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Voluntarias cuidando de unos niños mientras sus padres están en una clase de conversación de francés. (Tamam Nassar /JRS)

Montréal, 5 enero 2018 – Tras la llamada en 1980 de Pedro Arrupe SJ, entonces Superior General de la Compañía de Jesús, a ayudar a los boat people vietnamitas, los jesuitas del Canadá francófono comenzaron a apoyar a los refugiados. Canadá ya había puesto en marcha ayudas privadas para los refugiados en 1979. Desde entonces, los programas de patrocinio de los jesuitas apoyaron a miles de  desplazados.

El programa es bastante simple: un primer componente es para los residentes en Quebec que deseen traer familiares a Canadá, pero que no reúnen las condiciones económicas según el gobierno, para hacerlo: estos acuden a nosotros y les avalamos. Hacemos la parte administrativa cumplimentando los formularios del gobierno y asegurándonos de que los recién llegados, como prefieren ser llamados, cuenten con la documentación necesaria. Una vez aprobada la solicitud, hay un período de espera que suele ser de dos a cinco años antes de que lleguen los recién llegados.

Un segundo componente es para grupos, generalmente parroquias, que desean patrocinar a una familia de recién llegados. Cuentan con los medios económicos y por lo tanto no nos requieren como garantes; sin embargo, dependen de nuestra experiencia administrativa.

Cuando llegan, ayudamos a los patrocinadores (miembros de la familia o grupos) en el proceso de integración. Esto significa estar con ellos en el aeropuerto, ayudarles con el papeleo (hay muchos formularios que rellenar cuando llegan - solicitudes para sus tarjetas de salud, números de seguridad social, etc.), acompañarlos durante su transición a una nueva cultura e idioma, ayudar a los que sufren traumas psicológicos, apoyarlos en su búsqueda de trabajo, colaborar económicamente a cubrir sus necesidades básicas, y orientarlos en su nueva ciudad: transporte público, bibliotecas, centros de ocio, escuelas, etc.

En 2016, Canadá acogió a más de 45.000 refugiados, principalmente de Siria, cifras que no se habían visto desde las crisis vietnamita y bosnia. Esto es algo excepcional, y escuchar a recién llegados y patrocinadores es esencial para atender las necesidades de ambos. Lo que es cierto es que para estas personas es importante que estemos presentes, para que comprendan mejor qué sienten y experimentan respecto a su desarrollo personal.

Al ver que los patrocinadores no podían responder al creciente número de recién llegados y a sus necesidades, pusimos en marcha un proyecto especial y holístico que nos permitía abarcar los diferentes aspectos del recién llegado: psicosocial, físico, intelectual y espiritual.

Con el apoyo de un grupo de 25 voluntarios experimentados y dos trabajadores, el proyecto se centró en tres aspectos importantes de la vida del recién llegado a Canadá: el acompañamiento en sus necesidades psicosociales y espirituales, su integración en la vida comunitaria y el aprendizaje del francés. Tratamos de lograrlo, en la medida de lo posible, en las comunidades donde viven.

En lo psicosocial y espiritual, ofrecemos apoyo a personas y familias en luto por la pérdida de familiares o amigos, sus medios de subsistencia, su país, etc., y les ayudamos en el proceso de reasentamiento. Para lograrlo, impulsamos actividades como visitas a domicilio, sesiones introductorias sobre la vida en Canadá y talleres sobre problemas que uno puede encontrarse al hacer la transición forzosa a un nuevo hogar.

Las visitas domiciliarias permiten a los recién llegados expresar sentimientos: sufrimiento, miedo, estrés, ansiedad, ira, alegría, gratitud, etc. Esto nos permite responder mejor a sus necesidades acompañándolos al hospital o a las escuelas de sus hijos.

También hacemos el seguimiento de todas las solicitudes, investigando sobre sus necesidades de formación, equivalencia profesional o educación para adultos. Lo más importante es que las visitas forjan una relación de confianza con los recién llegados. De hecho, han solicitado nuestra ayuda para superar problemas familiares. También mediante las visitas domiciliarias descubrimos que los padres necesitaban apoyo para ayudar en las tareas de sus hijos y para comprender mejor el sistema educativo. Un elemento esencial de estas visitas es la oportunidad de socializar con toda la familia. Estas son palabras de padres y niños:

“No tengo palabras para expresar mis sentimientos cuando se quedó hasta las 11 de la noche para ayudar a mi hijo con el examen que tenía al día siguiente”. - Madre de dos adolescentes

“Al principio, tenía un poco de miedo por el color de su piel, pero ahora no quiero que vuelva a su país”. - Una niña de ocho años hablando de una voluntaria africana que la ayudaba en las tareas

“Me ayudó a tener confianza en mí mismo”. - Un joven de 16 años

Nuestras sesiones informativas han sumergido a los recién llegados en la cultura canadiense, específicamente la de Quebec. Descubren recursos asequibles y disponibles, y si hay algo que no podemos proporcionar, les informamos de otras organizaciones con las que colaboramos.

En asociación con un departamento escolar, hemos puesto en marcha clases de conversación en francés dirigidas por un maestro y/o un voluntario. Al ser menos formales, estas clases permiten a los recién llegados expresarse en el contexto de la vida cotidiana. Durante las mismas, otros voluntarios cuidan a los niños.

Una parte vital de nuestros programas es un taller sobre los problemas de dejar su país y llegar a una nueva sociedad. Esta da a los recién llegados la oportunidad de tener una voz y un espacio donde expresar libremente sus sentimientos. A menudo, esos sentimientos nunca se tratan debido a la prisa por integrarse (aprender el idioma, encontrar un trabajo, etc.). En estos talleres, se les da ese tiempo y ese espacio tan necesarios.

Durante estos días compartiendo, tanto los jóvenes como sus padres meditan, cuentan historias, cantan, juegan y comen. Experimentan al completo su nueva vida juntos.