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Refugiados somalíes aprenden corte y confección, como parte del proyecto del JRS medios de vida en el campo de refugiados Melkadida. Algunos graduados han ido a iniciar su propio negocio en la comunidad (Angela Wells)

Dollo Ado, 17 de febrero de 2016 - Kaadi Ali Ibrahim solía contar sus bienes en ganado - camellos, vacas y cabras - pero su nuevo hogar en el campamento de refugiados de Melkadida no ofrece mucho espacio para el ganado o animales con que comerciar. Los que huyen tienen que dejar atrás no solo sus hogares, sino todos sus medios de subsistencia.

Cuando Kaadi y otros cientos de miles de refugiados somalíes huyeron de la sequía y del conflicto entre 2009 y 2011, viajaron por el desierto - algunos durante tres meses - para ponerse a salvo. Muchos de sus animales - su única fuente de ingresos - murieron o les fueron arrebatados por los grupos armados durante su huida. Desde entonces, viven dependiendo de los organismos humanitarios en cinco campamentos que albergan a más de 200.000 refugiados.

"La mayoría de nosotros vivíamos en los llamados bosques de Somalia y lo perdimos todo por la sequía. Nuestros animales murieron de hambre y tuvimos que huir mientras que los que tenían negocios estaban a salvo de la muerte", dice Kaadi.

"Estaba en quinto grado cuando (los guerrilleros) llegaron a nuestra propiedad, se quedaron con la tierra y robaron todo el ganado", añade el refugiado somalí Ali Aden Nuur.

A las pérdidas, le siguieron los sueños de una nueva vida, el objetivo de aprender nuevas habilidades para mantener, como fuera, a sus familias.

Aprender después de la guerra. "Al principio, huimos en busca de la paz. Luego pusimos la esperanza en la educación. La verdad es que nunca pudimos estudiar, porque las clases siempre quedaban interrumpidas por la violencia. Los grupos armados expulsaban a los maestros. No se puede aprender en una guerra", dice Aden Abdi Hussen, de 19 años, recién graduado del curso de sastrería del Servicio Jesuita a Refugiados en el campo de refugiados de Melkadida.

En Melkadida, el JRS ofrece cursos básicos e intermedios en habilidades útiles para adultos como Aden. Los desplazados somalíes aprenden técnicas en sastrería, tatuajes de henna, bordados, peluquería masculina y fontanería.

"La formación del JRS es lo más parecido a una escuela que hayamos tenido", dice Kaadi, que ahora sigue los cursos de formación profesional del JRS que tratan de proporcionar a los estudiantes herramientas para ser más autosuficientes y la oportunidad de aprender los rudimentos básicos en lectura, escritura y aritmética.

Preparación para el futuro. Estas formaciones también tienen como objetivo preparar a los refugiados para el día en que las ONG se vayan y puedan regresar a su país, dice el profesor del curso de fontanería del JRS, que enseñó a 77 personas técnicas para la gestión del agua y la reparación de depósitos el año pasado.

"Ellos aprenden cómo limpiar y purificar el agua, de manera que si se encuentran en una situación de emergencia, estarán preparados para atender a sus comunidades", dice.

Unos pocos graduados del curso trabajan para organizaciones que gestionan el agua, el saneamiento y la higiene en el campamento, mientras que otros se han asegurado empleos como fontaneros para cuando vuelvan a sus hogares en Somalia.

Los estudiantes del curso de sastrería también están utilizando sus habilidades para ganarse la vida. Mohamed Nour Mohamed, por ejemplo, abrió su propia tienda después de completar el curso de sastrería.

"Vine aquí hace cinco años sin ninguna experiencia en costura, pero quería prepararme y construir mi futuro", dice.

Ahora se alquila una máquina de coser y una tienda en el mercado donde vende camisas, vestidos y otras prendas. Con sus ingresos puede mantener a sus tres hijos y a su esposa. Tiene la intención de ampliar su negocio uniéndose a una docena de otros graduados en una cooperativa de sastres.

"Queremos tener cuatro cooperativas en las que la gente pueda compartir una tienda, una máquina de coser y algunos materiales para empezar. Los graduados trabajarán allí y dividirán las ganancias. Nuestra primera cooperativa ya ha comenzado con la fabricación de uniformes para fontaneros", dice Mohamed.

Ser autosuficientes. La formación profesional para adultos ayuda a los refugiados a salir adelante en zonas remotas del sur de Etiopía, donde el duro clima hace que el cultivo de alimentos sea difícil y las raciones de comida y los empleos sean limitados.

"Aquí no se nos da todo. Las raciones de comida no bastan para alimentar a nuestras familias. Necesitamos dinero para comprar alimentos, ropa y cubrir los gastos escolares. La vida es más cara aquí, en el campamento, que en Somalia. Esperamos que cada persona pueda ganarse la vida con el tiempo", dice Duale Ali Ibrahim, el miembro de más edad de la cooperativa de sastrería.

El miembro más joven de la cooperativa, Ali Aden Nuur, tiene 19 años. Ha completado tres de las formaciones del JRS y espera que su ambición le lleve lejos.

"Hemos cursado fontanería, sastrería y barbería. Somos jóvenes y queremos hacer algo más que sobrevivir aquí. Todo sería más fácil si pudiéramos conseguir materiales y un espacio en el mercado para gestionar nuestro negocio. En el futuro, sin embargo, lo que realmente esperamos es poder ir al extranjero", dice.


-- Angela Wells, responsable de comunicación del JRS en África Oriental