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Una joven de Sudán del Sur participa en un curso de formación de maestras del JRS, cuyo objetivo es mejorar la calidad de la educación impartida por los docentes en el condado de Maban y animar a los profesores jóvenes a apoyar la educación de las niñas (Luca Fabris / Servicio Jesuita a Refugiados).
Maban, 13 de enero de 2015 -Cuando Sudán del Sur se convirtió en el país más joven del mundo en 2011, la tasa de alfabetización era apenas de un 27 por ciento. Para mejorar esta estadística, el Ministerio de Educación de Sudán del Sur se marcó un ambicioso objetivo: reducir la tasa de analfabetismo en un 50 por ciento en 2015.

Ya es 2015 y no se ha avanzado en este sentido: Sudán del Sur es el país con el mayor porcentaje de analfabetismo del mundo. Las infraestructuras educativas nacionales, los profesores y estudiantes se han quedado relegados en unos presupuestos que han desviado los recursos a financiar una guerra que ya ha desplazado a casi dos millones de personas.

"Un país sin educación es como una casa sin cimientos, y los fundamentos de Sudán del Sur se están resquebrajando. No se puede construir el futuro de una nueva nación si no se prioriza la educación; tristemente, Sudán del Sur nunca lo hizo. El país está al borde del desastre, y una de las razones principales es la falta de acceso a la educación", dice Àlvar Sánchez SJ, coordinador de educación del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) en Maban.

Las metas son una ilusión vacía. Desde que estallara el conflicto a finales de 2013, todos los esfuerzos para para corregir las deficiencias educativas en el país quedaron detenidas, especialmente en zonas remotas, como el condado de Maban, en Alto Nilo, donde el JRS ha puesto en marcha sus proyectos.

La falta de recursos para materiales educativos y para la gestión de las escuelas, junto con la falta de maestros, ha supuesto un enorme retraso para los estudiantes de Alto Nilo.

La escuela de secundaria en Bunj Town no ha abierto sus puertas desde diciembre del año pasado, y las escuelas de primaria de Maban ni siquiera pueden ofrecer unos servicios mínimos. Durante los últimos dos años, los estudiantes que terminaron la primaria aún no han podido hacer los exámenes nacionales.

Además, una clara reasignación de los recursos se hace evidentemente necesaria ante la diferencia entre el sueldo de un profesor y el de un soldado. Adwok Kiir, Director de Educación del condado de Fashoda, también en Alto Nilo, señaló que el salario mensual de un maestro en el condado es de 270 libras sursudanesas (unos 47 dólares), mientras que un soldado del gobierno percibe 1.000 libras sursudanesas (175 dólares). Como resultado, muchos profesores abandonaron sus escuelas para enrolarse en el ejército, el pasado septiembre.

"Si un profesor cobra cuatro veces menos que el personal militar, el precio lo pagaremos después. Si usted piensa que la educación es cara, pruebe con la ignorancia", dice el P. Sánchez.

El precio de la violencia y la ignorancia se va a sentir en Sudán del Sur en los años venideros. Sin embargo, si la comunidad internacional hace una inversión a largo plazo en educación, quizás el resultado sea el retorno de la paz.

"La educación es una prioridad, una emergencia, algo que no debe ser ni suspendido ni aplazado... Las emergencias - guerras o incluso desastres naturales - no se desvanecen de la noche a la mañana; afectan a la gente durante años y generaciones enteras se quedan sin educación... La ignorancia alimenta una violencia que a su vez se convierte en un círculo vicioso", dijo el Superior General de la Compañía de Jesús, Adolfo Nicolás, en un acto del JRS en Roma para conmemorar el Día Universal de la Infancia.

Restablecer la normalidad. La situación no es mejor en los campamentos de refugiados en el condado de Maban, que alberga a refugiados sudaneses del vecino estado de Nilo Azul, el 80 por ciento de los cuales son mujeres y niños.

El JRS organiza talleres de capacitación de docentes en el condado de Maban, organiza actividades lúdicas para los niños, e imparte clases de inglés a adultos tanto de la comunidad refugiada como local.

En el contexto de la emergencia, el JRS ha visto que la educación no solo es importante para asegurar que los conocimientos se transmitan a las generaciones más jóvenes, sino también para restaurar un sentido de normalidad en la vida de aquellos cuyas infancias han quedado afectadas por la violencia y el desplazamiento.

"Para los jóvenes, tanto refugiados como de la comunidad local, la escuela les da un ritmo en el que pueden confiar en una situación volátil. Les permite pensar no solo en hoy, sino también en mañana, en de aquí a un mes, a seis meses vista… y esto les da esperanza. La 'Esperanza', como dijo Confucio, "alimenta la paz", recuerda Pau Vidal SJ, director del proyecto del JRS en Maban.

Cambiar las dinámicas de poder. La educación, que alimenta la esperanza y forja líderes fuertes, puede tener un fuerte efecto multiplicador, especialmente para las mujeres y las niñas.

Lamentablemente, de los niños que no pueden acceder a la educación en todo el país, dos tercios son niñas. Solo el seis por ciento de las niñas terminan la primaria, pues el 42 por ciento se casa antes de cumplir los 18 años.

"Educar a las niñas es el primer paso para ayudarlas a ser conscientes de sus derechos, ser autosuficientes y reducir sus niveles de dependencia. Así ganan en autoestima, saben que pueden controlar sus propias vidas, que pueden hacer las mismas cosas que los hombres", dice Isaac Malish, asistente del coordinador de educación del JRS en Maban.

La capacidad de las mujeres para transformar la sociedad, si cuentan con las herramientas adecuadas, es inmensa. Casi 100 mujeres activistas por la paz en Sudán del Sur se están organizando para "avanzar en la causa de la paz, sanar las heridas y fomentar la reconciliación. Las mujeres de Sudán del Sur tienen talentos específicos que pueden poner el país en el camino hacia la paz. Influyen en sus familias, en especial en sus hijos", dice el P. Sánchez.

Esfuerzo cooperativo. Remplazar la actual espiral de violencia por un ciclo de transmisión de conocimientos y de paz requiere una acción coordinada entre los líderes sociales, especialmente los padres y los administradores escolares.

"La mayoría de los padres valoran las niñas en la medida en que estas son casaderas, porque las dotes les suponen una fuente de ingresos. Ellos no saben que educar a una niña la convierte en otro tipo de recurso, que puede permitirle a ella construir un futuro mejor para sí misma, para sus hijos y para la sociedad en general. Las mujeres educadas son los mejores defensoras de la educación de otras mujeres de la comunidad", dice Isaac.

Si bien 2014 dejó a Sudán del Sur en un conflicto prolongado, el equilibrio de género en la educación no es algo que deba esperar a después de la crisis, sino que debe ofrecerse en tiempos de desplazamiento para fomentar la formación de unas fuertes líderes del futuro.

"Como dijo Nelson Mandela, 'la educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo...' En una situación de emergencia, la educación inclusiva es nuestro pasaporte hacia un futuro mejor", dijo el P. Sánchez.

Angela Wells, responsable de comunicación del JRS en África Oriental