via todas las campanas


P. David Holdcroft, SJ (Servicio Jesuita a Refugiados)

Washington DC, 30 de noviembre de 2016 – El P. David Holdcroft SJ cree que la educación es uno de los regalos más prácticos que el JRS puede ofrecer.

Bajo su supervisión de seis años como director regional del Servicio Jesuita a Refugiados de África Austral, él y su personal desarrollaron e implementaron programas de formación profesional y educación superior que ofrecieron tanto motivación como beneficios tangibles a los refugiados y refugiadas a quienes servían. Los programas se desarrollaron no solo para perfeccionar las habilidades necesarias para obtener un empleo, sino también para ayudar a mantener un negocio y los medios de subsistencia sin tener que depender solamente de la asistencia exterior.   

"La idea global es que (los refugiados) estén acompañados a lo largo del proceso", dijo. "Hay un tiempo de incubación donde su idea va creciendo, recibe críticas, y se va adecuando a la situación y a la gente, de manera que en el momento en que el negocio empiece a funcionar ya estará algo maduro y con la capacidad de mantenerse".   

El P. Holdcroft, que terminó su mandato en su puesto en Sudáfrica en septiembre, asumirá un nuevo cargo en Roma en 2017, liderando los programas de educación superior del JRS en todo el mundo. Originario de Australia, nos habla de sus éxitos pasados, de sus errores y también de sus ambiciones para el futuro en una reciente visita a la oficina del JRS USA en Washington, DC.

Pregunta: ¿Cuéntenos un poco qué ha estado haciendo en África austral en los últimos años con el Servicio Jesuita a Refugiados?

P. David Holdcroft: Fui director regional del JRS en  África del Sur durante seis años. Cuando llegas a un nuevo puesto de trabajo evalúas cuál es la situación, y fijas una serie de objetivos estratégicos, de los cuales algunos se logran, otros no, y la mayoría llegas a la mitad de camino. Estos nos obligó, por supuesto, a revisar nuestra programación, tratar de mejorar la calidad de la misma, lograr una estrategia regional y desarrollar realmente el JRS como una organización internacional - no solo como un conjunto de organizaciones locales - con la esperanza de poder aprovechar nuestra experiencia compartida en la región de manera que nos permitiera llevar hacia adelante nuestro trabajo.

Así que en vez de gente haciendo un tipo particular de proyecto, criando pollos o lo que sea en Zimbabue sin que se entere nadie, tratamos de potenciar esas experiencias. La misión de nuestra oficina regional era dirigir, guiar y administrar la región. Parece simple, pero trabajar con cerca de 300 empleados en cuatro jurisdicciones diferentes en situaciones muy diferentes - dos en (entornos) urbanos, dos en los campamentos – tiene su miga...

Al principio, pasamos de (enfocarnos en el trabajo de) emergencias al (trabajo de) desarrollo, porque  África austral era un caso bastante excepcional en el sentido de que no estaba generando refugiados propios; al contrario, estaba recibiendo migrantes de toda África. Por eso creo que nos dimos cuenta de que la única manera de atraer fondos era teniendo programas coordinados y de calidad. Así que esa ha sido la historia, y estamos trabajando muy duro en eso. En general, hemos tenido éxito, pero a los que vienen detrás les queda todavía mucho que hacer.

P: ¿Cuéntenos un poco acerca de la programación, particularmente la programación educativa, en la región?

FH: Creo que probablemente el programa del que me siento más feliz fue en Zimbabue, donde obtuvimos fondos iniciales de dos financiadores para hacer funcionar un programa de formación profesional en un campamento pequeño (Tongogara) en una región muy aislada, una región muy empobrecida de Zimbabue... Para una parte de este programa, hemos vinculado la formación profesional con la generación de ingresos. No teníamos un certificado como resultado. De hecho, dijimos que no: al terminar, esta gente va a ganar dinero.

Y solo con ese cambio de mentalidad nos pusimos en una trayectoria muy diferente en la que teníamos que preguntarnos qué impide que la gente gane dinero, en particular cuando han tenido una capacitación, qué cantidad necesitaba la gente y cómo queremos ver a estos refugiados a largo plazo. También nos preguntamos, qué tipo de habilidades podíamos ofrecerles para que pudieran ganarse la vida. Porque si todo el mundo hace peluquería, entonces los estamos abocando al fracaso. Así que les preguntamos qué tipo de negocio les gustaría llevar. Y entonces lo cotejábamos con el análisis del mercado y les preguntamos qué cualidades especiales podrían aportar. Y más a menudo que no, esa charla llevaba a las personas a cambiar lo que querían hacer...

Ellos también hacen cursos sobre resolución de conflictos, trabajo en entornos interculturales, etcétera, ya que al no  disponer de capital suficiente para que todos tengan su negocio, podemos darles el capital inicial necesario si lo hacen en grupo. Así que tuvieron que aprender a trabajar en grupo, trabajar con personas, resolver conflictos, trabajar superando líneas étnicas, trabajar, incluso, a través de líneas de conflicto, y luego entrar en una organización y permitir que esta organización decida cómo invertir los beneficios. Y al final tenemos a una persona que pensamos que ya está preparada para los negocios.

P: ¿Se puede replicar este programa en otros campamentos?

FH: Yo diría que sí, y también en las zonas urbanas. Creo que depende mucho del equipo y de la gente de la zona. Si esta gente local tiene un interés personal en hacer que no funcione, por temor a la competencia de los refugiados, entonces no hay nada que yo pueda hacer o decir que haga que el programa tenga éxito; será socavado desde dentro. Y creo que tenemos una cierta experiencia de eso, por desgracia.

P: Ahora se dirige a Roma. ¿Cuénteme sobre su nueva posición?

FH: Se trata, en realidad, de dirigir una revisión estratégica de los proyectos de educación superior del JRS (en todo el mundo). Tenemos una docena de ellos, sin contar como educación superior la formación profesional. El trabajo de educación superior que hacemos es una mezcla de artes liberales, tal como se define en el sistema americano, y de cursos semestrales más prácticos, lo que llamamos módulos formativos de servicio comunitario. Quedan algunos temas por resolver, pero hay un gran entusiasmo. Muchos de los financiadores nos están diciendo que "no estamos sacando suficiente provecho de nuestro dinero" y que más bien querrían vernos impulsando cursos de tipo más profesional, más para la generación de ingresos…  

Pero sabemos, gracias a investigaciones y todo lo demás, que estos cursos superiores son valiosos. Todos estos proyectos se han asociado con JC: HEM, esta organización que ahora se llama Jesuit Worldwide Learning. Necesitamos, como JRS, saber más qué es lo que queremos conseguir. Porque cuando trabajas con una institución de educación superior, no hay necesariamente  una preocupación por lo que suceda a los estudiantes después, lo principal es que salga. Por eso, tenemos que orientarnos más a los resultados. Y con eso, espero que obtengamos una financiación un poco más estable.   

P: La oferta de educación superior es ciertamente un reto en las comunidades de refugiados. Solo un pequeño porcentaje de jóvenes y adultos en estas comunidades tienen acceso a algún programa de educación superior. ¿Cuáles cree que son las cosas que deben abordarse antes de que estos programas realmente puedan despegar?

FH: El año pasado había 65 millones de personas en situación de refugio o similar en todo el mundo. Esa es una parte considerable de la humanidad. Y de estos, 107.000 fueron reasentados a un tercer país en 2015. Ese nimio porcentaje - menos del 1 por ciento - obviamente no representa un camino a seguir. Y usted y yo sabemos que los gobiernos que reaccionan al sentimiento popular tienden a decidir cada vez menos (sobre el reasentamiento de refugiados), a pesar de que los Estados Unidos haya aumentado su cuota nuevamente. Hay una especie de rechazo. Pero si dejamos que estas personas se pudran, no importa dónde estén, entonces es donde usted tiene sus futuros Estados Islámicos, sus futuros Al Qaedas, y todo este tipo de cosas. Y lo sabemos. Así que una de las principales maneras de salir de esta situación es asegurarnos de que estas personas reciban educación, buena educación, para que puedan analizar la situación en la que están y puedan aprender a comprender el mundo. Y creo que estos son temas realmente críticos, y que van a ser aún más críticos mientras la gente se vea obligada a quedarse en la región en la que está...  

Si se fija en los últimos 100 años, en la revolución de las tecnologías de la información, la electricidad y todo este tipo de cosas, los cambios han sido increíbles. Pero si se fija bien, verá que los problemas humanos son los mismos de hace 100 años, y de hace 2.000 años. De alguna manera, las cosas parecen no haber cambiado tanto. Y una de esas cosas es: ¿nuestra sociedad y nuestro hogar se define por lo que excluimos o a quién excluimos, o por nuestra capacidad de ser hospitalarios y traer a esas personas? Es aquí donde, al fin y al cabo, está la solución a muchos de los conflictos. El otro camino solo nos conduce a enfrentamientos, guerras, etc. Suena muy idealista, y soy consciente de lo difícil que será... Y el JRS tiene que trabajar como una organización internacional, no como un grupo de organizaciones nacionales . Realmente confío y espero poder superar ese desafío

P: Jugando a ser abogado del diablo, ¿qué diría usted a los críticos que argumentan que el JRS debe concentrarse en la educación primaria y secundaria para los refugiados y olvidar la educación superior, que es demasiado difícil, demasiado compleja y que no da suficientes buenos resultados.

FH: No creo que sea una situación de uno o de otro. Si usted no finaliza los estudios su vida laboral será más precaria. Cuando lleguen las inevitables crisis y despidos y todo lo demás, usted será mucho más lento y mucho menos capaz de recuperarse, y, con el tiempo, esto significa una pérdida de talento. Así que sabemos que si das el paso a la (educación) superior o a lo que sea después de la secundaria, entonces podrás aguantar mejor... Sí, necesitamos educación primaria, secundaria y también necesitamos programas de educación superior.