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El P. Orville Desilva SJ, director del proyecto JRS Afganistán en Bamiyán, habla sobre los programas educativos del JRS en una reciente visita a la oficina del JRS USA en Washington, DC. (Christian Fuchs / Jesuit Refugee Service / USA)

Washington DC, 24 de noviembre de 2016 - Mientras que muchas organizaciones internacionales de ayuda se han retirado de Afganistán en los últimos años, el Servicio Jesuita a Refugiados mantiene su compromiso de ayudar a educar a la juventud del país, en especial a las niñas y grupos marginados.

El JRS incorpora activamente a las niñas en sus programas de educación en Afganistán, esforzándose por tener al menos el 50 por ciento de su alumnado femenino. Y en un país donde la tradición suele dictar que las niñas aprendan por separado de los niños, la mayoría de las aulas del JRS son mixtas, una disposición diseñada para romper barreras sociales inhibitorias que pueden desalentar - o incluso prohibir - a las niñas en su búsqueda de educación.

El P. Orville Desilva SJ, director del proyecto JRS para la región afgana de Bamiyán, dijo que gracias a su presencia prolongada, el JRS en Afganistán ha forjado relaciones sólidas y confiables con muchas comunidades, haciendo que los padres se sientan cómodos enviando a sus hijas a estudiar a los centros de educación del JRS.

"No es muy común (en Afganistán) que los padres envíen a sus hijas a otra provincia para estudiar, pero trabajamos codo con codo con la comunidad local y son muy solidarios con el trabajo que hacemos", dijo el padre Desilva, de la India, durante una reciente visita a la oficina del JRS USA en Washington DC "Ellos ven el impacto de nuestros programas en la comunidad".

El JRS forma aproximadamente a unos 5.000 estudiantes al año en la ciudad de Bamiyán, situada en el camino de la antigua Ruta de la Seda. La formación cuenta con clases de educación "complementarias" que incluyen inglés, informática, capacitación de maestros y programas de diplomatura online, que son muy populares entre los estudiantes que aspiran a continuar su educación más allá de la escuela secundaria. El JRS también ayuda a preparar a los estudiantes para los exámenes de ingreso a la universidad.

Si bien otras escuelas privadas de la región también ofrecen los populares cursos de inglés, padres y estudiantes -en particular, niñas- se sienten atraídos por el JRS porque "hemos tratado de crear un espacio seguro donde puedan entrar y estudiar", dice el P. Desilva.

Alrededor del 60 por ciento de todos los estudiantes de secundaria de los programas del JRS en Afganistán son niñas, dijo. La participación de las niñas aumenta hasta casi el 75 por ciento en los cursos después de la secundaria ofrecidos a través de Jesuit Worldwide Learning: Educación Superior en los Márgenes, el programa denominado anteriormente Jesuit Commons: Educación Superior en los Márgenes o JC:HEM. Los cursos tienen lugar en Bayimán y en la vecina provincia de Herat.

Otra iniciativa educativa innovadora que el JRS puso en marcha este año en Bamiyán es "Cada uno, enseña a algunos". En este programa, los estudiantes de las zonas rurales vienen a Bamiyán durante tres o cuatro meses para una formación intensiva en inglés, luego regresan a casa para transmitir sus conocimientos lingüísticos a otros. De los 50 estudiantes de la remota provincia de Daykundi que participaron en el programa el invierno pasado, más de la mitad eran niñas.

"Les decimos a los estudiantes, 'ustedes han aprendido inglés gracias al JRS, ustedes se han beneficiado, así que ahora tienen que colaborar con su comunidad'", dice el P. Desilva. "Les hacemos saber desde el principio que tienen una responsabilidad con su comunidad".

El JRS Afganistán también ayuda a algunos de sus estudiantes a obtener becas para colegios jesuitas en la India, muchos de los cuales regresan a su país tras sus estudios para trabajar con el JRS.

"Creemos que esto es algo que ayuda a avanzar, porque por razones diversas no es posible que un gran número de jesuitas estén en Afganistán", dijo Desilva, uno de los dos jesuitas que trabajan en el país para el JRS. "Y como las personas que trabajan con nosotros comparten la misma visión y misión, luego pueden adaptar y llevar adelante en Afganistán el trabajo que hacemos".

El JRS trabaja sobre todo con la comunidad hazara, la más vulnerable y marginada. Durante el régimen talibán muchos hazaras huyeron a Irán, donde comparten un idioma común, el persa, con los iraníes. Después de que los talibanes se retiraran, muchos de los refugiados regresaron a Afganistán y se establecieron en las grandes ciudades en busca de empleo.

Alumnos pastunes y hazaras estudian juntos en las aulas del JRS, lo que para el P. Desilva "crea una plataforma muy buena en la que los estudiantes pueden interactuar unos con otros y superar, en cierta medida, las diferencias étnicas que pudieran tener".

El jesuita agregó que si bien él querría ampliar programas en Bamiyán y en otras partes de Afganistán, moverse a través de la enrevesada burocracia es un muy complicado.

"Pero, definitivamente, podemos ver maneras de expandir lo que hacemos y llegar a muchas más estudiantes y a algunas escuelas en las zonas rurales alrededor de Bamiyan", dijo.

Usted puede apoyar los programas de educación del JRS en Afganistán y en todo el mundo. Haga clic aquí para hacer una donación online segura, hoy mismo.