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This group of men are former refugees assisted by JRS in the 80s and 90s while they were in exile in Kakuma. Many were resettled or went on to attain higher education in Kenya. They have now returned to their home country to contribute back to society. (Angela Wells / Jesuit Refugee Service)
Juba, 8 de enero de 2016 - A finales de los ochenta y principios de los noventa, más de 20.000 niños y niñas que huyeron de la segunda guerra civil de Sudán perdieron a sus familias en el camino. Durante años, la comunidad internacional les llamó "Niños Perdidos", pero hoy ya ni son niños ni están perdidos.

Son hombres y mujeres que destacan, muchos de los cuales han regresado a su país como profesionales cualificados para construir Sudán del Sur desde cero.

Desde muy jóvenes, los "niños perdidos" lucharon por sobrevivir, muchos enfermaron o fueron víctimas de la guerra. A la mayoría los reclutaron como soldados. Unos pocos afortunados llegaron al campamento de refugiados de Kakuma, en el noreste de Kenia, que abrió sus puertas por primera vez en 1992 para albergar a los refugiados sudaneses.

Desde 1995 hasta mediados de la década de 2000, el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) ha ofrecido becas a cientos de menores no acompañados para estudiar en escuelas locales de secundaria.

Además de empoderar a los mismos alumnos, el programa de becas también elevó el nivel de la educación en el campamento, dice la hermana Maureen Limer, coordinadora de becas de educación del JRS en Kakuma, que ayudó a poner en marcha el programa.

"Solo podíamos dar becas de secundaria al uno por ciento de los graduados con mejores notas de las escuelas de primaria, por lo que todos los estudiantes se esforzaban para tratar de asegurarse un puesto en la escuela secundaria. Esta oportunidad les daba esperanza, un objetivo y determinación. Todas las noches se les podía ver estudiando bajo las brillantes luces de la valla de seguridad del ACNUR y cada año, mejoraban las notas.

Lo más importante es que el JRS dio a los becarios una identidad y una familia en el campamento después de que hubieran perdido a sus familias y vimos cómo se convertían en modelos a seguir para los estudiantes más jóvenes", dijo.

Ayudando al crecimiento de una nación. La mayoría de estos jóvenes refugiados, aproximadamente 5.000, fueron reasentados en Australia, Canadá o Estados Unidos en la década del 2000. Una década más tarde, en 2014, en Juba, capital de Sudán del Sur, el JRS habló con 18 de los que habían regresado del exilio para ayudar al crecimiento del país.

Hoy están bien preparados para hacerlo, después de haber obtenido sus licenciaturas, muchos también maestrías y doctorados, en materias como derecho, medicina, ciencias políticas, informática, economía y psicología por la Universidad de Moi y la Universidad Católica de África Oriental en Kenia, la Universidad de Stanford y la Universidad de Oregon en los Estados Unidos y la London School of Economics (LSE) en el Reino Unido, entre otras.

Chiengkuach Mabil Majok encontró un trabajo en un hospital tras reasentarse en los Estados Unidos. Con el tiempo se matriculó en la Universidad de Vermont y pasó a trabajar para una pequeña empresa financiera. Más tarde cursó una maestría y volvió a trabajar para Deloitte en Juba.

Jacob Dut Chol estudió en la Universidad Católica de África Oriental, con una beca del JRS y más tarde hizo una maestría en la London School of Economics. Regresó a Juba al terminar sus estudios y ahora da clases en la Universidad de Juba y es consultor de la Nile Petroleum Corporation.

"Mi cordón umbilical está enterrado en esta tierra. Aquí dejé mi sangre, mi familia. Sabía que si yo quería hacer algo bueno por la humanidad, tenía que volver a mi país", dijo Jacob Dut Chol.

Después de diez años de vivir en el extranjero donde realizó una licenciatura de ingeniería civil en la Universidad de Moi, en Kenia, y una maestría en la Universidad de Manchester, en el Reino Unido, John Deng Diar Diing también se sintió llamado a potenciar su país de nacimiento.

"Cuando volví al país, me sentí frustrado al ver su atraso. Había mucha hostilidad por parte de la gente que sentía que los que recibieron educación en el extranjero se habían beneficiado del sufrimiento de los demás, pero yo seguí trabajando por el cambio", dijo.

Desde su regreso a Sudán del Sur, John Deng Diar Diing ha construido más de 145 escuelas con organizaciones como CARE International y puso en marcha su propia empresa de viviendas. También ha trabajado con UN Habitat en Somalia construyendo viviendas para los desplazados internos. Hoy, es el Director de Proyectos de la Autoridad de Carreteras del Gobierno de Sudán del Sur.

Revertir el choque cultural. Reajustarse a su nuevo hogar en Sudán del Sur- un país que dejaron de muy jóvenes - ha supuesto una multitud de obstáculos.

Athieng Riak, una de las pocas chicas del programa "Niños Perdidos", fue reasentada en Canadá, donde estudió psicología y biología. En 2012, regresó al país para trabajar con el Catholic Relief Service como asesora de seguridad alimentaria. Ella, que ahora trabaja para Unicef, dice que experimentó un mayor "choque cultural" al regresar a su país que cuando se trasladó a Kenia o a Canadá.

"Salí del país cuando tenía seis años. Cuando regresé como adulta, me di cuenta de que necesitaba orientación cultural para adaptarme de nuevo a mi propia comunidad. Lo que realmente me molestó fue que cuando fui a una oficina, lo primero que un hombre me preguntó fue '¿de quién es usted hija?' o '¿por qué no está usted casada?'

Incluso ahora me enfrento con la discriminación a pesar de estar en un alto cargo. Estoy casada y con dos hijos, así que me respetan un poco más, pero los empleados cuando entran en mi oficina me preguntan '¿dónde está el jefe?' Y se van cuando les respondo que ' yo soy el jefe'," cuenta Athieng Riak.

Después de nueve años en Canadá, Ariik Aguto Reng regresó al país para celebrar la independencia de la nueva nación y luego, dos años después, se instaló de forma permanente, pero no sin algunas reservas.

"Mis amigos en Canadá y EE.UU. al buscar Juba en Google Maps solo veían selva. Me preguntaban si estaba seguro de querer volver allí. Realmente me cuestioné mi decisión, pero llevaba el país en el corazón. Crecimos en plena guerra y todo nos apuntaba en contra. Salimos en busca de seguridad y de una educación, que ya tenemos, por lo que ahora estamos listos para transformar la nación".

Una crisis en curso. Por desgracia, Sudán del Sur no prosperó pacíficamente como muchos esperaban. Después de un estallido de violencia en Juba, en diciembre de 2013, el país volvió a entrar en conflicto - en su propia primera guerra civil – cobrándose miles de vidas y dejando 1,5 millones de desplazados internos y casi 600.000 refugiados en las fronteras de Kenia, Uganda y Etiopía.

"Sudán del Sur es como una herida que se abre una y otra vez. Cuando fui al estado de Jonglei, en octubre de 2013, me dieron la bienvenida, pero cuando estalló el conflicto algunos de mis amigos murieron a manos de las mismas personas que yo había conocido. No puedo creer que murieran. Me preocupa la vulnerabilidad de nuestro pueblo", dijo Athieng Riak.

Resolver las causas profundas del conflicto es complicado, dicen los repatriados, pero no imposible. La igualdad de oportunidades para la educación y la autosuficiencia económica son estrategias clave para una paz a largo plazo.

"Nuestros hijos están creciendo pensando que para ser alguien en Sudán del Sur hay que ser un rebelde. Habrá conversaciones (de paz) en Addis Abeba, pero cuando los líderes vuelven a casa los combates se reanudan. En su lugar, reconstruyamos el poder mediante la potenciación de los líderes locales y animemos a los jóvenes a participar. Centrémonos en la formación de una generación de jóvenes a través de las instituciones educativas y forjemos una justicia que ponga fin a estos crímenes", dijo Samuel Garang Akau, profesor de la Universidad de Juba.

"Si los jóvenes pueden ir a escuelas técnicas y se convierten en mecánicos, carpinteros, electricistas… entonces podrán hacerse cargo de sus familias. Y cuando mañana alguien les diga que luchen, definitivamente se negarán", añadió John Deng Diar Diing.

A pesar de la gravedad de la actual crisis en Sudán del Sur, estos 18 hombres y mujeres son personajes influyentes, que no dejan de trabajar en pro de un mañana pacífico.

"Si te fijas, el impacto colectivo que tenemos, es enorme. Debemos pensar en cómo nuestra fuerte y creciente red de retornados puede promover este cambio necesario y alentar a otros refugiados a volver a casa y unirse a nosotros", dijo Ariik Aguto Reng.

Por ahora, sin embargo, las masacres, la violencia sexual y otros abusos contra los derechos humanos siguen provocando que más y más sursudaneses huyan para ponerse a salvo en vez de regresar a casa. La juventud de la nación está necesitada de educación para que puedan prosperar adecuadamente estos hombres y mujeres.

El JRS impulsa programas de educación para los desplazados forzosos de Sudán del Sur en toda la región, proporcionando oportunidades para que los niños y adultos aprendan con dignidad. Aparte de su intervención en Sudán del Sur, el JRS está ampliando sus proyectos en el campo de refugiados de Kakuma y planea proporcionar educación en Adjumani, norte de Uganda, y en el asentamiento para desplazados de Gumbo, en Juba, en 2016.


Angela Wells, responsable de comunicación del JRS en África Oriental