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Estados Unidos y los países europeos deben aumentar la cifra de refugiados a los que ofrecer un reasentamiento permanente, así como la cifra de aquellos a los que se ofrece protección temporal. Ambas protecciones deben ofrecerse, también a los refugiados no sirios en la región.
Beirut, 2 de diciembre de 2014 - El día en que los Estados Unidos anunciaron que llevarían a cabo ataques aéreos contra los insurgentes en Irak, una mujer siria, aquí, hizo una pregunta aparentemente simple a un miembro del personal del Servicio Jesuita a Refugiados: "¿Cree usted que una vida siria tiene menos valor que la de cualquier otra persona?"

El actual aumento del militarismo es una muestra más del reciente deterioro de la situación del pueblo sirio, que ha tenido que soportar un sufrimiento cada vez mayor como resultado de un conflicto brutal que se ha ido profundizando durante casi cuatro años. Como resultado, más de 191.000 personas han muerto y millones más han sido desplazados dentro de Siria o han salido como refugiadas a los países vecinos y más allá.

"Nadie ha venido a salvar a los sirios... Estamos muriendo desde hace cuatro años, pero parece que no vale la pena que nos salven, nadie se preocupa por nosotros", lamentó la mujer.

Su declaración es una réplica del sentimiento de la mayoría de los sirios que se sienten abandonados por la comunidad internacional y que desean desesperadamente que esta guerra termine. No importa cuáles son los argumentos políticos o militares, ya que ni unos ni otros han logrado cambiar la realidad del sufrimiento de los civiles que se han llevado la peor parte de esta guerra tanto física como psicológicamente.

"Como sirio, que ha vivido aquí en medio de este caos durante cuatro años, hasta yo estoy confundido. Las alianzas cambian cada día, los nombres cambian, hay discursos y conferencias en el extranjero, pero la realidad es la misma: violencia, violencia y más violencia. Nosotros – los civiles – somos los que sufrimos", dice Samer*, un voluntario del JRS en Siria.

Las cifras hablan por sí mismas: nueve millones de sirios desplazados internos, tres millones de refugiados registrados en los países vecinos, de los cuales más del 50% son mujeres y niños. Muchos más ni están registrados ni contabilizados: los muertos, los encarcelados, los desaparecidos; los que han emigrado y los que han hecho viajes angustiosos ocultos en camiones frigoríficos o arriesgado sus vidas en botes cruzando el Mediterráneo en busca de asilo en Europa… y la cifra sigue en aumento.

Hubo un tiempo, hace menos de cinco años, en que ellos acogían a los refugiados iraquíes en su país, ofreciéndoles paz y un nuevo hogar, un lugar donde rehacer sus vidas. Ahora bien, es difícil seguir la pista ya que tanto sirios como iraquíes cruzan y vuelven a cruzar la frontera una y otra vez, huyendo de la violencia continua contra la población civil en ambos lados.

El personal del Servicio Jesuita a Refugiados en Siria apunta que una familia cualquiera puede verse obligada a desplazarse reiteradas veces para escapar de la violencia. Cuando las fronteras territoriales y alianzas vuelven a cambiar, el conflicto persigue a los desplazados de un refugio precario a otro.

Intentar entender esta compleja situación no es fácil. Hay muchos factores internacionales, regionales, religiosos, étnicos, sociopolíticos y económicos que la alimentan, haciendo que cualquier resolución quede, aparentemente, fuera del alcance de cualquiera. Desde que las conversaciones de paz de Ginebra II entre gobierno, oposición y sus partidarios internacionales a principios de este año quedaran estancadas, no ha habido más conversaciones y sí un rebrote de la violencia.

"La situación en Damasco es muy impredecible en estos momentos, especialmente en las áreas donde tenemos nuestros centros. Nos adaptamos al día a día. Hacemos todo lo que podemos para ayudar a los necesitados, pero la situación es muy precaria", dijo Nawras Sammour SJ, director regional del JRS en Oriente Medio y África del Norte.

La respuesta humanitaria en la primera línea de esta tragedia ha llegado principalmente de las redes civiles. A nivel local, se ha concretado en grupos formados espontáneamente de personas que van desde apenas un puñado a quizás unos 20 o más individuos de todo tipo de contextos, que se han unido para proporcionar ayuda humanitaria, proteger los derechos humanos, recabar información y documentación de los acontecimientos. Llevados a la compasión y a la acción por las circunstancias en que se encuentran, sirios de todos los ámbitos de la vida han respondido con una acción imparcial, no violenta.

"Los grupos de base locales, a menudo, pueden hacer llegar alimentos a las personas extremadamente vulnerables más rápida y eficientemente que las agencias de la ONU y las grandes ONG. La seguridad y los conocimientos de la realidad local son la clave. Los grandes organismos deberían confiar más en estas redes locales más pequeñas para llegar a las poblaciones a las que, de otro modo, no podrían llegar", dijo el P. Sammour.

"Nunca pensé que iba a hacer este tipo de trabajo, soy farmacéutico de profesión, y ahora me encargo de distribuir cestas de alimentos y kits de higiene a miles de familias desplazadas que lo han perdido todo", dijo Samer*. Nosotros (sirios) sabemos el impacto que tiene huir de tu casa, el miedo constante a los ataques aleatorios, la muerte está entre nosotros en cada momento de cada día".

Hanna* apoya las labores de ayuda humanitaria en Alepo, donde hay dos millones de personas desplazadas en el lado occidental de la ciudad; esta parte del municipio solo cuenta con la infraestructura para atender a – como máximo – un millón de personas.

"¿Qué es lo que más extraño? – musita Hanna, mientras un mechón de pelo se escapa bajo su hijab – Las cosas cotidianas. Echo de menos tomar un café con mis amistades los sábados por la noche; estar sentada en familia viendo la televisión y hablando de nuestras vidas".

"Ahora estamos solamente mi padre y yo. Él se quedó aquí para cuidar de mí porque no me quiso dejar sola en esta ciudad, en la que elegí quedarme y ayudar. Pero sé que él extraña a mamá, y a veces me siento culpable de que él siga aquí por mí. Ya es un hombre mayor, mis hermanos y yo deberíamos cuidarle, en vez de haber permitido que se quedase aquí, atrapado en esta guerra, velando por mí.

Bombas de barril - viejos barriles de petróleo llenos de TNT y esquirlas de metal - han caído en el lado oriental de la ciudad, en barrios residenciales, provocando que los civiles huyan a la parte occidental o abandonen las zonas rurales. Alepo, la ciudad más grande de Siria y una de las más antiguas del mundo, orgullosa de sus 4.000 años de civilización, ahora está en ruinas. Una parte de la historia de la humanidad está siendo arrasada sistemáticamente.

Una iraquí que buscó refugio en Siria hace años ahora se encuentra de nuevo en busca de un lugar seguro para su familia. "Ya estamos cansados, es hora de partir y no volver jamás. No queda nada para nosotros ni nada para nuestros niños. Quiero que mis hijos crezcan lejos de esta locura". Su tono es de desolación, resignada a un destino que nunca quiso, y que, por supuesto, no eligió.

Decenas de miles de cristianos iraquíes, musulmanes y yazidíes tratan de ponerse a salvo en la ciudad de Erbil, en el Kurdistán iraquí. Duermen en patios de iglesias, en mezquitas, escuelas, edificios abandonados, calles y zonas públicas. Los más afortunados cuentan con tiendas de campaña; otros viven expuestos a los elementos. Las comunidades locales les han recibido con los brazos abiertos, pero la experiencia de Siria nos ha enseñado que la carga no se puede dejar a las comunidades de acogida de forma indefinida.

Estas personas no pueden quedarse a la intemperie en un alojamiento provisional; las estaciones están cambiando y en Siria e Irak el invierno es gélido. Recientemente, las autoridades kurdas retrasaron un mes el comienzo de la escuela pública para que las personas refugiadas en escuelas pudieran tener un refugio seguro un poco más de tiempo, mientras que las autoridades y los organismos de ayuda decidían qué hacer con ellos. Tales esfuerzos, aunque bien intencionados, no son la solución a un problema que, sin duda, seguirá creciendo en un futuro.

El nuevo compromiso militar de más alto nivel de Estados Unidos, Reino Unido y otros aliados en Irak y Siria debe ir acompañado de un esfuerzo concertado para volver a iniciar negociaciones políticas que pongan fin al conflicto sirio. La comunidad internacional también debe intensificar su apoyo a los refugiados en los países vecinos, ayudando a los gobiernos anfitriones para que no sientan la necesidad de cerrar las fronteras a nuevos refugiados o forzar el regreso de los refugiados existentes.

La Comunidad Europea debe garantizar una vía segura a Europa a aquellos que huyen en busca de asilo. Los estados europeos deben también compartir la responsabilidad del reasentamiento.

"Nos decepciona que los esfuerzos diplomáticos y el compromiso político de muchos países no conduzca a una solución negociada del conflicto", dijo Andrea Lari, asesor de advocacy del JRS. "El JRS cree que las partes en conflicto deben reunirse - con un amplio abanico de observadores y facilitadores, incluidos los países de dentro y de fuera de la región, con implicaciones geopolíticas en el conflicto –, sentarse en la misma mesa y definir entre todos una hoja de ruta que lleve al cese de los combates, a la reconstrucción del país y al fin del conflicto".

Mientras que las soluciones a largo plazo siguen siendo escurridizas, los proyectos del JRS en Siria continúan ayudando a que las comunidades resistan y sobrevivan a los peores efectos de la guerra que amenazan con hundirlos y destruirlos.

Como sirio que vive en Damasco, y que supervisa los proyectos del JRS en todo el país que brindan ayuda de emergencia, alimentos, apoyo a los alquileres y asistencia psicosocial a 300.000 sirios al año, el P. Sammour conoce de primera mano las consecuencias de cuatro años de violencia en las personas. "Tenemos que dar nuestro apoyo a todos los que están haciendo todo lo posible para resistirse al sinsentido de esta guerra", dice el P. Sammour.

En el nivel más básico, la seguridad alimentaria es una de las prioridades más urgentes de los desplazados forzosos por el conflicto sirio. A pesar de un importante aumento en el número de sirios que reciben ayuda alimentaria, casi la mitad de los que la necesitan siguen sin tener acceso a la asistencia.

Los combates hacen que las líneas locales de abastecimiento y los mercados sean inestables dentro de Siria. Muchos donantes están presionando para pasar a un sistema de cupones en lugar de ofrecer cestas de alimentos. Si bien esto puede ser útil para los refugiados en países como Jordania e Irak, donde se dispone de alimentos, la inestabilidad en Siria, que afecta la disponibilidad de alimentos que comprar a nivel local hace que este sistema sea muy poco fiable.

Aparte de la escasez de alimentos, los sirios han experimentado una drástica reducción en los servicios esenciales y un aumento exponencial de los índices de pobreza. Esta pobreza trasciende las muchas comunidades culturales, religiosas y étnicas de Siria. En respuesta, el JRS atiende a todos los grupos marginados: sunníes, chiíes (incluidos los alauitas), drusos y cristianos. Trabajar con todas las comunidades para satisfacer las necesidades básicas da la oportunidad de promover el diálogo interreligioso, que será fundamental para el logro de un futuro en paz.

Si bien la coordinación en Siria y los países vecinos entre el JRS, redes jesuitas, grupos locales cristianos y musulmanes y organizaciones seculares, y los servicios prestados por otras redes de organizaciones ayudan a los civiles a recibir un apoyo muy necesario, los niveles actuales de asistencia están lejos de poder para satisfacer las necesidades crecientes. La comunidad internacional no ha apoyado adecuadamente a las redes de grupos locales sirios que participan en iniciativas humanitarias, una situación que debe corregirse urgentemente.

Durante su visita a la región a principios de este año, el Papa Francisco dijo: "Hay que buscar la paz y construirla juntos a través de pequeñas acciones todos los días". Estas palabras reflejan el profundo anhelo de paz de los pueblos de Oriente Medio, y son el mensaje que el personal del JRS, sus familias y las comunidades locales desean enviar a la comunidad internacional.

Recomendaciones para la acción:
  • La comunidad internacional debe aumentar la presión sobre todas las partes para que se reanuden las negociaciones de paz y se encuentre una solución a la crisis en Siria.
  • Debe proporcionarse un mayor apoyo a los países vecinos (Jordania, Líbano, Turquía) para mejorar sus infraestructuras y atender las necesidades inmediatas con el fin de que puedan sostener la creciente carga que supone acoger a millones de refugiados.
  • Dentro de Siria, hay que brindar más ayuda a las organizaciones locales que pueden llegar hasta las comunidades afectadas por la guerra y atender a las personas necesitadas que, de no ser por dichas organizaciones, no tendrían acceso a la ayuda internacional.
  • Estados Unidos y los países europeos deben aumentar la cifra de refugiados a los que ofrecer un reasentamiento permanente, así como la cifra de aquellos a los que se ofrece protección temporal. Ambas protecciones deben ofrecerse, también a los refugiados no sirios en la región.
  • La comunidad Europea debe garantizar una vía segura a Europa a aquellos que huyen de los conflictos y buscan asilo, incluyendo el acceso adecuado a los procedimientos de asilo.
* Los nombres han sido cambiados por razones de seguridad.