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El equipo del JRS en Maban, Sudán del Sur (Angela Wells / Servicio Jesuita a Refugiados)

Maban, 21 de abril de 2017 - Estamos devastados por el reciente giro de los acontecimientos aquí en Sudán del Sur.

Tras cinco largas décadas de guerra con el norte, Sudán del Sur se independizó en 2011. Poco después, en diciembre de 2013, el conflicto actual, una guerra civil a gran escala, amenaza la existencia de la nación más joven del mundo.

Con más de 3,5 millones de sudaneses del sur desplazados, nos encontramos ante la mayor situación de desplazamiento del continente africano, que, junto con la crisis económica (una inflación de más del 800%) ha llevado a una crisis humanitaria sin precedentes en Sudán del Sur.

El 20 de febrero, el gobierno declaró oficialmente que la hambruna había llegado a algunas partes del país. Según el último informe de UNICEF, "se estima que 5,5 millones de personas en Sudán del Sur (47% de la población) estarían gravemente expuestas a la falta de alimentos en el período entre cosechas, entre mayo y julio de 2017, y se calcula que más de 1,1 millones de niñas y niños sufren de malnutrición aguda".

A pesar de que la sequía ya ha afectado algunas partes del país, la hambruna es responsabilidad del hombre, causada principalmente por el conflicto actual. Millones de personas pasan hambre y cientos de miles corren el riesgo de morir de inanición a menos que las armas callen. Los acuerdos de agosto de 2015 no han dado frutos y hay una confrontación militar abierta, violencia y abusos contra los derechos humanos en muchas partes del país. La fuerte presencia de armas ligeras y de milicias locales complica aún más la posibilidad de cualquier arreglo pacífico.

El reciente asesinato de seis trabajadores humanitarios en marzo en la carretera Pibor-Juba ha elevado la cifra total de trabajadores humanitarios muertos desde que el conflicto comenzó en diciembre de 2013 a la abrumadora cifra de 79. Sudán del Sur es un lugar peligroso para la familia humanitaria en un momento en que su gente más la necesita.

En medio de todos estos desafíos, el JRS en Sudán del Sur continúa invirtiendo en educación y en actividades psicosociales y pastorales en Yambio y Maban. Se ofrece educación como una medida de protección para evitar el reclutamiento forzoso, pero también para preparar a las futuras generaciones a resolver las disputas a través del diálogo y la negociación en vez de con la violencia y las armas. Se ofrece apoyo psicosocial para ayudar a las personas a sanar las heridas y superar las adversidades. Hay actividades pastorales para celebrar la vida en medio de tanta muerte y devastación y proclamar que Dios no ha abandonado al pueblo de Dios.

Nuestros hermanos del JRS a lo largo de la frontera en el norte de Uganda (Adjumani) y Kenia (Kakuma) reciben a cientos de miles de sudaneses del sur ofreciéndoles servicios similares, para que el tiempo en el exilio no sea un tiempo perdido sino más bien para imaginar y preparar un mejor futuro.

En una nota reciente titulada "Una voz llora en el desierto", los obispos de Sudán del Sur animaron a todos con estas palabras: "Os invitamos a permanecer espiritualmente fuertes y a ejercitar la moderación, la tolerancia, el perdón y el amor. Trabajen por la justicia y la paz; rechacen la violencia y la venganza. Estamos con ustedes".

En la misma pastoral explicaron también que el Papa quiere visitar Sudán del Sur. Deseamos que su visita se lleve a cabo y que los corazones de piedra se suavicen para que la paz y la justicia puedan florecer en esta hermosa tierra. Demasiadas personas ya han perdido la vida en esta guerra sin sentido.

Pau Vidal, SJ - Director del proyecto, JRS Maban

(También puede visitar: http://enpau.blogspot.com/)