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Iya Haman Marcel, director de la escuela de primaria de Kette, una aldea cercana a la frontera camerunesa con la República Centroafricana, con el apoyo del JRS.(Joseph Thera/JRS West Africa)

Kette, 14 de septiembre de 2017 - El Sr. Iya Haman Marcel es el director de la escuela primaria de Kette, Camerún, donde el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) trabaja para apoyar tanto la educación en general como la integración de los refugiados de la República Centroafricana en las comunidades locales.

Mi nombre es Iya Haman Marcel. Soy el director de la escuela de primaria de Kette, un pueblo situado a menos de 45 km. al este de la frontera de Camerún con la República Centroafricana.
Cuando fui nombrado director en 2012 solo había 47 alumnos en la escuela. En 2015 había unos 900 alumnos, incluidos 100 refugiados, y para el curso escolar 2015-2016 llegamos a 1.300 tras una llegada masiva de más de 200 niñas y niños refugiados.Apenas sabía qué pasos dar, o a quién podía preguntar, para conseguir refuerzos que nos ayudasen en el cuidado y la educación de estas niñas y niños. De hecho, solo éramos tres para el tema docente: dos padres y yo.

Luego, una buena mañana, como una respuesta a mis oraciones, llegó un equipo del Servicio Jesuita a Refugiados, encabezado por Michel Bizoza, director del proyecto en Batouri, y la Hermana Joséphine, coordinadora de actividades educativas. Al parecer, esta fue una reunión muy importante, ya que formaba parte de su misión de proporcionar apoyo educativo a los refugiados. Fue una bocanada de aire puro y me sentí muy orgulloso de poder proporcionar toda la información que buscaban.

Unos meses más tarde, como parte de su plan de acción, el equipo había proporcionado a la escuela una buena selección de libros escolares, mesas y bancos, y eso dio un ápice más de comodidad, especialmente a los alumnos. Además, remozaron las aulas y nos ayudaron a contratar a siete maestros más. Puede imaginarse lo feliz que me sentí al poder devolver algunos de estos favores aceptando dirigir una campaña contra el analfabetismo en los campamentos de refugiados.

Los niños en situaciones de emergencia apenas tienen la noción de aprender o enseñar, de cómo trabajar juntos, o de la higiene personal básica o la importancia de usar ropa limpia. Era, y es, algo descorazonador y triste de  ver. Llegaban a la escuela sucios, tristes y sin nada. Peor aún era verlos en los momentos de descanso, un grupo aparte, sin saber cómo o si participar en los juegos y sin nada para comer, en contraste con los niños locales. Para ayudar a aliviar esta espiral de alienación, sostuve un pequeño presupuesto de unos miles de francos CFA para comprar rosquillas, etc. para el momento del recreo, pero era una gota en el océano y eso no bastaba.

Es por eso que busco el apoyo - moral, físico y económico - de personas altamente motivadas para ayudar con un proyecto diseñado para apoyar a estos niños a prepararse para un futuro mejor, para luchar contra la malnutrición mediante la creación de una cantina escolar y para inculcar los principios básicos de higiene personal y limpieza general de su ropa.