via todas las campanas


Los disturbios en la República Centroafricana obligaron al JRS a detener el trabajo que habían estado llevando a cabo durante años en Ouham y Haute-Kotto, dos provincias ya afectadas por conflictos anteriores. Nuestro equipo está ahora llegando hasta los desplazados en la capital, Bangui. (Servicio Jesuita a Refugiados)
Bangui, 25 de junio de 2014 – El JRS ha creado espacios seguros provisionales para los niños de un asentamiento para desplazados en la maltratada Bangui. Se contrataron maestros y se construyeron 16 aulas para clases y otras actividades a principios de febrero en un campamento en el Monasterio de Boy Rabe. Las actividades funcionarán, al menos, hasta finales de abril.

Jamás caracterizada por su estabilidad ni su buen gobierno, la República Centroafricana (RCA) se hundió aún más con la entrada en Bangui de la milicia Seleka en marzo de 2013. Los rebeldes, de mayoría musulmana, que derrocaron al presidente François Bozizé, cometieron todo tipo de abusos contra los derechos humanos, dejando un rastro de destrucción y saqueo. Su permanencia en el poder terminó cuando la milicia cristiana, la anti- Balaka, les devolvió el golpe. Desde entonces, los civiles se encuentran atrapados en esta violencia del ojo por ojo que asola todo el país.

El caos obligó al JRS a dejar los proyectos que impulsaba desde hacía años en dos provincias afectadas por conflictos anteriores. Poco después de que Bangui fuera atacada el año pasado, un equipo visitó los campamentos de desplazados y pudo distribuir alimentos. En junio, a pesar de la inseguridad, el JRS puso en marcha un proyecto en 26 escuelas para que los niños pudieran completar el curso. El gancho fueron las comidas escolares, ya que el hambre, así como el peligro, había hecho desistir a los padres de enviar a sus hijos a la escuela.

En enero de este año, el JRS comenzó a trabajar en espacios para niñas y niños en el campamento de Boy Rabe. Aunque la mayoría de los desplazados en Boy Rabe ya se han ido, en principio a sus casas, algunos padres traen a sus hijos a las clases del JRS. Hay inscritos unos 3.200 niños, pero la cifra de asistentes fluctúa debido a la inseguridad y al hambre, entre otras razones.

El JRS está realizando, también, una evaluación de las necesidades educativas en este contexto humanitario y de seguridad cambiante. En efecto, la crisis de la RCA está lejos de terminar. A mediados de marzo, unas 600.000 personas fueron desplazadas y otras 300.000 huyeron a países vecinos. Los musulmanes han sido desplazados en masa por los ataques de represalia de los anti-Balaka.

Aunque Bangui está ahora algo más tranquila, la situación en la ciudad sigue siendo volátil. El crimen va al alza y los precios de los alimentos se han disparado en medio de la escasez y una malnutrición en aumento. En todo el país la respuesta humanitaria es insuficiente a pesar de los esfuerzos sobre el terreno. Las tropas regionales y francesas de mantenimiento de la paz necesitan urgentemente refuerzos para controlar la situación. En este momento, el destino de la RCA está en la cuerda floja y muchos piensan que irá a peor y no a mejor.

Testimonios

Soy un estudiante de secundaria, fui desplazado a otra parte de Bangui. La guerra ha sido una experiencia muy traumática. Vi asesinar a machete y pistola a personas inocentes, hogares y bienes quemados y saqueados, y la dolorosa miseria en los campos de desplazados. Estaba siempre asustado por mi familia, porque estuvimos desplazados en diferentes lugares. Nosotros, los jóvenes sabemos que vivimos un momento muy delicado para el futuro de nuestro país y que los políticos nos están manipulando. Cristianos y musulmanes solían vivir en armonía antes de la infame fecha del 24 de marzo. El arzobispo y el imán de Bangui han hecho todo lo posible para que la paz pueda reinar y nos han advertido muchas veces que no nos dejemos manipular por la política y los políticos. Mi esperanza es que la paz y la seguridad vuelvan a mi país.

¡Lo que más necesito es la paz! Desde mi punto de vista como católico, mi Iglesia juega un papel importante en esta crisis al predicar la paz y disuadir a la gente, especialmente a los cristianos, de tomar las armas. La Iglesia también está predicando el perdón, la reconciliación y la tolerancia religiosa. Sin embargo, es lamentable que algunos, por intereses egoístas, estén dándole un matiz religioso al conflicto.


Vivo y trabajo en Bangui. Recientemente fui testigo de horribles y desoladoras escenas: personas apaleadas, mutiladas por machetes, tiendas saqueadas y destrucción de hogares, mujeres y niños corriendo en todas direcciones en busca de un lugar más seguro. He estado viviendo con un miedo permanente, encerrado en casa durante el día y siempre en alerta de noche por si atacaban. Monté un comité de autodefensa en mi barrio, uniendo a cristianos y musulmanes para que digan a la gente que vuelvan a casa y velen para que personas malintencionadas no se infiltren en el barrio a sembrar el desorden. Trato de mantener mi serenidad y no sucumbir al pánico.