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Srey Puth coordina programas de educación en el noroeste de Camboya (Marta Oriol / El Servicio Jesuita a Refugiados).

Battambang, 14 noviembre 2016 - Srey Puth es una joven y dinámica camboyana. Nació en la década de los ochenta en un campamento de refugiados en la frontera entre Tailandia y Camboya. Durante ese tiempo la guerra asolaba la región. Los grupos armados sembraron la tierra de minas antipersona y bombas de racimo por todo el país.

Srey Puth recuerda cuando fue a la escuela en el campamento Sitio Dos: "Cuando era niña, mis recuerdos de la escuela del campamento son los de una pequeña y hermosa cabaña hecha de bambú llena de estudiantes que, sentados en el suelo, estudiaban, cantaban y bailaban felizmente. A veces lanzaban bombas cerca de nuestra escuela, y recuerdo que mi madre venía corriendo a buscarnos. Empecé en el jardín de infancia y seguí hasta terminar la escuela primaria. Yo estaba muy contenta con la escuela, los amigos y los maestros del campamento". En ese momento, el JRS desarrolló un programa intensivo de artes tradicionales jemer. La cultura en Camboya también había quedado destruida por el régimen de Pol Pot. Junto a sus numerosos amigos, Srey Puth aprendió los bailes tradicionales camboyanos, y se convirtió en una experta bailarina. Años después, viajaría por todo el mundo interpretando bailes jemer. "Me siento muy afortunada por haber tenido la oportunidad de conocer a otras personas, viajar por todo el mundo, y llegar a comprender lo grande y global que es. He estado en Italia, España, Francia y Singapur. Australia fue el último país en el que he estado este año. Mientras estuve allí, compartí el testimonio sobre mi trabajo".

A principios de los años noventa, los refugiados del campamento en la frontera comenzaron a volver a Camboya. Srey Puth regresó a su país cuando tenía 9 años. Su nueva casa estaba muy cerca del centro del JRS para víctimas de minas antipersona, en las afueras de Phnom Penh. Camboya era muy pobre debido a la larga guerra y tuvo que ser reconstruida desde cero. "Recuerdo que mis sentimientos al volver eran de emoción y tristeza al mismo tiempo. Mi madre solía decirnos lo hermoso que era nuestro país antes de la guerra, pero, cuando regresamos, Camboya no se parecía en nada a lo que había descrito".

Después de terminar sus estudios, en 2008, en la Universidad de Phnom Penh, Srey Puth pasó algún tiempo en Italia donde realizó una pasantía con el JRS. Luego regresó de nuevo a Battambang, al noroeste de Camboya, donde su sueño era contribuir a la reconstrucción de su país a través de la educación.

"Creo que la educación es una herramienta poderosa para reconstruir sociedades, especialmente después de tiempos de guerra, donde se han destruido los valores de la confianza y del amor".

Srey Puth es una budista que trabaja en contacto con el JRS para la Iglesia Católica, en la Diócesis de Battambang, coordinando un programa de educación en las zonas remotas del noroeste, en pueblos que ni siquiera están en los mapas y en los que el Gobierno no está presente. En estas zonas aisladas, los jesuitas han estado fortaleciendo las relaciones de confianza y desarrollando numerosos proyectos educativos y agrícolas durante años. "Nuestro papel es apoyar y motivar a los profesores y estudiantes, a construir relaciones con la comunidad a través de programas de formación de maestros. También construimos escuelas y proporcionamos material escolar".

El aliento y el apoyo a las familias es de vital importancia para que vean la educación como una prioridad para sus hijos. Hay tantas dificultades y barreras sociales en Camboya, tanto económicas como sociales, que las familias se centran en sus necesidades a corto plazo. La educación no es una prioridad cuando existen graves problemas socioeconómicos. Si bien el crecimiento de la economía es muy rápido, la educación no se está moviendo a la misma velocidad, así que el desafío es crear estructuras que puedan apoyar la educación.

Otra necesidad es la de volver a dar forma al papel del maestro, no como un funcionario o un voluntario, sino como un actor para el cambio positivo en la sociedad y como líder de la comunidad. Se necesita el mismo cambio para la comunidad educativa. Hay que devolverle la dignidad al maestro para poner la escuela en el lugar que le corresponde. No se trata solo de cambiar el contenido y el plan de estudios, sino también de una nueva forma de enseñanza. Los niños aquí son muy inteligente y tienen ganas de aprender, pero necesitan que se les enseñe de manera creativa para poder alcanzar su máximo potencial.

Cuando le preguntan acerca de qué significa el valor de la educación para ella, Srey Puth lo explica así: "Este es el trabajo más valioso y útil que jamás pude imaginar. Cada vez que visito las escuelas, me encuentro con esos pequeños estudiantes y me recuerdan a mí misma cuando yo era como ellos en el campamento. Estoy aprendiendo mucho de estos niños y niñas y entiendo la importancia de nuestra presencia. Me hace muy feliz formar parte de este trabajo".

Srey Puth cree que la educación es una oportunidad de escapar de la pobreza, mejorar la salud y aumentar las oportunidades. "Hay muchas cosas que mejorar en mi país, y creo que la educación puede transformar vidas y cambiar sociedades. Mi sueño es que todos los niños y jóvenes de Camboya tengan acceso a la escuela; que los maestros se sientan dignos en el transcurso de su trabajo y que se sientan apoyados por las comunidades y por el Gobierno. Mi sueño es que la pobreza y las apremiantes necesidades sociales no ahoguen la necesidad y la importancia de la educación".

Amaya Valcárcel, Responsable de Incidencia Pública, Servicio Jesuita a Refugiados