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David Bulambo y sus tres hijas viven actualmente en Hamilton, Ontario.

Ontario, 6 julio 2017 - "Ser padre es una responsabilidad para toda la vida. Ya no vives para ti. Vives una vida que también está conectada con la de los otros miembros de tu familia. En especial cuando tienes un miembro de la familia con una necesidad especial, la responsabilidad es incluso mucho más alta", dice David Bulambo, ex refugiado congoleño, fue reasentado en Canadá el mes pasado con sus tres hijas, dos de las cuales tienen necesidades especiales.

David salió de su país de origen, la República Democrática del Congo (RDC), en 1996. En ese momento, él estaba solo, huyendo de un conflicto que mató a millones de personas incluyendo a cuatro familiares suyos. David pensó que podría regresar a la República Democrática del Congo, pero dos décadas más tarde, la situación no mejoró y David seguía siendo un refugiado.

En la primera mitad de estas dos décadas, David solo se tenía a si mismo para sobrevivir en lo que él llama "la vida durísima" en el campo de refugiados de Kakuma, a 120 km de la frontera con Sudán del Sur. "Entrar en un campamento de refugiados es una experiencia que trastoca la vida. Estás aislado del mundo y vives dependiendo de la ayuda. Ese es un momento en que pierdes toda esperanza".

La vida en el campamento seguía siendo grave hasta que Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) inició un programa de becas en el campamento de Kakuma y David fue uno de los primeros en solicitarla. Dice que el día en que le otorgaron la beca fue el día en que le ofrecieron otra oportunidad en la vida. Sabía que la educación sería la única manera de salir del campamento y tenía razón. Después de completar su primer grado en estudios de comunicación e idiomas, en 2008, tuvo una nueva oportunidad al ir a Nairobi y conseguir su segundo grado. "El JRS fue el trampolín para alcanzar una educación superior y para todo lo que vino después", dice David.

Cuando se mudó a Nairobi, David también comenzó una familia, se casó y se convirtió en padre de tres hijas. Aunque la paternidad fue la mayor alegría de David, pronto descubrió sus desafíos cuando a una de sus hijas le diagnosticaron autismo. "Cuando ves que a un miembro de la familia le diagnostican un problema de salud que no es curable, es devastador". Y David no tenía ni idea de por dónde empezar. "Tuve que buscar en google para entender lo que era".

Las cosas para David se pusieron aún más difíciles cuando su segunda hija comenzó a mostrar los mismos síntomas y finalmente también le diagnosticaron autismo, tras lo cual su esposa comenzó a sufrir de depresión severa. Las escuelas rechazaban a sus hijas, los expertos eran demasiado costosos y él asumió todas las cargas del hogar.

"Tenía que estar en casa las 24 horas del día, siempre despierto para asegurarme de que todo iba bien. Cuando no estoy allí sienten mi ausencia. Tengo que proteger a todos en la casa. Por eso digo que ser padre es una responsabilidad para toda la vida".

El amor de David por su familia nunca cambió y se fue haciendo más fuerte.

Entonces, David recibió la noticia de que sería reasentado con su familia en Hamilton, Ontario, en Canadá, un lugar donde hay recursos disponibles para sus hijos y su esposa. "En Canadá, hay esperanza", dijo David. Apenas ha pasado un mes con su nueva vida y David ya ha ido a escuelas que aceptarán a sus hijas y donde encontrarán apoyo para sus necesidades especiales.

David dice que debe esta esperanza a la educación que recibió como refugiado. "La educación tiene el poder de abrir la vida de uno. Ese fue mi caso". Su educación era fundamental para enfrentarse al mundo que había a su alrededor, incluso cuando las cosas eran tan difíciles. Y la educación de David ahora le sirve de punto de apoyo en la transición a una nueva vida y a ser padre.

David también tiene un mensaje para los otros padres refugiados como él. "Los padres no deben perder la esperanza. Tenemos que ser persistentes en el cuidado de nuestros hijos, porque su mañana depende de lo que se les dé hoy".