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Una niña se sienta en la clase de preescolar en el centro del JRS FVDL en Beirut. (Jacquelyn Pavilon / Servicio Jesuita a Refugiados)

Beirut, 31 de Mayo de 2016 - Cada mañana, 150 niñas y niños refugiados hacen fila para entrar y salir del centro educativo de refuerzo y para la primera infancia Frans van der Lugt del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS FVDL) en el bullicioso barrio de Bourj Hammoud en Beirut, mientras otros 150 lo hacen por la tarde. La idea es proporcionar apoyo suplementario a las niñas y niños refugiados matriculados en las escuelas públicas del Líbano. Pero en el sistema escolar público, las niñas y niños sirios todavía se enfrentan a muchos obstáculos; el primero de ellos, la xenofobia.

Espacios que se cierran. Una de cada cuatro personas que viven dentro de las fronteras del Líbano son refugiados sirios. Si bien el país ha abierto sus fronteras a cientos de miles de personas, el espacio en el mercado laboral informal, la construcción de viviendas y, sobre todo, el sistema educativo se está cerrando rápidamente. Los sirios, llevados por la desesperación, a menudo aceptan puestos de trabajo por menos salario que los libaneses, lo que conlleva tensiones por la competencia en el mercado laboral. Por otra parte, recursos como la electricidad y las infraestructuras no están preparados para dar cabida a tantos sirios. Así mismo, las plazas escolares son limitadas.

Tras años de conflicto, muchas niñas y niños refugiados han perdido años de educación, o ni siquiera han tenido la oportunidad de comenzar. En Oriente Medio, aproximadamente 3,3 millones de niños sirios no van a la escuela, y están en riesgo de convertirse en una "generación perdida". El año pasado, el Ministerio de Educación y Universidades del Líbano se comprometió a facilitar el acceso a la educación  470.000 niños sirios y libaneses vulnerables en situación de riesgo a finales de 2015.

A pesar de que no alcanzó su objetivo, el programa gubernamental “Llevar la Educación a Todos los Estudiantes (RACE)”, en colaboración con la ONU y otras organizaciones no gubernamentales, consiguió duplicar con éxito el número de alumnos matriculados en las escuelas públicas: más de 150.000 refugiados y cerca de 200.000 niñas y niños libaneses en escuelas formales, aparte de más de 9.700 en los Programas de Enseñanza Acelerada diseñados para poner al día a los estudiantes que han estado fuera de la escuela dos años o más. El programa RACE ofrece espacios para los nuevos estudiantes mediante la creación de un segundo turno en más de 200 escuelas públicas del Líbano.

Si bien el compromiso del gobierno libanés con la educación de los refugiados es una iniciativa loable, el hecho de que la mayoría de las niñas y niños sirios añadidos no compartan aulas con niñas y niños libaneses, no ayuda a avanzar hacia la integración.

"En muchos sentidos, la situación de los sirios (en lo que respecta a la educación) en el Líbano está mejorando desde el año pasado; muchas niñas y niños reciben educación a través de los programas del gobierno, pero dado que solo están en los segundos turnos escolares, no se da la integración”, se lamenta el P. Ángel Benítez-Donoso SJ, subdirector y administrador de la escuela del centro JRS FVDL.

Discriminación. Muchos niños sirios sienten que no pueden asistir a estas escuelas públicas, porque se enfrentan a la discriminación por parte de maestros, alumnos y padres y madres libaneses locales. Los padres sirios cuentan que los profesores libaneses gritan, humillan e incluso golpean a sus hijos en la escuela, simplemente por ser sirios.

"Si un niño libanés recibe una bofetada, un padre puede venir y hacer un escándalo por ello. Si abofetean a un niño sirio, nadie se quejará", dice Rima Ahmadi, una madre, al equipo de visitas domiciliarias del JRS.

El personal de los centros educativos del JRS en el Líbano confirmó que estas historias de discriminación son tristemente ciertas, aunque el Ministerio de Educación está tomando medidas sobre algunos casos denunciados.

"El curso pasado  - en varias ocasiones - los vecinos echaron agua desde sus ventanas a nuestro recinto enfadados porque estamos brindando servicios educativos gratis a los sirios", recordó el P. Benítez.

Tensión reinante. Roy Gebrayel, responsable de educación del JRS en Oriente Medio y Norte de África, explicó que las razones de esta xenofobia son tensiones nuevas aunque de raíces profundas, pero sobre todo, complejas.

"Hubo una fuerte injerencia política y militar siria en el Líbano hasta el año 2005, y muchos libaneses se acuerdan de aquella presencia. Ellos no distinguen que las personas que están entrando ahora en el país son civiles que necesitan protección y educación", explicó.

"Es un problema histórico entre Siria y el Líbano. Muchos maestros rememoran viejas heridas, y expresan sus prejuicios en los estudiantes sirios. Es una cuestión de nacionalidad", dijo el P. Benítez. "Del mismo modo, muchos estudiantes libaneses escucharán en casa que 'los sirios son ladrones, que son peligrosos, que hay que tener cuidado con ellos".

Por otra parte, muchos de los sirios en el Líbano provienen de las comunidades más pobres y / o de entornos musulmanes más conservadores, a diferencia de lo que es habitual en el Líbano; muchos libaneses sienten que está habiendo un cambio cultural no deseado.

"Los prejuicios que vemos son a menudo de los cristianos libaneses contra los musulmanes sunitas sirios, que fueron los que intervinieron en el Líbano en el pasado", continuó el P. Benítez.

"Por todas estas razones, muchos libaneses se sienten superiores a los sirios y los ven como 'inferiores’", dijo Gebrayel.

Soluciones a largo plazo. Los centros del JRS en el Líbano tratan de crear un espacio para el aprendizaje donde todos sean bienvenidos, ofreciendo clases de inglés y de repaso a las niñas y los niños refugiados sirios que han estado sin escuela. Estos programas de seis meses se han diseñado para proporcionar apoyo adicional a los niños sirios que ya están en el sistema de educación público libanés, el cual se imparte en inglés o francés, mientras que el sistema sirio es en árabe. Además el JRS ofrece Educación Preescolar No Formal para niños en edad preescolar a fin de prepararlos para entrar en las escuelas de primaria del Líbano.

El personal del JRS está formado por la mitad de maestros voluntarios sirios y la otra mitad de libaneses, tanto hombres como mujeres, cristianos como musulmanes, ejemplos de diversidad y de la posibilidad de vivir juntos en paz.

"No servimos a cristianos o musulmanes. Solo servimos a humanos. No se me ocurre ninguna otra organización en el Líbano o Siria, aparte del JRS, que no atienda a una religión específica", dice Hassan Aoun* del equipo de visitas domiciliarias del JRS.

"En las escuelas del Líbano, a menudo nos sentimos como animales. Aquí nos sentimos como seres humanos", dijo Rima, que quiere que sus hijos sigan en los centros del JRS.

Sin embargo, la integración de los niños sirios en el sistema de educación pública es crucial para asegurar que puedan recibir educación a largo plazo. Dado que Siria es cada día que pasa más inestable, volver a casa en un futuro próximo no entra en los planes de la mayoría. A fin de que su educación sea reconocida socialmente, los niños necesitan obtener un certificado de educación, que solo puede ser concedido por las escuelas públicas. Por esta razón, el JRS apoya a los niños sirios académicamente y psicológicamente para que puedan tener éxito en las escuelas públicas.

Todos los niños inscritos en el centro del JRS FVDL están actualmente matriculados en el sistema de educación pública. Por desgracia, debido a la discriminación y a otras barreras sociales, muchos abandonan. A pesar de ello, el JRS anima a los estudiantes y a sus padres a que sigan adelante.

"Si bien nuestros programas de transición son necesarios para ayudar a estas niñas y niños a volver a tener una vida normal, los estudiantes tienen un plan de estudios limitado. Necesitan seguir adelante, abrir un horizonte de posibilidades. En las escuelas del Líbano, la vida puede llegar a ser un poco más normal", dijo el P. Benítez.

Ahora que la guerra siria entra en su sexto año, es importante asegurarse de que las niñas y los niños sirios desplazados no se conviertan en una generación perdida. Majed Mardini, un maestro del centro del JRS en Jbeil lo deja muy claro: "Siempre decimos a los niños que necesitan ser educados, porque, ellos son los que van a reconstruir Siria".

-- Jacquelyn Pavilon, coordinadora internacional de comunicaciones del JRS

* Este nombre ha sido cambiado.