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via todas las campanas

Cisarua, 14 enero 2018 – Para la mayoría de nosotros, visitar un país extranjero cuyo idioma no hablamos no siempre supone un gran problema. Nos quedamos en hoteles donde el recepcionista nos hace las reservas de restaurantes, taxis y excursiones, a la vez que podemos consultar aplicaciones de teléfonos inteligentes para aquel par de frases que necesitamos usar.

Para un refugiado que lleva esperando mucho tiempo su reasentamiento, o que trata de solucionar las numerosas trabas burocráticas en un país cuyo idioma no le es familiar, la experiencia es muy diferente. Sari, una joven indonesia de Cisarua, lo sabe.

La oímos decir: "Soy joven y no tengo mucho dinero. Entonces, ¿qué puedo ofrecer realmente a los refugiados?”

Lo que tiene Sari es algo de tiempo libre, y el conocimiento de su propio idioma, el Bahasa Indonesia. Este es su regalo para los refugiados hazaras que han huido de Afganistán a Indonesia y que están a la espera de su reasentamiento en terceros países: el don del lenguaje, que abre las puertas, conecta a las personas y posibilita relaciones. Parece algo irrelevante, pero enseñar a un refugiado el idioma de la comunidad donde vive contribuye a acoger, proteger, promover e integrar a ese refugiado, las cuatro cosas que el Papa Francisco nos pide que hagamos.

El mensaje que nos envía Sari es que debemos ser abiertos, amistosos y conocer a los refugiados. Quizás, sugiere, deberíamos hablar menos y hacer más. Sari nos muestra que basta con #Do1Thing para marcar la diferencia.


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