también les ayuda a olvidar su dolor", dice Tine.

"Incluso si no tenemos habilidades especiales, podemos prestar nuestra atención a las personas refugiadas, preguntándoles cómo son, por ejemplo". Para Tine, ser doctora no es lo más importante que aporta a los refugiados. Les ofrece amistad, una escucha atenta, un minuto para compartir una risa. Tine sabe que solo necesita #Do1Thing para cambiar la vida de un refugiado.



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