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Las estudiantes realizan un juego para educar a la comunidad sobre los nocivos efectos del matrimonio infantil. (Servicio Jesuita a Refugiados)

Iriba, 28 noviembre 2016 -"Nuestra sociedad piensa que las hijas solo están para la reproducción, para cuidar de los niños en casa y hacerse cargo de las tareas domésticas. Esta visión infravalora a las mujeres, su imagen y su papel en la sociedad", dice Nafisa, una bibliotecaria del Centro Juvenil del JRS en el campamento de refugiados de Amnabak.

Un importante obstáculo para la educación de las niñas en el Chad es el matrimonio forzoso o precoz. Todavía hay muchas niñas que se someten a esta práctica cultural en los campos de refugiados, como en muchas sociedades africanas. El matrimonio infantil plantea muchos riesgos para el desarrollo saludable de las muchachas. A menudo, esta práctica pone punto final a la educación de las niñas.

En los campamentos de refugiados de Toulom y Am Nabak, en el este del Chad, el JRS está trabajando para prevenir el matrimonio infantil y aumentar el acceso a la educación de las niñas. Durante el año escolar 2015-2016, hubo algunos logros remarcables en las escuelas de secundaria del JRS: aumentó la tasa de asistencia y se obtuvo la tasa de éxito más alta en los exámenes nacionales chadianos: el 70 por ciento. De los 31 candidatos que se presentaron al examen, pasaron 21: dos muchachos y 19 muchachas.

El JRS también fomenta la educación informal y las artes para combatir los problemas sociales. Tocadas por esta tragedia, las egresadas de la escuela secundaria del JRS en el campamento de Touloum decidieron escribir y montar una obra de teatro, titulada Matrimonio Agujereado, para toda la comunidad. Las graduadas eligieron este título para enfatizar el daño del matrimonio forzado e infantil y concienciar sobre el tema a su comunidad.

La obra cuenta la historia de Mangous, una estudiante cuyo padre, abrumado por la pobreza, decide vender a su hija para el matrimonio. Ella se ve obligada a casarse y a abandonar los estudios en su último año de secundaria.

Solo en esta clase, cinco niñas fueron víctimas del matrimonio precoz. Las estudiantes, de repente, son sacadas de la escuela y casadas, generalmente con hombres mayores, por sus padres. Algunas tuvieron que abandonar los estudios apenas dos o tres meses antes de poder graduarse.

Al final de la obra, las chicas insisten en que educar a las niñas es primordial en una comunidad de refugiados que ha sufrido un trauma. El desarrollo socioeconómico de una nación requiere la educación de la mitad de la población. "¿Acaso no decíamos que educar a una niña es educar a la nación?" preguntan al final.

Joseph Thera, JRS Chad
Antony Mukui, Oficina Internacional del JRS.