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Debo admitir que, por extraño que parezca, viniendo de una mujer, me gusta trabajar con motores y automóviles. Es real. Es práctico. Me gusta más que la escuela de contabilidad.(Giulio D'Ercole — Jesuit Refugee Service)

Campo de Refugiados de Dzaleka, 6 de diciembre de 2016 - Eureka dejó la República Democrática del Congo con su hijo después de que su marido, periodista, muriera víctima de la violencia política. Ahora vive refugiada en Dzaleka, donde un curso de formación del Servicio Jesuita a los Refugiados le ofreció nuevas habilidades y esperanzas para su futuro. Ella ya puede mantener a su hijo y darle un futuro mejor.

Esta es, en sus propias palabras, la historia de Eureka:

Mi nombre es Eureka y vengo de Kinshasa, la capital de la República Democrática del Congo (RDC). Tuve una infancia realmente agradable. Recuerdo sentirme arropada por el amor de mi familia. También tenía muchos amigos. El recuerdo más feliz de mi infancia en la República Democrática del Congo era cuando iba con mi padre a ver partidos de fútbol. Éramos grandes seguidores del equipo de Kinshasa. Fueron días de una gran felicidad. Había comida y alegría, especialmente cuando el equipo ganaba. El fútbol sigue gustándome mucho.

Fui a la escuela secundaria y me diplomé en contabilidad. La vida era buena. Conocí a un buen chico y nos casamos. En 2011 nació nuestro hijo. Le puse el nombre de mi futbolista favorito, Messi, el gran campeón argentino.

La paz se terminó un día, de repente. Mi marido era un activista político. Una noche, mientras estaba en la cocina preparando la cena, oí disparos. Al ver que mi marido no regresaba a casa, empecé a temer que algo terrible le había sucedido. De hecho, ya jamás volví a verle después de ese día. La gente me dijo que lo habían detenido y fusilado. No estoy segura de si está muerto o vivo. Nunca vi su cadáver.

Tras la desaparición de mi marido, entendí que la RDC ya no era un lugar seguro ni para mí ni para mi hijo, así que decidí irme. Huir no iba a ser un camino de rosas. Sin dinero tuvimos que viajar por cualquier medio que pudiéramos encontrar. Unas veces a pie, otras, había gente que nos llevaba, y también viajamos en camiones. Comíamos y dormíamos lo que fuera y donde fuera gracias a buenos samaritanos que encontrábamos en el camino. Pero no solo había buenos samaritanos, también había personas malas. Abusaron sexualmente de mí. En una ocasión, unos asaltantes que abusaron de mí me quemaron todo el cuerpo, incluyendo mi cabeza y mi rostro, con café hirviendo.

Me sentía totalmente desamparada hasta que finalmente llegamos al campamento de Dzaleka. Después de un viaje tan terrible, me encontré en un país donde solo hablaban inglés, un idioma que no conocía. Desamparo y vulnerabilidad son dos sentimientos que todavía me abruman, especialmente cuando me doy cuenta de cuál es mi condición hoy y la comparo con lo que tenía, con la felicidad que sentía en mi propio país. Aquí soy una viuda pobre con un niño pequeño a quien cuidar, sin trabajo, y sin una perspectiva real de futuro. A veces siento que la mejor parte de mi vida se ha ido, y que ya no volverá jamás.

Mi hijo es lo que me mantiene viva. Quiero una vida mejor para él, una buena educación y un futuro como futbolista. A veces discutimos porque él ya me dice que de mayor quiere ser médico. Messi es mi único amor ahora. Él es mi mayor consuelo, mi alegría y mi apoyo emocional.

Hace poco, debo decir que encontré alguna esperanza y que me siento mejor desde que empecé el curso de electromecánica del JRS. Es bueno tener un lugar donde ir, donde aprender junto a otras personas. Debo admitir que, por extraño que parezca, viniendo de una mujer, me gusta trabajar con motores y automóviles. Es real. Es práctico. Me gusta más que la escuela de contabilidad.

Me da la esperanza de tener un buen trabajo en el futuro. Esta capacitación me da nuevas energías y un lugar donde puedo socializar y, en cierta manera, olvidar mi pasado y mi condición de refugiada.

La Iniciativa de Educación Global del Servicio Jesuita a Refugiados busca fortalecer los proyectos de educación aumentando la asistencia a la escuela, mejorando la calidad general de la educación y dando empleo a los refugiados. Usted puede apoyar la educación de los refugiados en Malawi y en todo el mundo. Por favor, pulse aquí para hacer, de forma segura, un donativo online hoy mismo. Gracias por ofrecer educación a los refugiados e invertir en la paz.