via todas las campanas


Un grupo de jóvenes de la comunidad de acogida del condado de Maban, Sudán del Sur, imparte clases básicas de inglés en la escuela infantil del JRS para niños desplazados. En Maban una de cada seis personas se ha visto desplazada por el conflicto. A medida que esta cifra aumenta, también lo hace el número de niños y niñas que pierden años de educación. (Andrew Ash / Servicio Jesuita a Refugiados).

Roma, 19 de Abril 2017 - Sudán del Sur, país recién creado, azotado por el hambre y devastado por la guerra civil, es un lugar difícil en el norte de África central. Es un lugar que guardo en mi corazón. El Servicio Jesuita a Refugiados (JRS), donde trabajo, lleva 24 años ofreciendo servicios educativos a los sudaneses del sur. Desde que obtuvo su independencia en 2011, Sudán del Sur no ha dejado de sufrir. Un elemento particular de este sufrimiento me golpea con fuerza. Soy madre de una niña de 10 años brillante y de pensamiento libre cuyo mundo se amplía día a día en la escuela. En Sudán del Sur, las niñas jóvenes corren el riesgo real de verse obligadas a un matrimonio precoz. La educación es un bien escaso. Asombrosamente, las niñas adolescentes tienen tres veces más probabilidades de morir en el parto que de terminar la escuela primaria. Si hemos aprendido algo sobre cómo mejorar la vida de las niñas y las mujeres en los lugares donde están oprimidas, es dándoles una educación. Este es un objetivo esencial de la misión del JRS.

Pero eso cuesta dinero. El domingo 23 de abril, doce animosos corredores participarán en la Maratón de Londres. Recorrerán 26,2 millas de asfalto para recaudar fondos que el JRS destinará a la educación y la paz en uno de los países más volátiles del mundo. Mis pensamientos sobre la carrera y el apoyo a estos corredores de gran corazón se entrelazan con mi amor ilimitado por mi hija y su creciente conciencia de la difícil situación de sus jóvenes iguales en Sudán del Sur. Se lo voy a explicar:

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Antes de ir a trabajar cada mañana a la oficina internacional del JRS en Roma, escucho un boletín de noticias de cinco minutos mientras preparo el café de la mañana. Mi hija sabe que este ritual es casi sagrado y no se atreve a hablar conmigo durante el informativo. A menudo recurro a la sabiduría de mi hija cuando escucho los titulares desesperados del mundo. Aunque algunos días tenemos más prisa que otros, siempre hablamos de lo que oímos mientras desayunamos juntas.

Recientemente, la noticia de la hambruna declarada en Sudán del Sur fue el tema de nuestra conversación de la mañana. "Mamá, ¿por qué la gente está muriendo de hambre en Sudán del Sur?" pregunta mientras picotea la harina de avena horneada. No me pasa desapercibida esta cruel ironía. Lo pensé lentamente, dándome tiempo para elaborar una respuesta clara a la confusa realidad sursudanesa. Intenté explicar las complejas cuestiones de los conflictos geográficos, culturales, étnicos y raciales de la mejor manera posible. Para entonces, mi café se había enfriado y ya debíamos haber salido a la escuela hacía cinco minutos.

Mientras nos apresurábamos para terminar de vestirnos y recorrer las caóticas calles de Roma de camino a la escuela de mi hija, la conversación del desayuno continuó. Ella le iba dando vueltas a la noticia imaginando niños y adultos comiendo hojas de árboles mientras los alimentos se iban agotando, incluso en las zonas donde la hambruna aún no se había declarado.

- ¿Puedes imaginarte comer hojas para desayunar, mamá?

Por supuesto que no. Comencé a explicar el trabajo a largo plazo del JRS en Sudán del Sur, que busca abordar las causas subyacentes, prevenir los conflictos y promover la paz en este y otros países.

Esto es, en verdad, lo que hacemos mejor. A través de los programas educativos, el JRS ofrece a las personas la oportunidad de curarse, aprender y valerse por sí mismas y a cuidar de sus familias. Esta ayuda los alienta a contribuir positivamente a sus comunidades, presentes y futuras. Le insistí en que esto es clave para ayudar a las niñas de su edad en Sudán del Sur a evitar matrimonios precoces, o en el caso de los muchachos – apenas un par de años mayores que ella – a enrolarse en grupos armados y criminales. Lo relacionó de inmediato: estaba de acuerdo en que la educación es mejor que estas otras opciones.

Cuando ya estábamos acercándonos a su escuela, le dije que el domingo 23 de abril, un equipo de corredores recogería fondos para proyectos de educación del JRS en Sudán del Sur participando en la Maratón de Londres. Quería saber más. Cuando cruzamos una intersección particularmente peligrosa, le dije que uno de los maratonistas se vestiría con un traje peludo con una nariz puntiaguda y correría toda la carrera como un "Womble". Los wombles, le conté, son un invento de una luchadora madre británica cuya hija, al pasear frente a Wimbledon Common, lo pronunció erróneamente como "Wombledon Common". Esto le sugirió la idea de los Wombles, y así nació una serie de historias infantiles.

De repente, estuvimos comparando nuestro viaje diario de 30 minutos cargadas con mochilas pesadas a correr 26,2 millas vestidos con un disfraz de Womble. ¡Mostrar es mucho más eficaz que decir! Este año, el defensor del JRS, Michael Frain, correrá como Womble, los personajes que han sido adoptados en los últimos 20 Maratones de Londres por las Misiones Jesuitas (MJ) en Wimbledon, sede de los Wombles. Él quiere ser el Womble más rápido que jamás haya corrido en la maratón de Londres. A pesar del incómodo disfraz, parece estar bien preparado, le aseguré. Y corrió 262 millas a través del desierto del Sahara y ha realizado cuatro triatlones Ironman (el más exigente).

Cuando ya veíamos la escuela de mi hija, le expliqué que una de las mejores partes de mi trabajo es dar testimonio de todas las formas creativas en que gente de todo el mundo ofrece su pasión y habilidades para responder a la situación no solo en Sudán del Sur, sino también en Siria, donde la guerra civil lleva más de seis años, y en los 47 países donde trabaja el JRS.

Desde el desayuno, le había dicho tantas cosas que temí haberla sobrecargado. Así que me dispuse a decirle adiós y seguir mi camino.

"¿Tienes tu bocadillo?" le pregunté. "Sabes, incluso los Wombles aprenden mejor cuando sus barrigas están llenas". Le guiñé un ojo, en lugar de abrazarla, ya que sus amigas estaban a la vista y ahora prefiere despedidas sin abrazos.

Pero esa mañana, no me dejó para irse con sus compañeras que la esperaban fuera de la escuela. "¿Mamá, los niños de las escuelas del JRS en Sudán del Sur también toman bocadillos?", preguntó.

Si cariño. Los refrigerios nutritivos son parte de nuestro presupuesto educativo y la razón por la que estos maratonistas están recaudando fondos para nuestros programas".

"¡Oh Dios! Está bien, será mejor que vayas a trabajar.

Mientras la veía cruzar la calle sola, mi corazón se desbordó de un intenso amor por una niña que me une a las madres de todo el mundo. Necesitaba apresurarme para llegar a tiempo al trabajo. Pero por alguna razón mis pies no se movían del pavimento al imaginar el ritual matutino de miedo, hambre y desesperación de una madre en Sudán del Sur.

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El mundo que mi hija heredará sin duda será aún más complejo y con más sufrimiento. Pero he decidido que no le hago ningún favor ocultándole los horribles titulares del mundo y endulzarle el día con "hechos alternativos" que se parezcan a los cereales recubiertos de azúcar de su desayuno.

Ya sea un adulto o un niño, es fácil sentirse abrumado por la enormidad de la hambruna en Sudán del Sur o la horrible guerra civil de Siria. Es tentador apagar las noticias cuando sentimos que no hay nada que podamos hacer para promover la paz en el otro lado del globo, sobre todo porque muchos de nosotros luchamos por poner el desayuno en nuestra propia mesa.

Como persona de fe, sostengo que la mayoría de nosotros tratamos de desempeñar algún papel, grande o pequeño, para aliviar algo de sufrimiento en alguna parte. Y realmente creo que cuando nos involucramos y nos sentimos partícipes de estas soluciones, contribuimos al cambio positivo que buscamos en este mundo imperfecto que un día confiaremos a nuestros hijos e hijas. Así que por favor, no mire a otra parte. En vez de ello, mire a su alrededor, abra su corazón y escuche. Venga y conozca esas noticias verdaderas en este mundo turbulento, con destellos de bondad y esperanza. Incluso si es algo tan simple como saber que Wombles y gente normal y corriente correrán grandes distancias en apoyo de la educación en Sudán del Sur, una educación que puede salvar vidas. Como sé, y como mi hija seguramente entiende, esta es una noticia digna de ser escuchada.

Jill Drzewiecki, International Campaign and Philanthropy Coordinator

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Para unirse a la carrera por sus vidas:

Jesuit Missions UK ya está buscando la siguiente promoción de corredores para la Maratón de Londres de 2018 y recaudar fondos para nuestros proyectos que cambian vidas. Si estás listo para el desafío, ponte en contacto con richard@jesuitmissions.org.uk. Estaremos encantados de tener corredores de todo el mundo que representen a nuestro equipo en 2018. Los Wombles son especialmente bienvenidos.