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Agnes trabaja como profesora de moda y diseño en Kampala para el JRS desde 2013. (Angela Wells/Jesuit Refugee Service)

Kampala, 1 de  agosto de 2016 – De niña, Agnes consiguió escapar de un conocido grupo rebelde ugandés, el Ejército de Resistencia del Señor (LRA, por sus siglas en inglés) y gracias a las oportunidades de educación, que tuvo posteriormente, pudo seguir su pasión por la moda. Ahora, devuelve a los refugiados la ayuda recibida trabajando como profesora de moda y diseño para el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) en Kampala, donde trabajan para ser autosuficientes. 

Aquí, nos comparte sus experiencias en el camino que la llevó de ser una desplazada a una experta de la moda. 

Pregunta: ¿Me puede contar un poco acerca de  su vida? 

Soy Agnes, de 25 años de edad, ugandesa, concretamente del este de Uganda. Trabajo como profesora de moda y diseño en Kampala para el JRS desde 2013; es apasionante trabajar con los refugiados, interactuar con ellos, aprender muchas cosas, y acompañarles de una forma u otra. 

P: ¿Cómo se convirtió en maestra de moda? 

Estudié moda en la Escuela Internacional de Belleza, aquí en Kampala. Me encantaba tanto la moda, que después de haber terminado, estaba tan en mi salsa, que incluso en aquella institución pidieron que me quedara a trabajar como profesora; para ello, me dieron cursos para formarme como instructora tras mi graduación. Allí conocí al representante del JRS en el país que me pidió que me presentase para este trabajo y tuve éxito. 
Desde entonces, mi vida ya nunca volvió a ser la misma. He aprendido mucho de los refugiados, he aprendido a interactuar con ellos, he aprendido de sus historias. Realmente, me puedo poner en su piel porque yo también fui refugiada, una de las muchas personas que huyeron de los insurgentes del LRA en el noreste de Uganda. Así que, realmente, ver a congoleños, ruandeses, burundeses que llegan a Kampala me recuerda cuando fui desplazada, cuando me robaron. 
Ahora estoy en condiciones de darles una formación adecuada. Algunas de estas personas llegan con traumas y muchos problemas. A menudo nos sentamos, charlamos y puedo relacionarme con ellos y luego damos clase. Los veo como mis hermanos y hermanas porque yo también fui refugiada. 

P: Eso es muy interesante. ¿Qué recuerda sobre ser una refugiada? 

Yo aún era una niña de una escuela de primaria. Un día de 2003, mientras estábamos en clase, la guerra simplemente estalló. Hasta entonces no sabía ni lo que era. Dormíamos en los bosques, no fue fácil, caminábamos millas y millas en busca de en un lugar más seguro en el campo. Así estuvimos durante todo 2003 hasta 2004. No era fácil conseguir comida y la vida era realmente dura. Dejé la escuela porque no había posibilidad de entrar en ninguna. Solo disponíamos de la comida que distribuía ocasionalmente el Programa Mundial de Alimentos. De hecho, recuerdo que trabajé en la casa de un hombre como doméstica siendo una niña muy pequeña. Cada vez que veo a estas personas que llegan y nos cuentan sus historias, me devuelve a mi propia historia y creo que Dios, sí, eso creo, me trajo aquí con un propósito. Necesito servir a esas personas. 

P: ¿Qué pasó cuando regresaste a Uganda? 

En 2004, cuando pudimos volver, la vida seguía sin ser fácil, pero yo era una niña brillante y terminé mi primaria en 2005, ¡como la mejor estudiante de todo el distrito! Imagínese, tuve una patrocinadora que pagó toda mi escuela secundaria ¡y la universidad! En realidad, cuando terminé el colegio, mi madrina me preguntó qué me gustaría ser. Le hablé sobre mi pasión por el diseño, de cómo solía participar en las pasarelas en el instituto durante la semana de la moda y de cómo siempre soñé en formar parte de esa industria. Ella (mi patrocinadora) me matriculó en la escuela de moda en 2010 donde estudié diseño, arte, modelado, y mucho más. Fue una experiencia muy agradable. 
Yo soy de este tipo de personas a las que les gusta la aventura y aprender cosas interesantes. Comenzamos el programa fabricando pequeños artículos y luego, poco a poco, ya estaba confeccionando vestidos de novia ¡y vistiéndolas! 

P: ¿Qué significó para usted tener la oportunidad de recibir una educación? 

La educación es una clave del éxito. Si alguien no se educa tendrá limitaciones, sus oportunidades serán limitadas. Es por eso que dicen: educa a uno y educarás a toda la nación. 

Por esta razón, lo que el JRS está haciendo por los refugiados es la solución perfecta, en realidad es algo que funciona en sus vidas. Mientras sean refugiados, no hay que dejarlos a su suerte. Se les debe dar la oportunidad de ir a la escuela, de aprender, de cambiar sus vidas. Así que cuando terminen, podrán salir a competir con el mundo, a hacer algo por sí mismos y ganarse la vida. 

Yo soy un ejemplo. Me dieron una habilidad y jamás la olvidaré. Ahora estoy en un lugar donde me gano la vida, puedo encontrar clientes que me llaman y puedo pagar mi propio alquiler. Donde quiera que estos refugiados terminen, esto va a cambiar sus vidas. 

P: ¿Cómo estructura sus clases? 

El curso dura un año completo. Cuando los estudiantes acaban de comenzar, empiezan conociéndose unos a otros; practican los bordados básicos y la costura a mano; elaboran cojines, cortinas o adornos; y, finalmente, pasamos a la moda real. 
Aprenden a esbozar sus diseños y a centrarse en la ilustración de moda. Luego aprenden cómo vestir modelos y cómo combinar colores y patrones, antes de hacer el proyecto. Aprenden cómo hacer ropa de niños, luego faldas de señora, trajes para para caballeros, vestidos de noche, y, finalmente, nos centramos en cómo vestir a una novia y algunas, incluso, los confeccionan. 

También les doy trabajos de curso y objetivos con el fin de ver de qué son capaces... Unas personas aprenden lentamente, otras son muy rápidas, unas son muy cuidadosas, otras están en la media, así las voy conociendo y al final de cada mes o de cada trimestre les hago exámenes - escritos y prácticos - para ver si han aprendido lo que enseñé y pueden ponerlo en práctica. 

Cada vez que tenemos una función aquí en el JRS - como el Día de la Mujer o el Día Mundial del Refugiado - siempre se organiza un desfile de moda que pone a todos muy nerviosos, ya que es donde podrán mostrar sus diseños creativos. 

Q: ¿De qué refugiado se siente realmente orgullosa? 

Muchas personas a las que he enseñado, me las encuentro trabajando en la ciudad, con sus propias máquinas y en sus propios negocios. Algunas son madres solteras que educan a sus hijos y yo me siento muy orgullosa. 

En particular, hay una chica llamada Noela. La preparé el año pasado y ella es toda una dama. Cuando llegó aquí, lloraba mucho: había perdido a sus padres y estaba muy asustada, pero después de aprender a coser, consiguió clientes y ya está cambiando su vida. 

También está Rebecca, una de mis estudiantes desde 2014. Es una de las mujeres más inspiradoras de las que puedo hablar. Ella era una alumna de las que siempre, siempre, siempre venían a clase... Cuando terminó me dijo: "De hecho, tengo un problema: cómo puedo conseguir una máquina (de coser)". 
Yo sabía que ella era una de las mujeres motivadas para hacer algo por sí misma y sabía que el JRS podría ofrecerle un préstamo, así que le dije que solicitase uno y lo consiguió, tiene su máquina y ahora ella me llama y me dice qué está haciendo. A veces consigue clientes y, a veces hace uniformes para las escuelas con lo que se gana la vida para ella y su familia. 

Solía verla venir al JRS para pedir al servicio de emergencias alimentos y dinero para el alquiler, pero ahora ha cambiado totalmente. Ella ya está en condiciones de valerse por sí misma y de hacerse cargo de sus hijos. Estoy muy orgullosa de ella. 

Q: ¿Qué ha aprendido de sus estudiantes? 

Aprendo sobre su cultura, su forma de vida y su estilo de moda. 
Cuando estamos en clase les pregunto siempre, "¿Cómo se visten ustedes?" Me lo cuentan y así también hacemos sus diseños tradicionales. 
Les muestro patrones y les digo cómo dar vida a sus ideas, ya que soy experta y sé cómo hacer adaptaciones a cada tipo de moda. Puedo adaptarme fácilmente a los diferentes diseños. Entonces nos encontraremos modelos, tomaremos medidas y haremos realidad sus propios diseños. En realidad, son muy creativos. 

P: ¿Qué hace la mayoría de los estudiantes después de clase? 

Muchos de ellos ponen en marcha sus propios negocios. Algunos lo hacen si pueden conseguir un pequeño préstamo del JRS para una máquina de coser u otros materiales para su iniciativa. Realmente creo que debemos mirar esto en serio. Tenemos que dar a más personas algo de capital, algo para empezar, y hacerles un seguimiento. No queremos que el aprendizaje se quede aquí, sino que vaya más allá. 

También me gustaría publicar algún día una revista de moda, donde otras personas puedan ver todas las creaciones que hacemos. Es una manera de vender, cuando se vayan de aquí, en realidad, estarán en posición de conseguir trabajo, de ser conocidos, de que los vean. El mundo necesita ver lo que están haciendo. 

P: ¿Usted también tiene hombres en clase? 

De los veinte estudiantes, ocho o diez son hombres. Cuando entras en sus corazones, realmente ves el arte en ellos. Cuando les digo, puedes coser esto, ves que los hombres son más rápidos y animan a las mujeres a hacerlo incluso mejor. 

P: ¿Usted cree que dar a los refugiados la oportunidad de cuidar de sí mismos es mejor para la sociedad en general? 

Creo que dar una oportunidad a los refugiados les ayuda a mejorar sus vidas. Cuando vienen, llegan sin esperanza, no tienen ninguna esperanza; sin embargo, al final del día, sus vidas habrán cambiado, ves una sonrisa en sus rostros. 

Esto ayuda a Uganda, también, al reducir que dependan del gobierno o de instituciones que les ayuden con la comida o el alquiler. Si uno puede conseguir una habilidad, podrá pagar su propio alquiler. Tal vez, como ugandesa, que ve como luchan los refugiados, quiero ayudarles, pero no lo puedo hacer siempre. Un donante no puede ayudar indefinidamente. Es por eso que dar una habilidad es como dar vida.