via todas las campanas


Cuando tenga una casa algún día voy a guardar una habitación para el Proyecto de Bienvenida, para acoger a alguien y darle comida y acompañarle para obtener sus papeles.
París, 24 de julio de 2014 - Cuando voy a ducharme, miro mi cuerpo. Por ejemplo, aquí, esto es de un cigarrillo. Mi mano está rota. Se puede ver que utilizaron ácido para quemar el tatuaje que me hice por mi madre.

Así que, por supuesto, en Francia, cuando veo a la policía tengo miedo.

Yo era periodista en Irán. Escribía porque quería hacer de mi país un lugar mejor para mi gente, y me arrestaron por eso.

La última vez que fui a la cárcel, estaba muy asustado.

Mañana estarás colgado. Después de 10 días no sabía si era de día o de noche, porque la luz siempre estaba encendida. Las paredes, la ropa, mi plato, todo era blanco.

Hasta que un día entraron en mi celda y dijeron: "ok, mañana te vamos a ahorcar", cerraron la puerta y se fueron.

Durante la noche, pensé en mi esposa, en mi madre, en muchas cosas. Yo solo deseaba desesperadamente hablar con mi madre, pero no pude...

Y [lo único que yo sabía] era que en cinco o seis horas me iban a colgar.

Más tarde, alguien vino y me dijo, "no te vamos a ahorcar hoy; lo haremos en una semana". La angustia era inimaginable.

Me dieron un minuto de teléfono para llamar a mi padre. Él vendió la casa para pagar un soborno; fui liberado en un mes.

Huida. Una vez fuera de la cárcel, tenía que pensar qué hacer. No podía quedarme en el país. Yo había viajado a Europa antes como turista, así que decidí ir a Dinamarca a solicitar asilo. Tardé semanas en llegar a Europa en un viaje terrible: volando, caminando, cruzando montañas a caballo, y pagando a la gente a lo largo del camino.

Cuando llegué a Dinamarca a solicitar asilo, vieron mi anterior visado de turista para Francia, erróneamente me aplicaron el Reglamento de Dublín y me enviaron allí; pensaron que yo había pedido asilo en Francia, que luego fui a Dinamarca y me echaron.

Cuando llegué a Francia, me dijeron: "no, primero estuvo en Dinamarca. Vuelva allá". Les dije que no quería estar en Francia, pero que aquí estoy.

La vida sin humanidad. En mi primer día en Francia, dormí en el aeropuerto. Y después de eso en la calle. No me lo podía creer. Dormí en la calle durante un mes. Todavía estoy tratando de ordenar mis documentos y obtener la carta de mi tarjeta de identidad. Pero para mi tarjeta de identidad necesito una carta. Para mi carta, necesito un pasaporte. Para un pasaporte, tienen que pasar cuatro meses para solicitarlo.

La segunda vez que vine a Europa, pensaba que estaba yendo a un lugar donde se respetaban los derechos humanos, ya que había estado aquí antes en calidad de turista.

Pero ahora la palabra "democracia" parece un chiste. 'Libertad, justicia, humanidad' todo parece una broma de mal gusto.

Las noches eran frías, así que cogía el metro hasta la una de la madrugada. Luego tomaba el autobús hasta su última estación, a veces para dormir, a veces solo para entrar en calor. A veces me iba a dormir al aeropuerto, pero la policía me paraba. Yo les decía que era un refugiado y ellos me echaban.

A pesar de que conseguí rápidamente el estatuto de refugiado, el problema seguía siendo la falta de toda la otra documentación y de dinero. Todos los problemas de papeleo que alguien pueda tener, los tenía yo.

Le dije a los de la ONG francesa que era escritor, eso y que estaba escribiendo la historia de mi vida y pensaron que estaba trabajando, así que cerraron mi cuenta bancaria.

Empecé a enfadarme con el gobierno y las ONG que supuestamente están para ayudar. Llamé a otra ONG. Frustrado, le dije a la mujer que atendió al teléfono que me encontraba viviendo en la calle. Ella finalmente me puso en contacto con el JRS que gestionó mi estancia con una familia francesa.

Bienvenida. Durante un mes, estuve con una familia francesa en el marco del Proyecto de Bienvenida. Estaba nervioso. En Irán he invitado a mucha gente a mi casa, pero ahora estoy en Francia, con una cultura diferente. Yo no sabía qué pasaría.

Después de aquella familia, llegué a esta comunidad jesuita. Ahora todos los días doy "Gracias a Dios", porque tengo una pequeña habitación y como cada día.

Cuando tenga una casa algún día voy a guardar una habitación para el Proyecto de Bienvenida, para acoger a alguien y darle comida y acompañarle para obtener sus papeles. Esta es mi idea para el futuro, gracias al JRS. Ellos me dieron esperanza. Antes estaba en la calle y no tenía nada, pero me tendieron su mano y trataron de hacer algo por mí.

Antes, dije que no podía encontrar humanidad en este país, pero ahora todos los días crece la esperanza en mi corazón.

Benjamin, un refugiado iraní que vive en París