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Aisha y su hija Fátima en Ammán (Kristóf Hölvényi/El Servicio Jesuita a Refugiados)

Al-Hussein, 24 de marzo de 2017 - "Aisha" es un nombre especial en el mundo árabe que tiene una retahíla de significados que van desde "ella la que vive" a "la filosófica". Cuando Aisha nació hace dieciocho años en Homs, Siria, fue un regalo para sus padres. A medida que crecía, tenía sueños y esperanzas de una buena educación, una familia feliz y una vida cómoda y próspera.

Un día de 2012, sus sueños saltaron por los aires. La guerra llegó a partes de Siria como nunca antes. Su casa fue bombardeada. Junto con su madre y sus hermanos, huyeron a un lugar más seguro. Pasaron algunos meses en el sótano de una fábrica de muebles que también fue bombardeada. Eran fugitivos en su propia tierra, huyendo de un lugar a otro, inseguros en aquel mismo lugar que fuera su hogar. Desde que su casa fue bombardeada, Aisha no ha tenido noticias de su padre.

En la desesperación, la familia decidió huir de Siria. Era la única manera de asegurar su supervivencia y un futuro mejor. Después de superar muchos obstáculos, Aisha y los cinco miembros de su familia finalmente llegaron a Jordania donde podrían descansar seguros y mirar adelante hacia un futuro mejor.

En Jordania, su familia llegó por primera vez a Al-bashasha, en Ramtha. Más tarde se trasladaron al área del campamento de Al-Hussein, que para la mayoría de ellos sigue siendo el hogar. Algunos miembros de su familia viven en Karak, en las afueras de Ammán. No ha sido fácil en ninguna parte. El aumento constante del precio de los alquileres de apartamentos ruinosos los obliga a moverse con frecuencia de un lugar a otro.

A pesar de sus muchas luchas, Aisha todavía confía en tener una vida pacífica. Se sintió feliz cuando otro refugiado sirio como ella, Mohamed, le propuso matrimonio y finalmente se casaron. Mohamed también sufrió mucho por la guerra. Perdió a la mayoría de los miembros de su familia en una explosión y su mano derecha sufrió un daño irreparable. Como carpintero de profesión, aquella bomba destruyó su carrera por completo.

Aisha y Mohamed disfrutaron de su vida como recién casados. Aisha pronto se quedó embarazada y sin una atención prenatal adecuada, tuvo muchas dificultades. La pareja estaba preocupada por poder pagar un tratamiento médico.

El nacimiento del bebé de Aisha trajo una gran alegría a la familia. Por desgracia, hubo una notable negligencia por parte del médico responsable del parto y la cesárea, y no la atención posnatal fue insuficiente. Aisha sufrió fuertes pérdidas de sangre durante meses tras el parto hasta que un médico le sugirió que realizara otra operación. Dijo que era una pequeña cirugía, pero duró tres horas y media y supuso un gran gasto para su familia. Ella estuvo en el hospital durante tres semanas más.

Hoy, ya nada es igual para Aisha. La familia ha buscado opiniones médicas de varios médicos, pero ninguno parece poder darle un consejo adecuado, porque el primer médico se niega a darles sus informes médicos, que, sin duda, le pertenecen a ella. Le han dicho que nunca podrá tener otro hijo mediante cesárea.

Ella todavía sufre de dolor abdominal y no puede amamantar a su hija. En vez de ello, le da leche en polvo. Las quejas contra el primer doctor le han generado amenazas a Aisha y a su familia. Les amenaza con llamar a la policía y hacerlos arrestar.

El JRS ha acompañado a Aisha en este viaje: visitando su hogar, escuchándola y empatizando con ella. Y ella muestra su gratitud: "Nuestro sincero agradecimiento al JRS por ayudarnos y salvarnos de ciertos riesgos; por responder a nuestras necesidades y darnos esperanza y motivación para continuar nuestras vidas. Sabemos que el JRS estará siempre con nosotros y por nosotros".

Aisha es una mujer valiente que espera que un día la vida sea mejor para ella y su familia. Ella ha llamado a su hija Fatima, que significa "la que brilla". Aisha le desea una vida mejor, educación y sobre todo la oportunidad de crecer en un país pacífico, libre de discriminación y de guerras religiosas y sectarias. Al mirar a Fatima, de diez meses, encuentra un rayo de esperanza.                                                                                     

- Esraa y Mohamed. Equipo del JRS Jordania