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Más de 550.000 niñas y niños sirios en el Líbano no están matriculados en ninguna escuela
Jbeil, Líbano, 20 de octubre de 2015 - Incluso antes de que comenzara la guerra de Siria, el Líbano ya era uno de los países más densamente poblados del mundo. Desde 2011, entre 1,5 y dos millones de sirios han huido al Líbano. Más del 25% de la población de este país ya es siria; eso significa que las escuelas están superpobladas y que las listas de espera para matricularse son largas. Muchos niños y niñas refugiados llevan sin escolarizar entre dos y tres años.

Las niñas y los niños sirios se enfrentan a una gran cantidad de barreras al tratar de entrar en el sistema escolar público libanés. La barrera del idioma, los exámenes de ingreso, los costos del transporte y la xenofobia de algunos profesores de las escuelas públicas y de otros estudiantes hacen más difícil el acceso a la escuela.El centro del JRS en Jbeil, Líbano, ayuda a los sirios ofreciéndoles clases de recuperación de idiomas, asesoramiento psicosocial y otros servicios a los niños y niñas refugiados y a sus familias.

Tras pasar por el trauma de la guerra, la mayoría de los niños necesitan algo más que una educación tradicional. Los dibujos de estas niñas y niños antes y después muestran su visión de cómo era la vida antes del desplazamiento, durante la guerra en Siria, y después, tras haber huido al Líbano e inscribirse en los programas del JRS. 

Lebanon: before and after displacement, through a Syrian child’s eyes
Más de 550.000 niñas y niños sirios en el Líbano no están matriculados en ninguna escuela. (Jacquelyn Pavilon / Servicio Jesuita a Refugiados).

Lebanon: before and after displacement, through a Syrian child’s eyes
El centro del JRS en Jbeil atiende a 500 niñas y niños sirios: 250 en el turno de la mañana y 250 en el turno de la tarde. (Jacquelyn Pavilon / Servicio Jesuita a Refugiados)

Lebanon: before and after displacement, through a Syrian child’s eyes
En Siria, donde los ataques con mortero y los bombardeos eran un riesgo diario, muchos niños y niñas no podían salir de sus casas. (Jacquelyn Pavilon / Servicio Jesuita a Refugiados)



Lebanon: before and after displacement, through a Syrian child's eyes
"Yo me despedía cada mañana de mi madre antes de salir a dar clases", recuerda una refugiada siria, profesora de inglés en el centro del JRS en Jbeil, sobre la vida en Alepo antes de huir. "Ellos simplemente disparan, sin pensar que la gente está realmente caminando por allí. Usted sale de su casa sin saber si regresará”. (Jacquelyn Pavilon / Servicio Jesuita a Refugiados)

Lebanon: before and after displacement, through a Syrian child’s eyes
Muchos niños en Siria se quedaban atrapados en sus casas. No podían asistir a la escuela cuando militares o rebeldes las ocupaban. (Jacquelyn Pavilon / Servicio Jesuita a Refugiados)

Lebanon: before and after displacement, through a Syrian child’s eyes
Dado que el acceso a la escuela se ve obstaculizado por las largas listas de espera, las barreras del idioma y la xenofobia de los profesores de las escuelas públicas, muchos niños se ponen a trabajar. Una familia atendida por el JRS cuenta que sus dos hijos, de entre 11 y 12 años, trabajan en una tienda de comestibles por 100 y 150 dólares al mes, respectivamente. El JRS trabaja para ayudar a que los niños y las niñas puedan adaptarse al sistema escolar público libanés (Jacquelyn Pavilon / Servicio Jesuita a Refugiados)

Lebanon: before and after displacement, through a Syrian child’s eyes
"Estos niños y niñas están traumatizados y necesitan algo más que una educación tradicional", dice Majed Mardini, profesor del centro del JRS en Jbeil. "Todos nosotros, jugamos un doble papel: como trabajadores sociales brindando apoyo a los niños y niñas, enseñándoles cómo comportarse, cómo interactuar, cómo ser agradables unos con otros". (Jacquelyn Pavilon / Servicio Jesuita a Refugiados)

Lebanon: before and after displacement, through a Syrian child’s eyes
"Muchos de los niños han estado fuera de la escuela tanto tiempo que no saben estar allí", dice Majed Mardini, profesor del centro del JRS en Jbeil. "Cuando ellos vuelven a matricularse es, básicamente, como empezar de cero. Por lo tanto la clave está en enseñarles normas de urbanidad y conducta". (Jacquelyn Pavilon / Servicio Jesuita a Refugiados)

Lebanon: before and after displacement, through a Syrian child’s eyes
El centro del JRS en Jbeil da a las niñas y los niños una sensación de normalidad. Pueden formar una comunidad después de haber perdido tantas cosas. (Jacquelyn Pavilon / Servicio Jesuita a Refugiados)

Lebanon: before and after displacement, through a Syrian child’s eyes
El centro del JRS en Jbeil ofrece diferentes programas psicosociales, como espectáculos interactivos de títeres en los que los niños pueden olvidarse momentáneamente de sus experiencias. El JRS también ofrece talleres para padres sobre cómo tratar a sus hijos en el hogar y cómo ayudar a lidiar con el trauma. (Jacquelyn Pavilon / Servicio Jesuita a Refugiados)

Lebanon: before and after displacement, through a Syrian child’s eyes
"Los niños solían pelear cuando jugaban. Era todo lo que conocían", cuenta la profesora de inglés, Catherine Mora. "Pero después de dos semestres en el centro del JRS, han mejorado muchísimo. Ahora juegan entre sí. A veces los veo jugando a 'clase de inglés' en el recreo donde uno actúa de alumno y el otro me imita como como profesor". (Jacquelyn Pavilon / Servicio Jesuita a Refugiados)

Lebanon: before and after displacement, through a Syrian child’s eyes
El centro de Jbeil atiende a un número igual de estudiantes varones y mujeres y tiene 24 profesores, tanto de Siria como del Líbano, que trabajan juntos y sirven como exitosos ejemplos de integración en una nueva comunidad de acogida. (Jacquelyn Pavilon / Servicio Jesuita a Refugiados)


--Fotos y artículo por Jacquelyn Pavilon, Coordinadora de Comunicación Internacional