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Tasnim es una de las niñas refugiadas más afortunadas de la región de la Bekaa, Líbano, ya que hoy estudia en un centro del Servicio Jesuita a Refugiados (Cedric Prakash SJ/ Servicio Jesuita a Refugiados)

Beirut, 22 de junio de 2016 - ¡El conflicto sirio se encuentra ya en su sexto año! De acuerdo con la agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR), hoy ya hay 4,8 millones de sirios que viven refugiados y otros 6,5 millones que están desplazados dentro de Siria. Más de la mitad de ellos (52%) son niñas y niños. Tasnim, es una de ellas. Hoy, esta niña de ocho años vive en el Líbano con su familia.

Hace más de un año que sus padres, Zemzoun y Mohammed, huyeron con sus cinco hijos de una Siria devastada por la guerra a un entorno más seguro y protegido en el vecino Líbano. Tasnim no recuerda mucho del día que tuvieron que abandonar las comodidades de su pequeña casa en el área rural de Damasco. "Fue muy doloroso y difícil", dice para inmediatamente distraerse tratando de olvidar la forma en que – desafiando muchos peligros – su familia tuvo que huir del lugar que una vez llamaron "hogar".

El Líbano es el país con la concentración más alta per cápita de refugiados del mundo; una de cada cuatro personas dentro de las fronteras son refugiadas. A finales de noviembre de 2015, la cifra de refugiados sirios registrados por el ACNUR en el Líbano superaba el millón, si bien el número real probablemente sea mucho más alto, al estimarse que al menos 500.000 no estarían inscritos.

Según las cifras publicadas recientemente por el ACNUR en el Líbano, la mitad de ellos son niñas y niños menores de 18 años; de estos, más de 477.000 niños sirios están en edad escolar[i]. En octubre de 2015, más del 70% de ellos no van al colegio.

El mayor porcentaje de sirios viven en la región de la Bekaa, en comparación con las zonas urbanas, donde se encuentran en campamentos improvisados, a merced del mal tiempo, con una higiene precaria y sin protección. Según un estudio realizado en 2014, más de la mitad de las niñas y niños sirios que viven en la Bekaa solo habían alcanzado un nivel básico de lectura y escritura o de educación primaria antes de ponerse a trabajar. La región de la Bekaa tiene el mayor número de niños sin escolarizar (85%) del país, en gran parte debido a la falta de escuelas cercanas.

Los niños se ven obligados a empezar a trabajar para ayudar a mantener a sus familias, y por lo general cogen empleos o trabajan a destajo o como temporeros en el sector agrícola. En el valle de la Bekaa, hay miles de niños refugiados que tienen que trabajar entre el barro de los campos recogiendo frutas o verduras o simplemente haciendo lo que salga para ganarse la vida. Muchos están expuestos a pesticidas, sustancias químicas tóxicas, cargas pesadas y jornadas extenuantes. Naturalmente, muchos de ellos caen enfermos, desnutridos, y / o sujetos al abuso y la explotación.

Tasnim, sin embargo, es una de las niñas refugiadas más afortunados de la región de la Bekaa ya que hoy estudia en la escuela Al-Andalus que el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) abrió en octubre de 2015. Ella está encantada, disfruta aprendiendo y jugando en la escuela, le gustan los refrigerios diarios y todos los demás servicios que le ofrece la escuela. Disfruta de la calidez, afecto y aceptación que le prodigan sus docentes.

Tasnim se sienta en el banco de la primera fila del aula.  Han llegado unos visitantes. Hacen esas preguntas "normales", que les suelen formular a los niños: "¿qué te gustaría ser de mayor?" Las respuestas son las habituales de cualquier niña o niño en cualquier parte del mundo: ‘policía’, ‘maestra’, ‘cocinero’, etc.

También le preguntan a Tasnim. Y en una respuesta que parece contradecir sus ocho años de edad y que sorprende a todos, la niña mira al visitante y, cruzándose de brazos, contesta con timidez: "¡Doctora!" Más tarde, le preguntan por qué quiere eso. Sin titubear, responde: "Quiero curar a los demás; no me gusta ver a la gente morir, matándose unos a otros".

Tasnim también comparte su deseo de volver a su hogar en Damasco. Cuando recuerda a su abuelo, sus brillantes ojos se humedecen; ella lo quiere mucho y le gustaba jugar con él en su casa. Entonces, un día se puso muy triste - nos cuenta - porque su hijo (su tío) murió. Ella comenzó a sentirse muy triste también porque él estaba triste. Extraña mucho a su abuelo y quiere que vaya a vivir con ellos al Líbano.

Aunque Tasnim está en la escuela y la cuidan, su padre, Mohammed, realiza trabajos ocasionales, pero le resulta muy difícil llegar a fin de mes. Carpintero de oficio, allá en Siria tenía un salario decente y podía ofrecer a su familia una vida confortable. Los últimos cinco años han supuesto un cambio dramático en su vida. No tuvo más remedio que huir con su familia al Líbano. Nadie habla de un "salario justo" para un refugiado. Su esposa Zemzoum se ocupa de los niños y se encarga de las tareas del hogar.

En un mundo sumido en la oscuridad, donde la tragedia de los refugiados es devastadora, se habla de una "generación perdida". Tasnim es una excepción y un rayo de esperanza.

¿Comprenderá ella el significado de sus palabras, de su deseo, de su sueño? Esto es lo que todos se preguntan.

A pesar de que solo es una niña, hoy, su canción no es “¿Qué será, será? (Lo que tenga que ser será)”. Ella no tuvo ninguna duda cuando se le preguntó qué quería ser. "¡Doctora!" Todo apunta en contra de Tasnim y su sueño; pero el JRS, mediante su compromiso con la educación ¡hará todo lo posible para acompañarla y que ese sueño se haga realidad!

-- P. Cedric Prakash SJ, responsable de comunicación e incidencia pública del JRS Oriente Medio y África del Norte



[i] Inter-Agency Coordination Lebanon, “Monthly Dashboard: Education Sector, Sept-Oct 2015”. Noviembre de 2015.